Arman el rompecabezas de los ecosistemas del mundo
Un grupo de investigadores de varios países, entre los que está Colombia, propone, en un artículo publicado en la prestigiosa revista Nature, un lenguaje común que permita armonizar el tipo de ecosistemas de la Tierra.
Lisbeth Fog*
Si se protegen los ecosistemas, se conserva su biodiversidad. Y si se tiene en cuenta que dos de los desafíos más apremiantes de la humanidad para su supervivencia son el cambio climático y la pérdida de poblaciones —fauna, flora, microorganismos—, pararles bolas a los ecosistemas es imperativo. Muchos países tienen sus mapas, pero los ecosistemas no conocen de límites geográficos así que, si dos países comparten uno, la responsabilidad es de ambos. (Lea Depresión tropical probablemente se formará en el Caribe este fin de semana)
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Si se protegen los ecosistemas, se conserva su biodiversidad. Y si se tiene en cuenta que dos de los desafíos más apremiantes de la humanidad para su supervivencia son el cambio climático y la pérdida de poblaciones —fauna, flora, microorganismos—, pararles bolas a los ecosistemas es imperativo. Muchos países tienen sus mapas, pero los ecosistemas no conocen de límites geográficos así que, si dos países comparten uno, la responsabilidad es de ambos. (Lea Depresión tropical probablemente se formará en el Caribe este fin de semana)
Desde hace unos cinco años un grupo mundial de científicos se dedicó a armar el rompecabezas. ¿Cómo clasificar y hacer un mapa de los ecosistemas del globo terráqueo que pueda ser adoptado por consenso? (Lea “En Santurbán no puede haber explotación minera”: Gustavo Petro)
“La idea de hacer una Tipología Global de Ecosistemas surgió en el contexto de uno de los comités directivos de la Comisión de Gestión de Ecosistemas (CGE) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN)”, explicó Ángela Andrade, de Conservación Internacional Colombia y presidenta mundial de dicha Comisión. “Fue en el 2017, ante la necesidad de tener un sistema global de clasificación basado en la funcionalidad de los ecosistemas. Un sistema unificado de referencia global”.
Liderada por investigadores de la Universidad de South Wales en Sydney, entre ellos el profesor australiano David Keith, la revista científica Nature acaba de publicar una propuesta que busca homologar los criterios para lograrlo.
“Es importante clasificar los ecosistemas para tener un entendimiento común de los diferentes tipos, así como de sus nombres”, dice Keith. También “para poder identificar aquellos con valores sustanciales y los que tienen alto riesgo de colapso para priorizar las acciones de conservación”.
Partiendo de la premisa de “vivir en armonía con la naturaleza”, el grupo de más de cien investigadores expertos en ecosistemas de todo el mundo acordó clasificarlos de acuerdo con su función, con la biodiversidad que albergan y con los cambios en su composición y estructura después de una perturbación, de origen natural o antrópico.
Los detalles de la propuesta
Como en cascada, el grupo de investigadores organizó la tipología en tres niveles superiores identificando cinco reinos, 25 biomas y 110 grupos de ecosistemas funcionales, y los tres niveles siguientes —Subgrupos de ecosistemas regionales, Tipos de ecosistemas globales y Subglobales—, en cuya composición se asemejan.
Clasificar ecosistemas no es una tarea nueva. Lo novedoso es tratar de unificar criterios para lograr que las piezas casen. Así, los científicos, reunidos bajo la sombrilla de la CGE de la UICN, PLUS Alliance - Universidad Estatal de Arizona y Kings College de Londres, definieron seis criterios para tipificar los ecosistemas, aunque tenían la seguridad de que algunos de ellos compartían algunos componentes, así que para llegar a los 110 Grupos de Ecosistemas Funcionales fue necesario en algunos casos combinar dos de ellos (agua dulce y terrestre) como los pantanos permanentes, e incluso tres de ellos (Marino, agua dulce, terrestre), como los deltas de los ríos costeros.
La clave de esta tipología, y lo que la diferencia de las 23 que existen, dice el artículo, es la naturaleza dinámica de los ecosistemas y su dependencia en los procesos ecológicos: “Ver los ecosistemas de la Tierra a través de una lente funcional dinámica, en lugar de a través de la lente biogeográfica o biofísica, permitirá tener una base más potente y directa para abordar el doble objetivo de conservación de la biodiversidad y mantenimiento de los servicios ecosistémicos”. Además, dijo Keith, “una clasificación de ecosistemas basada en propiedades funcionales nos ayudará a hacer generalizaciones sobre la mejor manera de gestionarlos y conservarlos”.
