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Cartas de los lectores

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Cartas de los lectores
21 de noviembre de 2007 - 03:41 p. m.
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¿Quién le teme a Renson Said?

En la edición del 11 al 17 de noviembre de El Espectador, me enteré de una viva polémica en Cúcuta, entre un crítico literario (Renson Said) y un abogado (¿poeta?) llamado Pablo Chacón Medina. No conozco a ninguno de los dos. En el artículo de El Espectador, firmado por Enrique Rivas, se dice que: "una jueza de Cúcuta se apresta a resolver si el crítico literario del periódico ‘La Opinión', Renson Said Sepúlveda Vergara, injurió y calumnió al abogado Pablo Chacón Medina, una de las personalidades intelectuales de la capital de Norte de Santander, al señalar que no es poeta ni sus calidades estéticas lo ameritan".

Traté de conseguir el texto original de Said sobre los poemas de Chacón, y a su vez, los escritos estéticos de éste para formarme mi propia opinión, sin éxito, pues en internet lo único que aparece sobre los dos es lo siguiente:

Sobre Said: conferencia de Said sobre García Márquez en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Cúcuta; poema "Tricolor" en la revista ‘Casa de Poesía Silva'; conferencia sobre la revista ‘Mito'.

Sobre Chacón: artículo "¿Agradece Uribe la gestión de Chávez?"; proposición a favor de un presbítero: "eminente orador sagrado, excelso y prolífico escritor, investigador incansable, conversador inigualable y ameno, entre otros atributos que adornan su personalidad" (lo dijo Chacón, en compañía de otros "doctores", sobre un joven presbítero, que tampoco conozco).

A lo mejor esto era lo que esperaba (y espera) Chacón de un crítico literario. Es posible que su ego "simulador y vanidoso" (cito a Said a propósito) necesite de este tipo de adulaciones fatuas. Si Said lo llamó: "mediocre, incapaz intelectualmente y analfabeto", Chacón no tiene sino que demostrar con obras (literarias), no con piezas (jurídicas), que no lo es. Si se arriesga, puede que no sólo Said sino muchos más lo llamemos de nuevo: "mediocre, incapaz intelectualmente o analfabeto". O quizá los adornos de su personalidad nos maravillen y lo llamemos: "orador sagrado, excelso y prolífico escritor, investigador incansable, conversador inigualable y ameno". Qué más da.

Más allá de los escritos de Chacón o Said, lo que está en juego para nosotros es la libertad de pensamiento y de expresión. Es cómico que el abogado Chacón demande a un crítico literario por sentirse afectado en su "salud sicofísica". ¿Se imaginan a los impresionistas franceses demandando a los salones de exposición por no haber incluido sus pinturas en ellos? ¿Dedicando su tiempo, su energía y su creatividad a toda suerte de artimañas legales? Quizá no hubieran pintado más.

Cuántos poetas, de haber seguido la idea de Chacón, hubieran dejado de lado sus obras por ir a los tribunales a buscar a los jueces, en vez de buscar ser leídos (y apreciados o no) por lectores anónimos. Tomemos sólo un caso. El genial Artaud, que ve varias veces rechazada su colección de poemas por la ‘Nouvelle Revue Francaise' y que lo único que ve publicado es el intercambio de cartas con el director de la revista. ¿Acaso se le ocurrió a él, o a cualquier artista que tenga un mínimo sentido del "gusto" y de "entereza estética", demandar a alguien por no ser publicado o leído? Por otra parte, ¿qué puede decir un juez, por experto que sea en cualquier especialidad del derecho, sobre el arte? Y finalmente, ¿a quién le importa lo que digan abogados o jueces sobre el arte?

No es, sin embargo, la primera vez que episodios así se presentan en Colombia. Recuerdo, por ejemplo, en la época de la I Regeneración, ciento veinte años antes de ésta, cómo Núñez, Caro y su sanedrín de inquisidores, presbíteros y gramáticos persiguieron y desterraron a Vargas Vila y a Juan de Dios Uribe, por escribir panfletos políticos, y sobre todo por ridiculizar las supuestas "gestas" poéticas del dictador Núñez, y su famoso poema: ‘Que sais-je?' (¿Qué se yo?).

