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En el tintero están TransMilenio III, el metro y ahora, habría que agregarle a este menú el Tren de Cercanías. El jueves, en el Concejo de Bogotá, el gobernador Andrés González explicó los alcances del proyecto que pretende construir un tren regional que atraviese la sabana de Cundinamarca para articular la capital con sus poblaciones aledañas (Zipaquirá, Tocancipá, Chía, Facatativá). El proyecto, según González, es una de las herramientas para crear una “archípolis”, es decir, una poderosa ciudad-región integrada. El planteamiento del gobernador parte de la necesidad de densificar los focos urbanos (poblaciones aledañas) para evitar un crecimiento desordenado que termine por convertir a Bogotá en una enorme ciudad al estilo de Ciudad de México.
Por otra parte, surgieron voces disidentes; el concejal Carlos Vicente de Roux expresó su total rechazo al proyecto del gobernador argumentando que el costo del tren es muy alto frente al beneficio que brindaría. Según el concejal, costaría la mitad de lo que costaron las dos primeras etapas del Transmilenio y movería, tan sólo, la quinta parte de pasajeros, y agregó que el tren sería una estrategia inútil para controlar el crecimiento desordenado de la ciudad, ya que los territorios contiguos a los corredores viales se valorizarían e impulsarían un sinnúmero de proyectos urbanísticos que terminarían por destruir las zonas vitales del ecosistema de la sabana y a su vez, se convertirían en arterias por las cuales se derramaría la población como una mancha de aceite.