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Como dicen ustedes, los colombianos, fue crónica de una victoria anunciada, pero no por eso menos histórica. Tal y como indicaban todas las encuestas tomadas en las últimas semanas antes de las elecciones norteamericanas, Barack Obama obtuvo una victoria abrumadora sobre John McCain. Como en todo cambio político, hubo algunos factores que empujaron y otros que jalaron hacía un resultado contundente.
El empujón fue claramente impulsado por un rechazo profundo del presidente Bush, nerviosismo causado por la crisis económica que enfrenta el país y disgusto por la presencia militar en Irak y Afganistán. Pero los factores que jalaron fueron igual de importantes. El cambio generacional, el presidente como producto de una cultura multicultural y multiétnica, el proselitismo de Obama para una política “postmoderna” —despreciando los enfrentamientos paralizadores entre la derecha e izquierda de la política norteamericana— y su personalidad ecuánime y reflexiva fueron poderosos atractivos después de ocho años de pugnas, división y tensiones creadas por una Casa Blanca que expresaba hacia el mundo más sus miedos que sus esperanzas.
La victoria fue producto de su éxito de unir a una coalición de votantes deseosos de un cambio que Obama predicó durante dos años de campaña. El candidato demócrata logró aglutinar un 43% del voto blanco, 95% del voto afroamericano, 66% del voto hispano y una mayoría de los votantes residentes en los grandes suburbios del país.
Este último segmento de votantes fue una pieza clave en la victoria del presidente Bush en el 2000 y 2004. Esta coalición logró volcar a favor de Obama estados de la unión americana que por décadas se habían vuelto sinónimos del Partido Republicano. Entre ellos los estados de Virginia, Indiana y Carolina del Norte, que desde el 1964 no habían apoyado a un candidato presidencial demócrata.
Con la elección a un lado, la pregunta ahora es cómo gobernará Obama y qué giro tomaran sus políticas. La campaña de Obama se enfocó fuertemente en la retórica, pero no así en la sustancia. La falta de aterrizaje se vio particularmente aguda en el tema de política exterior, el cual no figuró prominentemente en una campaña volcada hacía temas económicos.
Mucha duda existe sobre cómo enfrentará el nuevo joven presidente los retos en América Latina, una región a la cual Obama nunca ha visitado y que no tuvo una presencia significativa en su campaña, más allá de una que otra declaración prefabricada sobre Chávez, Castro y su oposición al tratado de libre comercio entre los Estados Unidos y Colombia.
Si, para nosotros los yanquis latinoamericanistas, el único criterio para sufragar hubiera sido cuál de los dos candidatos tenía mejores políticas hacia los países vecinos americanos del austro, hubiera ganado abrumadoramente el senador McCain. Pero los estadounidenses votaron instintivamente por quien era mejor para el mundo, la humanidad y la paz, haciendo una apuesta que al final de cuentas nuestra querida América Latina no era una isla sino parte del planeta.
Obama prometió un estilo distinto en cuanto a su política internacional. En primera instancia, Obama es menos polarizante en cuanto a su visión del mundo, reflejado en su personalidad cautelosa y deliberativa. En la Casa Blanca de Bush dominaba una visión blanca y negra, ejemplificada por su famosa frase del “eje del mal”. Obama dejó en claro durante su campaña su deseo de dialogar con aquellos países con quien Estados Unidos ha tenido relaciones frágiles como Irán y Venezuela.
En Latinoamérica esto podría traducirse en un esfuerzo por limar las asperezas no sólo con Chávez, sino con otros países andinos que han caído bajo el “eje chavista” como Ecuador y Bolivia. Muchos conservadores acusarán a Obama de intentar apaciguar el enemigo; pero es posible que esa nueva política servirá para desinflar la ola antiestadounidense que hoy reina en el continente.
En lo que a Colombia se refiere la presidencia de Obama promete un cambio de prioridades en la relación bilateral. Bajo Obama el enfoque de la relación bilateral cambiará a estar más centrado en temas de Derechos Humanos y menos en los temas de seguridad.
También aquí tendrá impacto un Congreso demócrata que ve con ojos de desconfianza al gobierno del presidente Uribe. Irónicamente, Obama podría tener más éxito en sacar un voto positivo en el Congreso para el TLC.
Un escenario posible pudiera ser la aprobación del TLC si se negocian acuerdos adicionales sobre la protección a los sindicatos en Colombia y otros temas sociales. Esto le daría a Obama munición para cubrirse de ataques y le permitiría enviar una clara señal al mundo de que apoya el intercambio comercial.
Pero aunque el estilo de enfrentar los retos será distinto, la realidad es que como ha sucedido con Bush, Latinoamérica no será una prioridad en la política exterior de la nueva administración. La atención del flamante gobierno americano estará volcada hacia la presencia militar en Irak y Afganistán, en reparar las relaciones transatlánticas con los aliados europeos y en políticas para sobrepasar la crisis financiera que ata a E.U. y Europa.
Quizá lo más importante para recordar en cuanto al próximo gobierno de Obama, es que históricamente las políticas exteriores en Estados Unidos toman tiempo para cambiar. Un cambio súbito en la política internacional no es realista especialmente cuando se trata de un presidente que tiene que comprobar su conocimiento en temas internacionales.
En ese sentido, en los primeros meses, Obama podrá parecerse más a Bush que al cambio que prometió.
Peter Schechter*
Es asesor internacional en comunicaciones y política. Fundó en Washington CLS, la compañía de consultoría que trabaja con políticos, multinacionales y organismos multilaterales en el mundo entero.
Ha sido el consejero de comunicaciones de diferentes campañas presidenciales. Ha trabajado con las Naciones Unidas, el Banco Mundial y la Organización Mundial de la Salud. En Colombia asesoró a los ex presidentes Virgilio Barco, César Gaviria, Ernesto Samper y al actual mandatario.
También ha escrito novelas.