Opinión| 4 Nov 2008 - 8:03 pm
El ‘jet lag’ político
Por: Fernando Carrillo Flórez
Aunque la expresión hace parte de la jerga de los pasajeros que atraviesan meridianos, la política hoy está obligada a concebirse como el gobierno del tiempo y víctima del mismo. No sólo porque el control del tiempo es muestra clara de poder, sino porque el manejo de los tiempos en política se ha convertido en asunto esencial, dada su capacidad para explicar los conflictos en un mundo cada vez más desincronizado, donde quien pone los plazos y los ritmos es quien manda.
El filósofo español Daniel Innerarity se ha ocupado del tema como ningún otro, porque cree que la política se mueve entre los extremos de la lentitud y la prisa obsesiva. Por ello habla de la “cronopolítica” como un fenómeno que refleja las estructuras de poder de una sociedad en un ámbito de contraste entre la rapidez de los cambios sociales y la lentitud de la política. Pareciera que la política no es capaz de aguantar el ritmo del mundo globalizado y la debilidad de las instituciones políticas globales para gobernar el mundo dificulta esa sincronización de tiempos.
Todo ello significa que el mundo avanza a distintas velocidades. La política, la economía, la ciencia, la tecnología, la religión y el derecho caminan todos en diferentes tiempos. Para no hablar del desfase entre el desarrollo político y el desarrollo económico. Aun en el mismo campo, en la actual crisis, por ejemplo, la economía financiera aplastó en la carrera a la economía real y las soluciones políticas están llegando tarde o son insuficientes frente al ritmo de los fenómenos económicos. La peor parte la lleva la política, que se deja arrastrar por la economía, o los medios de comunicación. El populismo y el caudillismo hoy tan en boga, aun en Europa, son consecuencia de esa trampa mediática.
La superación del pasado, el manejo del presente y la anticipación al futuro son cualidades de un liderazgo político llamado a tener éxito. El déficit de imaginación es un pasivo mayor en política. Agendas anacrónicas, vivir en el pasado, liderazgos trasnochados, falta de visión futurista, son los defectos de alguien que no está a la altura de su tiempo. Atributos y vicios en la política tienen que ver con el tiempo. Dicen que el peor insulto que le propinó David Cameron, el joven líder del Partido Conservador inglés, a Tony Blair fue: “Usted fue el futuro en algún momento”. Sin duda, el paso del tiempo es implacable y la renovación de los liderazgos democráticos es ineludible, sana y necesaria; porque como dice un adagio también anglosajón, se tiende a ganar sólo hasta cuando se comienza a perder. Y las victorias perpetuas en política no existen.
En el caso nuestro, es bien sabido cómo la violencia ha manejado los tiempos y cómo venía decidiendo, por una u otra razón, quién debía gobernar el país en los últimos períodos presidenciales. El manejo del largo plazo por la guerrilla ha sido proporcional al manejo cortoplacista que los gobiernos le han dado al problema. Los recientes reveses han llevado a la guerrilla a reaccionar aferrada al pasado, pero en vía de ser derrotada en tiempo real.
Para llegar a la sincronización de tantos relojes que marcan horas distintas en el mundo global y local, se requiere anticiparse a lo que viene, moviendo hacia adelante las manecillas de nuestro reloj político. Quizá es hora de imaginarse qué temporales vienen para la política en Colombia. ¿Cuáles serán los factores internos y externos que definirán la campaña presidencial de 2010? ¿Qué temas determinarán dicha agenda electoral? ¿Será de nuevo la seguridad el tema esencial? ¿O será la crisis económica que golpeará con severidad durante 2009? ¿Quién pagará los costos sociales y políticos de lo que viene?
Habría que esperar para ese momento que no llegue primero el cuerpo de la maquinaria de la política y se quede atrás el alma de las ideas, como a menudo ha sucedido en nuestra historia electoral. De ser así, seguiríamos con el reloj político atrasado per saecula saeculorum.
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Fernando Carrillo Flórez
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Afortunada reflexión, señor Carillo. Esta dualidad señala un juego especular. En la Epistola del apóstol Santiago se precisa la necesidad del cuidar permenente las palabras de sabiduría, no sólo por su valor intrínseco, sino como alimento permanente de la memoria: "...el descuido de la palabra de Dios es como el hombre que al dejar de ver su mirada en el espejo, olvida pronto su rostro". La banalidad del hombre que aprende a responder (y a responder infructuosamente) de manera refleja, según el estímulo presente, evidencia aquella otra verdad que reclaman los espejos: quien pega su nariz al cristal y no toma distancia de su superficie, no tiene posibilidad de ver reflejada su propia realidad. La memoria -aunque nacida en el pasado- es ariete que disipa la fútiles apariencias.
Magnífica columna, tema bien interesante.
No creo que con falsos positivos acaben con la guerrilla.
No creo que con falsos positivos acaben con la guerrilla.
Y usted si percibe una guerrilla derrotada? yo lo que percibo es que uribe con su cacareada seguridad democrática lo que se dedicó es a fabricar guerrilleros de gente pobre para dar la idea de que hace algo, cuando hace tiempos la guerrilla le quedó grande, o si no vea, se tienen que comprar los secuestrados como en el caso de Ingrid y los 3 gringos o Lizcano se vólo, pinchao se voló Araujo se voló,, Piedad Córdoba y Hugo Chavez liberaron a varios y de resto los mismos secuestrados de hace 10 años siguen en poder de la guerrilla. Lo único es que es el gobierno más mentiroso y corrupto de toda la historia de Colombia, ah y más criminal, sanguinario y oscuro.
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