A quienes defendemos la libertad de expresión y la cultura, debe tenernos sin cuidado que se trate de una "personalidad" o no, el que demande a un periodista por manifestar sus opiniones. Que siga entonces el curso del ‘Affaire Said'. A diferencia de Enrique Rivas, considero que este no es un tema menor y que, si bien no puede compararse a las atrocidades que leemos todos los días (y a las que no se cuentan) en los procesos de "parapolítica", en la defensa de Said se juega lo poco que tenemos como democracia (a pesar de lo que piense la revista ‘The Economist').

Pedro Ecudriñez. Bogotá.

Despaginado

Me gusta leer El Espectador, que recibo desde hace dos años. Le tomé cariño. Lo disfruto y saboreo su contenido. Me emociono recibiéndolo el sábado por la tarde y a veces lo guardo hasta el domingo por la mañana. Pero renegué del periódico en su última edición, del 10 al 17 de noviembre, que trajo varias páginas recortadas verticalmente a la mitad. ¿Cómo disfrutar esa cosa que no puedo leer con los dos brazos extendidos, armoniosos, ordenados? ¿Cómo pasar a la siguiente página si ni siquiera puedo dominar la primera? No puedo leer El Espectador así porque me siento incapaz, torpe y sometido por la asimetría. Por favor, vuelvan a las ediciones de páginas completas.

Carlos Valencia. Bogotá.

* * *

Mi lectura dominical es El Espectador, a lo cual dedico el día, pero hoy francamente se convirtió en todo un ejercicio de paciencia con el desencuaderne constante debido a unas paginitas que salieron incompletas. Es posiblemente una táctica publicitaria, pero muy aburridora. Ahora no estoy seguro de si alcancé a leer todo el periódico o se me escondieron artículos en el desencuaderne.

Moisés Díaz. Pereira.

Felicitación

Ante todo quiero felicitarlos por tan claros comentarios acerca de la situación de nuestro país, y sobre todo en política, donde han demostrado su imparcialidad y certeza para tener informado al pueblo colombiano y al mundo. Gracias a esta gran empresa que son ustedes, hoy podemos contar con una información clara, oportuna y veraz.

Efraín A. Daza Garcés. Bogotá

Hacía falta

Hacía falta alguien como Ernesto Yamhure en el diario El Espectador (aunque fuese para contrarrestar a Felipe Zuleta). Tiene una gran precisión conceptual, una envidiable capacidad de síntesis, un sentido de la justicia y un valor cívico que valerosamente se aúnan para refutar las falacias, embustes y sofismas que muchos presentan en los medios.

Como ciudadano veterano me permito darle un consejo: que continúe su campaña de limpieza moral de alto nivel, pero por favor trate de no tomar riesgos al personalizar demasiado, porque en este país tenemos mucha gente vengativa y peligrosa.

Carlos García-Reyes. Bogotá.

Metro y fallas

En principio la muy interesante propuesta del alcalde electo de Bogotá, Samuel Moreno, acerca de construir un metro en la capital, parece viable. No obstante, me asalta y me atemoriza una inquietud. Por mucho tiempo y en diversos escenarios he escuchado afirmar a geólogos y autoridades en el tema sísmico que la ciudad de Bogotá se encuentra catalogada en un riesgo sísmico medio-alto, debido a su cercanía con fallas como las de Romeral, Salinas, Suárez y la Llanera. ¿Estará contemplado este riesgo dentro del estudio de viabilidad técnica? ¿No se convertirían los pasos subterráneos en potenciales trampas mortales? Sería supremamente importante escuchar un pronunciamiento en el tema de Ingeominas, del US. Geological Survey y de las principales autoridades nacionales y mundiales en el tema, ya que son las vidas de siete millones de bogotanos las que se pondrían en juego.

Ivanov Russi Urbano. Tuluá.

La lógica de la hecatombe

El Presidente plantea su reelección si hay hecatombe; debería ser al contrario: reelección si no hay hecatombe... ¿La razón? Si se presenta una hecatombe (¿política?, ¿económica?, ¿de orden público?) es porque el país se le salió de las manos al Presidente y mal podría ser reelegido en esas circunstancias.

Fernando Martínez. Bogotá.

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