Buen Viaje |28 Sep 2009 - 10:33 pm

Iguazú, una verdadera y gran aventura

Es innegable, la región que une a tres países: Argentina, Brasil y Paraguay, es reconocida por el mundo como una de las más hermosas. Sí, se trata de esta maravilla natural en el Cono Sur.
‘La Garganta del Diablo’ La principal atracción, la más mencionada, ‘La Garganta del Diablo’, hace que sus visitantes reconozcan la inmensa divinidad del romance que vive cada gota de agua con las rocas.

Desde que se baja del avión que viene procedente de Buenos Aires y va hasta Puerto Iguazú, en la región de Misiones se siente la espectacularidad del sitio. A tan sólo metros del terminal aéreo, las emociones se disparan. ¡Qué lugar más raro!, esa es una de las exclamaciones más comunes entre los visitantes.

En ese punto, de una forma muy a priori, se puede anticipar la aventura que se aproxima. Lo primero que causa sobresalto es simplemente su tierra. Es roja, sí, roja; cosa más inaudita se puede ver en estos bellos paisajes. El azufre de la selva ha hecho que el escarlata predomine por las principales calles, pero todo de forma natural.

De pronto el coche se acerca cada vez más a un punto en el cual se puede ingresar a territorio de espesos bosques. Con esto se percibe que hay muchas cosas por descubrir.

Lo primero, al entrar a ‘La Aldea de la Selva’, es reconocer que el lugar es preciso para alejarse de la cotidianidad. Cabañas, en medio de la selva, con un estilo rústico pero cómodo, sirven para descansar de la ‘selva de cemento’ que se sufre en las grandes metrópolis.

Ahí se puede explorar la hermosa fauna, pero sin que ello impida ahondar en proteger y conservar la frondosidad de ésta.

El recorrido lleva al viajero a un punto desde el cual la agitación del corazón sube al trepar cerca de 15 metros para intentar un rapel. El descenso, emocionante y seguro, comprueba que la excitación no era sólo para el arribo a la región.

Tras bajar, falta llegar a unos 200 metros para ahora subirse a la tarabita. Son cerca de 20 metros los que de nuevo hay que escalar. Desde ahí se recorren dos kilómetros, comprobando que los paisajes se ven más hermosos por los aires.

Un poco más adelante las sensaciones vuelven a bajar, ahora por cuenta de que el recorrido se trasladó al ‘Hotel Panoramic’. Este confortable sitio permite ver el ‘coqueteo’ que viven los ríos Paraná e Iguazú. Los colores, los olores y todo el misterio que encierran los dos afluentes se pueden explorar con la llegada al hermoso puerto.

Tras tanto ajetreo se hace necesario tomar un pequeño descanso. Qué mejor oportunidad para hacerlo que en el ‘Iguazú Grand Hotel’. Ahí se puede llegar directo a un spa, o a un rato de piscina, o si el plan es de juego, al casino. Tantos escenarios que son imposibles de recorrer y disfrutar en un solo día.

A la mañana siguiente, cuando se acerca tal vez lo mejor de este territorio, basta simplemente con acudir a los servicios del ‘Hotel Saint George’ para deleitarse con lo mejor del menú para recargar la energía y tomar un nuevo rumbo.

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