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Francisco Meza, con alma de campeón

El defensor central del cuadro cardenal sueña con un título internacional. El deseo de ganar se lo heredó a su padre Omer, excampeón nacional de boxeo en la década de los 80.

Luis Guillermo Montenegro
29 de octubre de 2015 - 10:46 a. m.
Francisco Meza, jugador de Independiente Santa Fe. / Cristian Garavito - El Espectador
Francisco Meza, jugador de Independiente Santa Fe. / Cristian Garavito - El Espectador

A cada entrenamiento, Omer Meza llevaba a sus dos hijos para que lo acompañaran y se enamoraran del boxeo. Mientras que él se subía a un ring a saltar lazo, darle puñetazos a una pera o a una tula, Francisco y Homer se sentaban en unas sillas y lo veían a la distancia. Realmente ese deporte no los motivaba mucho y aunque en algunas ocasiones se animaron a ponerse los guantes para jugar entre ellos, lo que realmente los motivaba a acompañar a su padre era el helado que se comían al final de cada sesión. Por lo general llegaba un heladero a ofrecer sus productos y Omer, con el fin de que sus pequeños estuvieran felices, les daba una paleta a cada uno.

Omer fue campeón nacional en este deporte en 1980 y 1982, sin embargo, se retiró a los 25 años porque se desilusionó al darse cuenta de la cantidad de corrupción e intereses que se movían tras bambalinas y por eso colgó los guantes. De hecho, en su única pelea internacional, la cual se disputó en Panamá, perdió y esa misma noche decidió no volver a subirse a un cuadrilátero. Mientras que su hijo Francisco comenzaba sus sueño de ser futbolista, él decidió convertirse en entrenador de boxeo, para con eso llevarle alimento a su familia, por cierto muy humilde, pero a la que nunca le hizo falta nada.

En el barrio La Alboraya de Barranquilla creció Pacho, quien comenzó a jugar fútbol en la escuelita Niños Unidos. Flaquito, con una altura promedio, pero con mucha velocidad, el barranquillero comenzó a dejar su huella. Siempre jugó en la posición de defensa centra y ni en Tiburones, ni en Real Caribe, sus otros equipos de infancia, intentaron ponerlo en otro lugar del campo. Las grandes carreras de Iván Ramiro Córdoba, quien por esos días ya se destacaba con la camiseta de la selección colombiana, fueron las que motivaron a Francisco a seguir y nunca desistir en su idea de vivir del fútbol.

La presión para él llegó cuando se dio cuenta de que el futuro de su familia dependía de él. Su padre Omer ya no entrenaba a jóvenes boxeadores, sino que se dedicaba a masajear a futbolistas aficionados de Barranquilla, claramente sus ganancias eran menores, pero en ese momento Pacho ya se encontraba en Bogotá, a donde había llegado a probar suerte. Eso fue en 2009, justo en el año en el que Independiente Santa Fe había logrado volver a ganar un título tras más de 30 años sin alzar un trofeo.

De alguna manera, a este defensor costeño le ha tocado vivir una época en la que el cuadro rojo ha dado un salto de calidad y se ha acostumbrado a pelear títulos, jugar torneos internacionales y dar vueltas olímpicas. Inicialmente fue cedido al Girardot, equipo de la B, en el que lo dirigió Wilson Gutiérrez y comenzó a destacarse. Luego, en 2011, cuando el entrenador de Santa Fe era Arturo Boyacá y el asistente Gutiérrez, Pacho debutó como profesional en la A. Fue justamente con el DT Wilson que el costeño logró consolidarse en la titular y ser campeón. En 2012 estuvo en la séptima estrella, título que llegó después de 37 años de sequías y además desde ese día ha estado presente en los otros tres títulos del equipo (Dos Superligas y Liga de 2014-2).

El éxito ha llegado a él, económicamente se ha vuelto en el soporte de su familia, es uno de los referentes de uno de los grandes del país y con su talento ahora es fijo en las convocatorias de la selección colombiana de fútbol. Pero sus sueños no paran ahí. Además de querer un título internacional con Santa Fe en esta temporada, su gran deseo es jugar en Europa, como lo hizo Iván Ramiro Córdoba, su gran referente e ídolo.

Este jueves (7:00, por Fox Sports) Santa Fe, con Francisco Meza como títular, buscará ratificar el excelente resultado (triunfo 1-0) que consiguió en Argentina ante Independiente de Avellaneda y así lograr el paso a la semifinal de la Copa Sudamericana. Ya clasificó a la final de la Copa Águila y lucha por lograr el cupo en los ocho mejores de la Liga Águila. Un semestre de ensueño para la hinchada cardenal.

 

Por Luis Guillermo Montenegro

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