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Esta primavera, China comenzará el despliegue de drones voladores para transportar plántulas sobre extensas dunas, mientras máquinas inteligentes excavan y plantan árboles con precisión en el borde del desierto de Mu Us, en el norte, avanzando en la construcción de su “Gran Muralla Verde”.
“Estos robots sólo necesitan cinco segundos para plantar una plántula en el desierto”, dijo Gao Fei, trabajador de Jintaiming Technology Group, con sede en la Región Autónoma de Mongolia Interior, al norte de China, a la agencia estatal de ese país, Xinhua. La “Gran Muralla Verde” es un ambicioso proyecto de reforestación de China que busca frenar la desertificación y restaurar ecosistemas degradados mediante la plantación masiva de árboles. Comenzó en 1978 y también se conoce como el programa de Cinturón Protector Forestal de los Tres Nortes, en la parte de los Tres Nortes de China (Noreste de China, Norte de China y Noroeste de China).
El objetivo clave de este programa es mejorar la cobertura forestal en la China árida y semiárida del 5% al 15% utilizando este programa como el método principal para combatir la desertificación y controlar las tormentas de polvo. Es decir, el país espera triplicar la cobertura forestal en sus regiones áridas y semiáridas, utilizando la reforestación masiva como su principal estrategia para frenar la expansión del desierto de Gobi. De acuerdo con el plan maestro del gobierno chino, el programa finalizará en 2050. El proyecto se llevará a cabo en tres etapas (1978-2000, 2001-2020 y 2021-2050) siguiendo ocho cronogramas de ingeniería.
Sin embargo, el proyecto chino no ha estado exento de críticas. Los expertos dicen que plantas más árboles puede empeorar la crisis hídrica de China, ya que más árboles necesitan más agua para crecer, justamente en una zona donde las precipitaciones y el acceso al agua son limitadas. Además, el desierto de Mu Us, donde China está llevando a cabo el proyecto de reforestación, se encuentra cerca del tramo Hetao del río Amarillo, en la región autónoma de Mongolia Interior. El tramo Hetao es una de las principales áreas de irrigación del río Amarillo, el segundo más largo de China, y ha sido históricamente una zona agrícola clave.
Aunque el avance de la muralla verde ha logrado disminuir la erosión del suelo y la sedimentación en el río Amarillo, el caudal ha bajado de manera alarmante. Durante la década de 2000-2010, el caudal promedio anual fue solo el 60% del nivel registrado entre 1950 y 1999, afectando la disponibilidad de agua en la región.
El río Amarillo es vital para la seguridad alimentaria de China, ya que el 80% del agua extraída en su cuenca es utilizada para la agricultura. La reducción del caudal puede generar problemas de producción agrícola y afectar el suministro de alimentos en un país con una demanda creciente, advertía en una columna publicada en The Conversation en 2017, Kai Schwärzel, fefe de Gestión del Suelo y el Uso de la Tierra de la Universidad de las Naciones Unidas
Además, el éxito del programa de forestación también ha tenido consecuencias no previstas, decía Schwärzel. La cobertura forestal en la meseta de Loess aumentó del 6% en 1949 al 26% en 2010, pero estos bosques nuevos consumen más agua que otras coberturas terrestres, lo que agrava la escasez de recursos hídricos en el norte de China. Muchos de estos bosques crecen lentamente debido a la falta de agua, son vulnerables a enfermedades y tienen una vegetación inestable.
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