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Ucrania se ha crecido tras la agresión en su contra

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24 de febrero de 2023 - 02:00 a. m.
Es urgente que se llegue a la paz en esta guerra ocasionada por Rusia y la única forma de lograrlo es el retiro inmediato del agresor.
Es urgente que se llegue a la paz en esta guerra ocasionada por Rusia y la única forma de lograrlo es el retiro inmediato del agresor.
Foto: EFE - TOMS KALNINS
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Hace un año que Ucrania, una nación soberana, fue invadida por tropas rusas en una abierta violación a las normas mínimas de la convivencia internacional. Han sido 12 meses en los cuales la destrucción y la muerte causadas por las tropas de Vladimir Putin no han podido doblegar a un presidente, Volodímir Zelenski, y un pueblo que han hecho respetar su condición de república independiente que defiende su integridad territorial. Es urgente que se llegue a la paz en esta guerra ocasionada por Rusia y la única forma de lograrlo es el retiro inmediato del agresor, a pesar de que Moscú insiste en su absurda prolongación.

Ninguna justificación se puede tener en cuenta frente a un hecho de fuerza como el que Putin inició en Europa central en febrero del año pasado. El autócrata ruso actuó de forma equivocada al creer que esta iba a ser una operación militar de pocos días, lo que le permitiría ocupar todo el territorio del país vecino e incorporarlo a Rusia, o mantenerlo como un país títere, de manera similar a lo que hace con otros en la región. La férrea reacción de Zelenski, su ejército, el apoyo popular y —muy importante— la solidaridad y ayuda internacional, en especial de los países de la OTAN, se han convertido en el principal obstáculo frente a la megalomanía de Putin.

Hoy en día, a pesar de la creciente presión rusa, Ucrania ha logrado recuperar buena parte del territorio perdido en los primeros meses de la guerra. Su presidente considera que si recibe de inmediato el apoyo de Occidente en aviones de combate, especialmente de Estados Unidos, sumados a los tanques y misiles que ya le han autorizado, logrará que las tropas rusas abandonen los territorios ocupados ilegalmente en la zona del Dombás. Frente a esta situación, se ha planteado un aparente dilema entre quienes consideran que aumentar el envío de armas a la región solo prolongará el conflicto y, en el peor de los casos, propiciará una guerra nuclear, como en varias ocasiones ha amenazado Moscú si se continúa con el apoyo a Kiev. Dentro de este grupo, como ya lo hemos mencionado, hay personas que con toda seguridad, de buena fe, creen que la neutralidad es una forma válida de contribuir a la terminación de la guerra. De otro lado, se contrapone el argumento de quienes creen que la única forma de lograr la paz es con el respeto por la soberanía de un Estado independiente de acuerdo con lo previsto por los instrumentos internacionales que así lo garantizan. La ONU, la Corte Internacional de Justicia, la Corte Penal Internacional, la OEA y otras organizaciones regionales, así como entidades defensoras de los DD. HH., han expresado su condena a Rusia, denunciado los crímenes de guerra cometidos en territorio ucraniano y exigido que Putin no solo cese todo acto de hostilidad en el país vecino, sino su retiro sin dilación de allí. Asegurar la soberanía territorial y la autonomía nacional han sido los principales presupuestos sobre los cuales se ha basado la titánica tarea emprendida por el presidente Volodímir Zelenski. Sin su compromiso personal difícilmente se hubiera logrado frenar la deriva expansionista y autoritaria de Vladimir Putin. La reciente y sorpresiva visita del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, a Kiev —así como a Polonia, el otro país que siente la amenaza de Moscú— demuestra que no se puede ceder ante la amenaza rusa.

En este momento, cuando se ha mencionado la posibilidad de que China envíe armas y apoyo a Rusia, debe primar la lógica según la cual la nueva lucha que se libra en el mundo no es de tinte ideológico —es decir, de izquierdas contra derechas—, sino de las democracias contra los regímenes autoritarios. En septiembre de 1939 el mundo libre decidió acompañar a Polonia en su defensa frente a la Alemania hitleriana. En este momento, cuando se revive la historia, no se puede olvidar el pasado so pena —como en la frase de Santayana— de repetirla.

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