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¡Me quedo esta Navidad en Bogotá porque quiero!

Eva Rey, una de las presentadoras españolas más reconocidas de las secciones de entretenimiento en la televisión colombiana, decidió quedarse en la ciudad de Bogotá para disfrutar las ventajas que tiene por esta época una ciudad con mejor movilidad y con todas las posibilidades de una metrópoli cosmopolita.

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Eva Rey / Especial para El Espectador
23 de diciembre de 2008 - 11:00 p. m.
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Por estos días uno no para de escuchar las conversaciones de la gente sobre sus vacaciones navideñas. Unos se van para Miami, otros para Nueva York, están los que prefieren Europa como destino, Madrid, París, Londres, en fin, que parece que todo el mundo quiere huir de Bogotá en estas fechas. Y es que muchos dicen que en diciembre el frío de la capital es inaguantable y que la lluvia es muy desagradable, claro, es que el invierno de Europa es mucho más suave... Lo que hay que escuchar...

Otros aseguran que Bogotá se vuelve intransitable, tanto en coche como a pie. Obvio, es que en Miami, en esta época, el tráfico es mucho más suave... y casi no hay gente, además... Lo que hay que escuchar...

Y están quienes aseguran que lo que pasa es que en Navidad en Bogotá no se puede conseguir una mesa en un restaurante ni reservando... Claro, es que los restaurantes de Nueva York están medio vacíos en estas fechas... Lo que hay que escuchar...

En fin. Es precisamente por todo esto que yo me quedo en Bogotá. Y es que no hay mejor plan que levantarse y encontrar la ciudad medio vacía, coger el coche e irse para Usaquén, al mercado de las pulgas a mirar algún antojito de última hora, pasear por el Parque de la 93, que es uno de los más bonitos en cuanto a iluminación navideña y, cuando ya empecemos a sentir el hormigueo del hambre, irnos a la Tiendita del Café, que queda ahí mismo en el parque, donde venden el mejor zumo de lulo de Bogotá y calman el hambre inmediatamente con unas empanaditas de carne para chuparse los dedos. Eso sí, no se los chupen ni se llenen demasiado porque hay que dejar espacio para el magnífico ajiaco que allí sirven.

Después toca el obligado café, en alguno de los Juan Valdez de la ciudad y que cualquier colombiano echa de menos así esté en el Starbucks de Madrid o Londres... Y es que vaya lattes tan malos... Y caros... No señores, el café del burrito y el señor del sombrerito es el mejor del mundo, como reza su eslogan y de ahí ya estamos listos para ir de compras. Y es que centros comerciales es lo que sobra en Bogotá.


El Andino, El Retiro, Hacienda Santa Bárbara y Unicentro no dejan indiferente a nadie y menos al extranjero que puede encontrar todas las marcas: desde Hugo Boss y Carolina Herrera, pasando por Zara y Mango hasta lo más autóctono y artesanal de los grandes diseñadores colombianos.

Ya con el armario lleno de las maravillas que hemos comprado, obviamente mucho más barato que en Europa, llegó la hora de tomar energías, y nada mejor para ello que con uno de los apple martini de Pravda en la calle 82. Eso sí, sólo uno para poder disfrutar de una buena cena en La Brasserie, donde se saborea un pulpo con patatas exquisito y unas croquetas de cangrejo que no se pueden describir. Todo con el mejor y más eficiente servicio... Pobres los que estén en Madrid, aguantándose las groserías del camarero...

Y para rematar la noche en Bogotá, si quieren salsa se les recomienda Galería Café Libro en la 93, pero si quieren más variedad, Chacha les tiene lo mejor de la música colombiana y electrónica y, todo, desde el piso 40, con una vista increíble de Bogotá. Y para los más aventureros, pueden rematar en Gotica después de las 3 a.m... Lo mejor y lo peor de los rumberos bogotanos se los encontrarán allá... Y la rumba, como no, regada con un buen whisky, por botella, no como en Europa que va por copas, y es que a uno no le venden la botella allá, fuera de eso mezclada con Coca Cola y que cuesta a cada copa un ojo de la cara.

No señores, me volví colombiana... Yo me quedo en Bogotá...

Por Eva Rey / Especial para El Espectador

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