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En el amanecer el agua del río Meta se convierte en un reflejo de todo lo que pasa en el cielo. Si la mañana es rosada el Meta parece cubierto por un papel tornasol y si el día empieza nublado apenas algunas siluetas se distinguen en su superficie. Sucede algo parecido con el comportamiento que tienen las tortugas charapas con la luna: cuando está en menguante las hembras suben a las playas para anidar, y en las noches oscuras los tortuguillos salen de sus nidos hacia el río para evitar ser depredados.
Por tener sólo una temporada de postura durante todo el año, desde finales de diciembre hasta que termina abril, las charapas se han convertido en un blanco fácil para que los humanos las consuman, pues, como bien dice Jesús Antonio Arciniegas, habitante del corregimiento de Nueva Antioquia, en el llano es tradición comer uno que otro huevo de tortuga para ocasiones especiales, como un cumpleaños.
Así, perseguidas por los zorros y los gabanes cuando están en tierra y recibidas por los glotones peces cuando entran al río, las tortugas charapas se han convertido en una especie amenazada. Por esto la Fundación Omacha, dentro del proyecto Vida Silvestre liderado por WCS y Ecopetrol, ha liberado este mes más de 10.000 tortuguillos (entre los que se encuentra una albina) a las orillas del río Meta, en la frontera entre Vichada y Arauca.
Biólogos y ecólogos que hacen parte del equipo llegaron a esta zona en enero para hacer seguimiento a las hembras que subían a las playas a anidar. Con las personas de la comunidad de La Virgen, en el municipio de Cravo Norte (Arauca), y Nueva Antioquia (Vichada) se llegó al acuerdo de que serían diez las playas protegidas en una extensión del río de alrededor de 15 km. “Hicimos una cartografía social donde ellos mismos expusieron cuáles eran los lugares donde la tortuga pone más y señalaron las playas de El Control, El Caimán y la Belleza”, afirma Sindy Martínez, coordinadora del proyecto de tortugas de Omacha.
Se fueron con deseos al río
Cuando se ve la escena desde la arena resulta paradójico ver las pesadas botas de los soldados detrás de los diminutos tortuguillos que corren enérgicamente, en contra de su tamaño, para llegar al río Meta. A la liberación de 500 de estos animales el jueves en La Belleza y 1.000 el viernes en El Control fueron invitados líderes de las comunidades, niños, familias, profesores, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Aéreas.
“Esto nos permite mostrarle a la comunidad en qué consiste el trabajo y derribar muchos mitos, porque como existe cierta movilidad de los huevos se pueden generar malos entendidos. Aquí la gente ve que las tortugas del río Meta se quedan en el río Meta”, afirma Diana Jiménez de WCS como explicación del proceso pedagógico que se busca hacer con las comunidades.
La idea es que con cada tortuga que se sumerge en el río vaya un deseo, por eso se les dice a los niños que nombren a su tortuga y en voz alta le anhelen una buena vida. Al río Meta entran corriendo Esteban y Antonieta, a quien se le pide que “tenga muchos nieticos”, y otras que los siguen para que lleguen a los 25 años, edad de una buena hembra ponedora. Sin embargo, la probabilidad no es alta y sólo una en mil llegará a ser adulta.
Por esto el proyecto, más que liberar los tortuguillos, busca concientizar a las comunidades sobre la importancia de la charapa. Para Jorge Díaz Sambrano, a quien todo el mundo llama don Carlos, esto “es una vaina muy buena porque es para tratar de proteger animales que están muy agotados ya”. Nacido en Puerto Carreño pero acostumbrado a navegar en bongo las curvas del río Meta, don Carlos ha colaborado con la liberación de tortuguillos desde hace tres años, “para ver si mañana o pasado mañana los hijos puedan conocer la tortuga”.
Igual sucede con Benigno Ojeda Riveros, presidente de la Junta de Acción Comunal de Nueva Antioquia, quien afirma que las charapas “hay que protegerlas hoy para que en un mañana no les tengamos que contar la historia de cómo era una tortuga a nuestros nietos”.
Por eso se espera que los deseos enviados con los tortuguillos al río Meta se conviertan en una realidad para 2017, año en el que el proyecto terminará.