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Internacional| 20 Jun 2009 - 8:00 pm
Entrevista con Jon Lee Anderson
“Debería juzgarse a Bush ”
Por: Laura García / Especial para El Espectador
Foto: Herminso Ruiz
En el Festival Malpensante 2009, Jon Lee Anderson hablará sobre cubrimiento de conflictos armados.Jon Lee Anderson reportea: desde el corazón de la guerra o el corazón de algún personaje importante de la historia moderna. Jon Lee Anderson se enfrenta a las dificultades de su oficio: desde ser tomado como rehén en un enfrentamiento bélico, hasta el recelo de un dictador a conceder entrevistas. A pocos días de presentarse en el Festival Malpensante y aún trabajando en una crónica sobre García Lorca, Jon Lee Anderson conversó en exclusiva con El Espectador.
¿Cuál fue la primera vez que se vio en el corazón de una guerra o conflicto escribiendo una crónica y cuál es el recuerdo más impresionante de ese momento?
Guatemala, 1982, durante la dictadura anticomunista del general Efraín Ríos Montt, quien estaba librando una campaña de exterminio de la población indígena rural, entre quienes la guerrilla se había asentado. Lo que más recuerdo es el terror que se marcaba en los rostros de los campesinos y el odio y sadismo en la cara de los militares. Había un pueblo en donde un letrero en plena plaza decía: “En las guerras hay vencedores y perdedores. Sólo los vencedores merecen vivir”.
¿Cómo era el ambiente en el país en medio de ese conflicto?
Visité un pueblo en la remota provincia de Huehuetenango. Ahí reinaba un joven oficial, un machote que quería impresionar. Cuando me vio, insistió en que pasara la noche en su cuartel. Me preguntó si me gustaba la carne. Cuando asentí, me llevó a la calle y pidió que le trajeran una vaca. Cuando la tuvo al frente ordenó a uno de sus soldados que la mataran con su fusil. La vaca cayó botando chorros de sangre. Era como una ejecución llena de violencia. Luego nos la comimos.
¿Qué opina del papel de EE.UU. en las guerras de Irak y Afganistán?
En una palabra: calamitosa. Si eran guerras “necesarias”, históricamente hablando, entonces también era necesario librarlas bien. EE.UU. derrochó miles de millones de dólares que no tenía, (prestando incluso a los chinos) para pelear unas guerras a distancia, a través del mercado, es decir, “privatizándolas”, entregando grandes aspectos de su implementación y su política a empresas privadas o “contratistas”, en muchos casos, con consecuencias desastrosas. Y ni hablar de las pérdidas humanas.
¿Qué hacer para librar la lucha contra el terrorismo?
Ojo: yo estoy totalmente de acuerdo con perseguir y ojalá aniquilar a Al Qaeda. Pero hay que hacerlo bien e intentar no crear más enemigos en la batalla. Durante ocho largos y penosos años, Bush hizo todo lo contrario. Su mandato fue catastrófico. A Obama le toca salvar la situación. Una tarea nada fácil.
Usted se involucra profundamente con las circunstancias difíciles y las personas más afectadas que componen el contexto de sus crónicas, ¿cómo afecta esto la construcción de una crónica?
Creo que uno tiene que hacer el esfuerzo de ser objetivo como reportero. Tiene que tener ecuanimidad y justicia en la elaboración de la crónica, pero, obviamente, hay situaciones en las que es moralmente obligatorio conmover a los lectores. ¿De qué serviría, por ejemplo, que yo escribiera una crónica de un bombardeo en que murieron civiles sin hacer que los lectores, de alguna manera, compartan esa experiencia?
¿Un cronista debe conmover el espíritu de sus lectores?
Yo no quiero, en ciertos casos, simplemente informar y/o entretener: repetir la noticia; para eso están los altavoces. Yo quiero que los lectores sientan, huelan, y ojalá hasta se sientan atormentados por lo que sintió la gente en un bombardeo. Y si es que yo estuve ahí, intentar, en mi prosa, revivirlo y poner al lector justo a mi lado. Creo que quizás hoy en día esa necesidad recayó más que nunca en los escritores, ya que todo el mundo —por internet y la televisión— tiene la noción, bastante falsa, de saberlo, conocerlo y haberlo visto todo. ¡Y no han sentido nada!
¿Ha sentido miedo en las zonas de conflicto en donde ha trabajado? ¿En qué momento sintió más temor?
Por supuesto, más veces de las que puedo recordar. ¿Acaso no siente uno miedo cuando está a punto de morir? Cuando me agarraron unos militantes de la Yihad Islámica en Gaza y me utilizaron como escudo humano en el techo de una mezquita durante un enfrentamiento con soldados israelíes. Luego, mis captores me querían apedrear hasta la muerte, y alguien me salvó la vida cuando todos ya tenían piedras en la mano. Es una historia larga y complicada. Durante varias horas padecí el terror de un rehén al que quieren matar.
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