Opinión| 10 Oct 2009 - 2:39 am

Lisandro Duque Naranjo

Lo divino y lo humano

El negocio de la sospecha

Por: Lisandro Duque Naranjo
ENRIQUE BUENAVENTURA, CADA que su mujer, la francesa Jacqueline Vidal, le insistía en que se radicaran en París, le contestaba: yo no soy capaz de vivir en un país que no esté en guerra.

Al resto de colombianos, sin darnos cuenta, nos pasa lo mismo. Nos parece, por ejemplo, apenas natural el hecho de que la guerra, a través de sus derivaciones menos extremas, haya convertido en un ritual de desconfianza cada rutina: en aeropuertos, edificios públicos y privados, embajadas, bancos, universidades, etc., pululan los porteros con la certeza de que cada maletín que entra lleva una bomba y que todo el que sale contiene un computador robado. La sospecha sistemática es el gran negocio en este país y contamina de marcialidad las esferas más inocuas. No en vano los propietarios de esas empresas de vigilancia son militares retirados que se lucran de vender zozobras imaginarias. Cuando uno, en otra parte, al llamar por teléfono no escucha a una máquina diciéndole “esta conversación será grabada por su seguridad”, y al ingresar a un inmueble no tiene que pasar por un escáner ni logra ver una cámara de video que lo fisgonea, ni debe pisar con el índice un detector de huellas, ni mirar a una cámara para la foto, ni alzar las manos como el Divino Niño y dar media vuelta para que un uniformado le recorra el cuerpo con una paleta que husmea metales, se siente extrañado e incompleto. Los colombianos ya echamos de menos los controles. A mí, por ejemplo, el álter ego delincuencial que se nos ha inducido, me ha hecho incurrir en excesos de los que confesaré dos a los lectores: una vez me demoré tres meses consiguiendo la documentación para que me dieran visa a Bolivia. Cuando llegué a La Paz, un policía de inmigración me dijo que para qué me había puesto en esas vueltas si los colombianos estábamos exentos de ese trámite.

Otra vez, en una de esas embajadas difíciles, como me dieran visa sin mirar mi cartapacio al que apenas le faltaba la partida de defunción, le insistía yo al cónsul por la ventanilla: ¿Y no va a examinar mis documentos? Las culpas inventadas terminan volviéndolo a uno ostentoso con su honradez.

Hace poco no pude utilizar en Bogotá una receta para un somnífero controlado que me dio un médico en Cali. Cuando es de otra plaza la receta, me dijo la empleada de la farmacia, hay que llevarlo a la Oficina de Estupefacientes para que verifique si el médico sí está registrado y si esa clínica sí existe. Tan pronto comprueben esos datos, con mucho gusto le vendo el medicamento. Y dónde queda eso, señorita, le pregunté, a lo que me respondió que en la Caracas con primera, sitio al que ya no alcanzaba a llegar, pues me encontraba en Chapinero y eran las 6 p.m. Miré con envidia a un cliente que compró sin misterios un Dolex, lo que se me hizo, menos que una transacción anodina, un descuido de la seguridad. Es que tantas restricciones convierten en anómalas las trivialidades y les dan a los hechos baladíes un aire de hazaña. Luego me fui a pasar la noche completa mirando para el techo. Al día siguiente me resultaba más cerca ir donde un amigo médico bogotano, de modo que me ahorré la visita a Estupefacientes a que le levantaran la extinción de dominio a mi receta.

La semana pasada me visitó un estudiante de Mérida, Venezuela, quien hace su tesis de grado sobre cine colombiano. Es un joven que por su hablado andino y tener nacionalidad y madre colombianas, se siente muy de acá, lo que no le sirvió de mucho, pues me contaba de los líos que tuvo para instalarse en un cuarto de arriendo, ya que a la dueña su hablar se le antojaba como de desmovilizado y ella no quería problemas. Tuvo entonces, para convencerla, que exagerar su venezolanidad y mostrarle el pasaporte y el carné universitario. Eso lo perjudicó más, porque la señora, en un rapto patriótico, le dijo que en ese caso utilizara el cuarto esa noche, pero que al día siguiente consiguiera dormida en otra parte. “Es que yo con Chávez pocón. Discúlpeme usted”, le dijo.

lisandroduque@hotmail.com.

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Opiniones

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Rotwailer

11 Octubre 2009 - 10:01pm
Para infortunio nuestro esta es la triste verdad, muy buena su nota que muy a pesar de su tono anecdótico describe la triste realidad de nuestro querido país.
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antonioveloz

11 Octubre 2009 - 9:32pm
ESA ES LA GUERRA, CAMBIA EL MODO DE PENSAR DE TODO UN PUEBLO, A MI PARTICULARMENTE NO ME MOLESTA CUANDO ME ESCULCAN, EN BUSCA DE ARMAS POR EJEMPLO, A LA ENTRADA DE UN ESPECTÁCULO PÚBLICO, ESO ME HACE SUPONER QUE NADIE PORTA ARMA SIN PERMISO, COSA QUE ME TRANQUILIZA UN POCO, LOS MILES DE DERECHOSOS ARMADOS Y SIN PAPELES SON MUCHOS, PERO HAY MILLONES CON PERMISO LEGAL PARA PORTAR Y MATAR, ESA ES COLOMBIA.
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Klimn

