Opinión| 10 Mayo 2008 - 5:17 pm
El hombre de la calle
Del Linotipo a la Banda Ancha
Por: José Salgar
Esta semana ha sido noticia la reaparición de “El Espectador” como diario, lo cual es apenas natural, porque había tardado demasiado. Fue apresurado reducir a semanario una historia tan brillante con una línea muy alta de vocería de la opinión pública y la palabra libre. Por eso era unánime el deseo de volver a un diario tan cercano a todos los aspectos de la vida colombiana por más de un siglo.
Soy el más emocionado con el regreso al diario, por ser sobreviviente de varios de sus cierres temporales, con reapariciones de éxito. Al revisar libros viejos encontré que hace treinta años hubo una gran crisis de papel que obligó a la clausura de publicaciones en otros países y a pronosticar la muerte de la letra de imprenta. En aquella ocasión, en un seminario periodístico latinoamericano en México me atreví a hacer esta premonición: “Bendita sea la crisis del papel si permite que en el futuro los periódicos sean más pequeños y mejores”.
También he recordado estos días esos años cuarentas ,en que caí muy joven a ese fogón del mejor periodismo de la época, gracias a una rara habilidad: escribir a máquina con rapidez y con los diez dedos. Fue casual, porque a una prima le regalaron la máquina, me enseñó y cuando eso lo descubrió el gran Jefe de Redacción que era Alberto Galindo, me matriculó en todos los cursos de la Escuela Remington Camargo, abierta por unas parientes del presidente Alberto Lleras Camargo. Mis primeros trofeos en el oficio no fueron por el periodismo sino por la mecanografía y la prueba máxima fue sacar en limpio y aprender los grandes editoriales, para la edición de los primeros 50 años.
La sala de redacción de aquellos días era pequeña pero muy intensa. Faltaban diez años para el 9 de abril y nuestro contertulio de la oficina del frente era Jorge Eliécer Gaitán. Faltaban 15 años para que llegara a esa sala un joven de Aracataca que quería aprender periodismo porque estaba ansioso por inyectarle literatura costeña a la frialdad cachaca. Y faltaban 70 años para que terminara uno de tantos cierres temporales del diario y volviera, con tamaño un poco más pequeño, a ser lo que fue siempre para unos cuantos miles de fieles lectores: el preferido para leer todos los días.
Un lugar común es decir que “esta es la peor crisis de nuestra historia”. Toda crisis, por grave que sea, termina volviéndose pedazos y dando buen material para hacer mejores periódicos. En aquellos años acababa de pasar la guerra entre Colombia y el Perú, en la que el alto comisionado para hacer la paz de Río fue nuestro director, don Luis Cano. Había guerra en el Chaco, entre Bolivia y Paraguay. Comenzaban a surgir Hitler, Mussolini y Franco y vendrían en seguida las guerras mundiales con todo y bomba atómica. En Colombia siempre ha habido guerra y la de turno era entre rojos y azules. Y siempre los periodistas han estado en el frente de batalla, llegando hasta el martirio como el de Guillermo Cano.
Si en ese ambiente y con el plomo como materia prima para rotativas y linotipos, surgió un periodismo de gran significación, lo mismo puede esperarse de la juventud de este naciente Siglo XXI. La banda ancha, la Internet, el chat, el facebook, los milagrosos celulares, la multimedia, son hoy lo que hace 70 años fueron los linotipos, el correo, el marconi, el telégrafo y la televisión sin color. A este nuevo mundo digitalizado y globalizado llega hoy el periódico que tuvo un breve descanso como semanario pero siempre con respeto a las órdenes de ética, liberalismo y paz que dejó el fundador Fidel Cano.
COLETILLA. Es una renovación del objetivo de seguir siendo el más antiguo y el más moderno diario de Colombia.
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José Salgar
Opiniones
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