Opinión| 6 Nov 2008 - 8:15 pm
En medio
El renovador
Por: Ana María Cano Posada
Haber propuesto el cambio que necesitan y decir que sí son capaces reunió el aliento que necesitaba el país para producir un hito de elegir a un negro, proveniente de familia keniana, nacido en Honolulú, criado en Yakarta, conocedor de niño de las atrocidades de Suharto. Una vuelta de tuerca para un recalentamiento como el que ha sufrido ese reino del capitalismo ante la mayor crisis económica de los últimos 80 años y con un mandato como el de Bush llegado al hastío del error.
Lo que funciona bien en Barack Hussein Obama, más que su ideario, es su historia de vida, una biografía que parece hecha para ser contada. Un convincente esfuerzo familiar y personal por lograr un alto nivel intelectual en un hombre muy joven, cuya máxima experiencia política ha sido la de ser senador. Haber dirigido la prestigiosa publicación Harvard Law Review le da la estatura académica como para considerarlo un presidente estadounidense de categoría intelectual en un país cuya mayoría tiene una cerrazón de horizontes que no va más allá del estado en que se nace, se vive y probablemente se muere. Barack es al revés un hombre cuyos pies están en más de tres continentes.
La figura y la edad le ayudan: 47 años y una apariencia de basquetbolista que conserva su pasado de deportista. Su familia extendida incluye parientes africanos, asiáticos, americanos y europeos. Mezcla de religiones islamistas, protestantes, católicas y de ateos. Graduado en la Universidad de Columbia y en Harvard. Experto en manejar reuniones en las que es capaz de repetir las ideas dichas, de mejor forma y produciendo acuerdos o debates con gran precisión. A quienes no hablan, él pregunta sus opiniones. Opta por la práctica y la aplicación a la hora de teorizar. La tarea de dejar de fumar se la impuso públicamente en su campaña como otro desafío que asumía. Los periodistas que habían detectado hacía más de tres años su indudable diferenciación de los otros políticos, seguían con interés sus movimientos. Sin duda hizo una de las campañas más caras, estudiadas e impecables que ningún candidato haya hecho: basada en conceptos simples que se ajustan al título del libro que escribió: La audacia de la esperanza. Podría tacharse de cándida su convicción de poder hacer historia, pero él es ante todo un pragmático.
La renovación de decorado que implica un personaje de estas características, hace sacudir a los medios para sacar total partido de un producto hecho a la medida. Recuerda lo que significó como personaje John F. Kennedy, su figura, su familia, su esposa, sus hijos y su capacidad para atraer la atención sobre los Estados Unidos. En este caso lo que más seduce de todo cuanto mostró Obama en sus debates y apariciones públicas es el de un ser no crispado. Alguien dispuesto a atender y entender. Ahí está su enorme potencial, que será probado con creces por la circunstancia en la que entra a ser el presidente electo de los Estados Unidos más renovador en su personalidad, en su condición, al que podrán encomendarle errores nuevos. La prueba ácida a la que está sometido Obama a partir de enero 2009 servirá al resto del mundo para recomponer su insorteable relación con los Estados Unidos que está tan maltrecha. Y a lo mejor algo cambie. Si somos capaces…
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Ana María Cano Posada
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Contrdictor, sera que nuesro fenómeno político del siglo XXI es el señor de las sombras, si es así yo me quedo con el concejal embolador
El fenòmeno polìtico del Siglo XX en los Estados Unidos fue Jhon Fitzguerald Kennedy y en el XXI Barack Hussein Obama.
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