11 Octubre 2009 - 6:39pm
_______________________________________________________________ Cuando el hambre y la frustración le impidan a esta Patria Boba engullir la sarta de manipulaciones emitidas en su pobre TV criolla, el narco-paraculebrero acabará siendo linchado sin compasión... ______________________________________________________________
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sabueso

11 Octubre 2009 - 4:14pm
don lisandro verdad , que ni soy docto en economía, antropología, ecología, astronomía cibernetica o cualquier otra interesante ciencia, por ello humildemente le comento que inmensa y aleccionadora columna gracias don lisandro entre otras ójala no me tilden de antipatriota perdón anticolombiano valga la aclaración, por tan sentido comentario
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andresbaires

11 Octubre 2009 - 11:45am
Cuando yo fui a Colombia de vacaciones en julio la indagacion se inicia desde inmigración en el Dorado y termina ahí mismo pero con las preguntas al contrario: cuando llegué me preguntaron porque me había ido del pais y cuando fue la última vez que vine, hay que dar un número telefónico y una dirección, y luego hacen una dificil y facil a la vez: que personas lo conocen a usted en Colombia y digame algunas direcciones y teléfonos de sus conocidos, y entonces yo le respondí que sabia llegar a la casa de mis amigos pero no sabia las direcciones, pero afortunadamente el super agente del DAS me permitio sacar mi CP y abrir mi cuenta de Facebook y cuando vio mis amistades virtuales se sintío tranquilo porque me dijo: "HA PERO SI USTED ES AMIGO DEL PRESIDENTE OBAMA". SON GENIALES .
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Ar mareo

11 Octubre 2009 - 11:01am
Me gusto esta columna y mas despues de leer la de Daniel samper en el tiempo
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virruaco

11 Octubre 2009 - 10:10am
Ah, ah Lisandro. Hay que vivirlo para que todo sea una realidad. Casi estas palabras me suenan a un slogan que desarrollé para un hotel en el caribe colombiano: "No te lo imagines Vivelo". Fue y es un exito de mrcado. El país, de acuerdo a lo que maravillosamente describes lo estamos viviendo. Mi hijo vino de vacaciones universitarias d Mejico. Es colombiano. Ingreso al país. El día que regresaba le pidieron la cedula. Se le olvido y mostró su pasaporte para una ruta nacional y después regresar a Mejico. Miedda. Como dice Uburey. Ahí no solo fue troya sino la hecatombe que describes. Para terminar, despues de unos cuantos hijueputazos, el director seccional del Das llamó a Bogotá y alli determinaron que todo estaba en regla. Tres horas kafkianas. Uno: esperaban el pago del voleteo y todo.
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EduardoSaenz

11 Octubre 2009 - 10:05am
Vivir en un país de cafres me da asco.
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Rotwailer

11 Octubre 2009 - 10:02pm
Pues como puede ver en la nota misma hay paises en los cuales ni le piden visa. Feliz viaje.
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nihilista

11 Octubre 2009 - 9:48am
Excelente articulo! Usted ha descifrado una de las consecuencias de tantas décadas de guerra en nuestra cultura. Aparte del sindrome narco (obtener lo maximo sin que nos cueste y con el minimo esfuerzo), el sentimiento de culpa de "ser colombianos" nos persigue, no tanto porque sea cierto que seamos culpables o sospechosos de algo (aunque ya los colombianos eran narcos y cortaban miembros a punta de motosierra en "Scarface" (1983!)), sino porque no sabemos como es vivir en un pais en paz. Esa es nuestra mayor paradoja, que no sabemos ni como se come ni a qué huele la paz que tan infructuosamente buscamos. Normal, a menos de haber vivido en el extranjero, nunca hemos vivido en un pais en paz.
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Jean Jaurès

11 Octubre 2009 - 3:06am
Con la ayuda de la propaganda de la falsa media se obtiene el condicionamiento, Lisandro. Esto hace parte del rentable negocio de la guerra sin cuartel, es fruto de nuestra horrible noche. Por ello los beneficiarios de nuestra desgracia organizada, no estan dispuestos a acabar con el divino, lucrativo e inhumano business. Este si que no conoce la crisis:(
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suesse

11 Octubre 2009 - 12:01am
Si, usted bien describe un rasgo locombiano: lo anormal en digamos, un 60% de la humanidad que nos rodea, es lo más normal aqui, y es con todo: con los delitos, con la inseguridad, con la sensación de inseguridad, con la desconfianza...Y lo malo, es que mientras algunos hacen "negocios" con esas percepciones y realidades ( al igual que en USA, los de las armas), para la sociedad en su conjunto, esas anormalidades son costosísimas, imposibilitan procesos, quiebran negocios honestos, aburren y sacan corriendo gente con buenas intenciones e ideas, y hasta con recursos y ganas para apoyar o ayudar....
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Ordep Adasop

10 Octubre 2009 - 4:36pm
Me pasó igual con el cartapacho de papeles en la embajada usa: la funcionaria me pidió la cédula, consultó una base de datos y me dió la visa. Otra cosa es la raquetiada en el aeropuerto para salir hacia el norte, que contrasta con el recibimiento: el funcionario mira mi pasaporte y pone un sello que me autoriza a permanecer por seis meses (solo necesitaba seis semanas)
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