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Seguramente ni el propio Jeff Koons se imaginó que sus primeros pasos como artista, imitando las pinturas clásicas del taller de decoración de su padre, lo llevarían a convertirse hoy en uno de los artistas más cotizados del planeta.
En 2007, su obra Hanging Heart, vendida en Sotherby´s por 23 millones de dólares, se convirtió en una de las piezas de arte más costosa realizada por un artista vivo. Y este año, otra de sus esculturas, Ballon Flower, fue vendida por la casa de subastas Christie’s, en Londres, por la jugosa suma de 25.7 millones de dólares.
El arte de Koons siempre ha dado de qué hablar. Desde que sus inmensas esculturas, realizadas en madera, vidrio, mármol y acero inoxidable, se posicionaron entre las más costosas dentro del mercado del arte, críticos e historiadores aseguran que sus obras son de mal gusto, que su trabajo es demasiado kitsch y ordinario, y que el único propósito del artista americano es producir y vender a precios exorbitantes.
Una langosta gigante en acero y aluminio, un conejo inflable, la cabeza de un perro cubierta de flores, entre otras, hacen parte de sus más grandes extravagancias. (No hay que olvidar las controversiales fotografías eróticas que expuso junto a su ex esposa la actriz italiana porno Cicciolina, años antes de que ella misma secuestrara al hijo de ambos y se lo llevara a Italia).
En París, desde hace varios días Jeff Koons ha invadido revistas y periódicos con motivo de su primera retrospectiva en El Castillo de Versalles, uno de los lugares más representativos del patrimonio francés. La controvertida propuesta, idea de Jean-Jacques Aillagon, antiguo ministro de la cultura y actual presidente del castillo, tiene indignado a un gran número de intelectuales y conservadores franceses quienes consideran la muestra un atentando contra la cultura y el patrimonio francés.
“No estoy en contra del arte contemporáneo, pero sí me sorprende que su arte intervenga un lugar mágico como Versalles”, aseguró Edouard de Royère, presidente de la Fundación de Patrimonio en entrevista con Le Figaro la semana pasada. Otras de las críticas van directamente contra Aillagon, nombrado presidente de Versalles por Francois Pinault, uno de los principales coleccionadores del arte de Koons.
“Contre nature”
El Castillo de Versalles construido por Luis XIII, padre de Luis XIV, como “un pequeño castillo a las afueras de la ciudad y destinado para la caza y el descanso”, es uno de los símbolos de grandeza, prestigio y poder de la Francia del siglo XVII.
Hoy, cuatro siglos después, las esculturas de Koons seguirán los pasos de los antiguos reyes de Francia, expuestas en los apartamentos oficiales del rey Sol y de la reina. El famoso ‘Rabbit’, una de sus obras maestras, adornará el Salón de la Abundancia, habitación que anteriormente se utilizaba para guardar objetos curiosos e insólitos. En el antiguo cuarto de la Reina se expondrá la obra ‘Large vase of flowers’, en homenaje a María Antonieta, y otra de sus más grandes obras, ‘Moon’, acompañará la recién remodelada Galería de los Espejos.
“Las piezas escogidas son testigo del conjunto de la carrera del artista de los años ochenta hasta hoy. Cada escultura fue escogida junto con el artista en relación con la decoración, la arquitectura y la función del más prestigioso exponente del patrimonio nacional. Este momento único busca antes que nada suscitar la reflexión sobre la contemporaneidad de nuestros monumentos y la necesidad indispensable de la creación de nuestros tiempos. Confiar en uno de los mejores artistas de nuestros tiempos para revelar otro Versalles, un Versalles de hoy”, aseguran Elena Geuna y Laurent Le Bon, curadores de la exposición.
A pesar de que Jeff Koons nunca hubiera oído hablar de Luis XVI cuando era niño, siempre tuvo gran interés y respeto por la cultura francesa.
La confrontación entre el patrimonio histórico y el arte contemporáneo en París ha suscitado grandes críticas e interrogantes entre los parisinos. Galeristas, curadores, intelectuales, estudiantes de arte y miles de curiosos esperan ansiosos la apertura de esta exposición que, sin lugar a dudas, sorprenderá a los franceses más conservadores y tradicionalistas, quienes hasta hoy añoran con nostalgia los años del esplendor cultural francés hace ya más de 400 años.