Destacó que los ecosistemas de agua dulce y los bosques templados están entre los más degradados y menos protegidos de la tierra. “Cuando se tiene en cuenta que estos ecosistemas producen muchos servicios que son esenciales para la supervivencia humana, queda claro que requieren una atención de conservación urgente”.
No fue fácil llegar a consensos. Luego de revisión de literatura y discusión de la evidencia disponible, esta tipología irá depurándose. “Es posible que se requieran ajustes en el futuro a medida que aprendemos más sobre los tipos de ecosistemas poco conocidos”, continúa Keith.
A pesar de considerar entre los grandes reinos el atmosférico y el subterráneo, destaca que se trata de sistemas de los que poco se sabe, e invita a los colegas a estudiarlos. Entre ellos las fosas oceánicas profundas, los montes submarinos, los lagos bajo las capas de hielo o los ecosistemas microscópicos dentro de las rocas.
La tipología incluye no solo la gama completa de ecosistemas naturales y seminaturales, aquellos que sustentan una mayor diversidad de vida, incluido más del 90 % de las especies amenazadas, y brindan una mayor variedad de servicios ecosistémicos para el bienestar y los medios de subsistencia humanos. También contempla diferentes tipos de ecosistemas artificiales, creados y mantenidos por humanos que, según Keith representan alrededor del 10% de todos los tipos de ecosistemas, “pero se están expandiendo a expensas de los ecosistemas naturales y ahora cubren más del 30% de la superficie terrestre del mundo”.
La vida en los ecosistemas
El Fondo Mundial para la Naturaleza, (WWF) acaba de informar que entre 1970 y 2018 la fauna silvestre disminuyó un 69% en todo el mundo, pero en América Latina y el Caribe la situación es más preocupante: la cifra es de 94%. El llamado del Índice Planeta Vivo no es apocalíptico, pero dice por ejemplo que “la evolución de las especies de agua dulce analizadas también está cayendo en picado (83%)”. ¿Qué está pasando en esos ecosistemas?
El profesor javeriano Andrés Etter, quien ha trabajado en la identificación de la Lista Roja de Ecosistemas de Colombia y fue uno de los coautores de la publicación en Nature explicó que por el hecho de tener un enfoque funcional, “lo que estos ecosistemas recogen finalmente son, además de las especies, sus interacciones”. Considera entonces que es un indicador mucho más rápido y directo, “porque ya cuando uno se da cuenta que una especie se extinguió han pasado demasiadas cosas antes; es una herramienta para poder entender los cambios globales de una manera mucho más comprensiva, una herramienta de gestión muy importante”.
El profesor Keith lo secunda: “Los esfuerzos en la conservación de la biodiversidad se han centrado en gran medida a nivel de especie, porque se ve que es más tangible, pero un enfoque más amplio tanto en los ecosistemas como en las especies tiene más probabilidades de tener éxito en la conservación de todas las plantas y animales, así como de los elementos esenciales servicios que la naturaleza proporciona a las personas”.
Ahora, a convencer a todos
Como la 15ª Conferencia de las Partes (COP15) del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) que tendrá lugar en Montreal en menos de dos meses deberá decidir sobre una agenda para la conservación de los ecosistemas para 2030 y 2050, “trabajaremos con los formuladores de políticas en esa reunión para apoyar objetivos de conservación de ecosistemas internacionales fuertes y científicamente rigurosos”, adelanta Keith.
Ángela Andrade, co-autora de la publicación, considera esta tipología como “un gran avance para la gestión sostenible de los ecosistemas del mundo. Permitirá un progreso real en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la Contabilidad Ambiental de las Naciones Unidas, y debería ayudar a colocar los ecosistemas a la vanguardia de la agenda post-2020 para la conservación de la diversidad biológica en Montreal”.
Esta tipología, concluye el estudio, hace posible que los tomadores de decisiones prioricen, implementen y midan acciones de conservación para expandir áreas protegidas, establecer conectividad, sostener y gestionar los ecosistemas, identificar su nivel de riesgo al colapso y prevenir la extinción de especies.
*Pesquisa – U. Javeriana
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