Opinión| 28 Nov 2008 - 9:06 pm
Itinerario
La morada carmesí
Por: Diana Castro Benetti
Según el yoga, swadhistana es el albor de las adolescencias y la rendija al mundo, es una guarida en la que nunca reina la calma sino que gobiernan los vaivenes de lo que somos. Observarse desde swadhistana, es reconocerse fútil, cambiante, en movimiento, indeciso, apasionado y tan lleno de presiones que surgen los temores, las angustias, las crisis y los rechazos. Es un presente continuo de insatisfacciones, carencias, apegos y confusiones imparables.
Este segundo vértice es el mundo que llevamos dentro, con sus dolores y sufrimientos, con su pasado, con su memoria y su rabia milenaria. Es, sobre todo, el placer a escondidas, en un sex shop, sin pudores y con arrebatos, con transacciones, ventas y negociaciones. Es la atracción que urge el encuentro con otro, sin muros ni barreras; es cualquier necesidad y toda adición. En esta habitación se abren los sentidos pero nunca se encuentra lo que se desea y se aprende, con sangre, que hasta la saciedad es una farsa.
En la senda del yoga, permanecer en el carmesí del segundo centro es una esclavitud y un límite porque, en esta cueva interna, vive una joya preciosa inusitada, distinta, alegre y coqueta que nos hace vitales y nos otorga sentido. Morada de la creatividad, el segundo chakra es la posibilidad de cambiar de rumbo y abrir las ventanas para rendirse al vacío de la aventura; es despercudir lo evidente para vestirse de extrañezas; es cocinar con néctares de invisibilidad que devuelvan la pasión a sus escondites y abran los espacios de telas, objetos y colores. Infinitud y caverna, recorrer las vértebras cercanas al cóccix es penetrar en la oscuridad de sí mismo para escaparse con la curiosidad del olor y del tacto.
El loto de seis pétalos es, a la vez, el dolor hecho piedra y la belleza infinita de las mil posibilidades. Coloreado de escarlata, este lugar propio silba de gozo, pero su suelo es misterioso océano que tiene, como único acertijo de su secreto, una llave en forma de luna creciente. ¿Cómo negarse a recorrer su sendero?
-
Diana Castro Benetti
Opiniones
Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.
Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí
Por qué miles de personas nadan en la plata y ni en mil vidas podrían gastar lo que tienen y en cambio otras tienen que dormir en una acera? Eso de nnguna manera por donde se le mire es justo. Algunos dirán que la vida no es justa, y por qué no es justa? acaso porque los que nadan en la plata se creen mesias?
Hermosísima columna¡¡¡¡ Pero es que uno para poder vislumbrar todo eso necesita no tener hambre, ni frio, ni tener que pensar que está en la bancarrota y sufrir indeciblemente en como conseguir la comida para uno y para sus seres queridos. Es que todas las personas del universo tenemos derecho a disfrutar de la vida, no a tenerla que mendigar.
Publicidad
Publicidad
-
Nuestra edición impresa
Suscribase aquí
Suscríbase
y conozca todos los beneficios.












