Piense en reptiles y anfibios la próxima vez que se tome una taza de café colombiano
Un estudio revela que los sistemas cafeteros de nuestro país tienen la capacidad para albergar un número significativo de especies de reptiles y anfibios. ¿Cómo conservar la biodiversidad y producir café al tiempo?
Fernan Fortich
En Colombia hay 850 mil hectáreas de cultivo de café, uno de los productos por los que el país es reconocido mundialmente. Sin embargo, cuando nos servimos un tinto, pocas veces pensamos en la diversidad de especies que puede haber en los espacios donde se siembra. Por eso, un grupo de investigadores se dio a la tarea de estudiar la relación de aquellos cultivos con dos grupos de animales vertebrados por los que el país también ha adquirido fama en el planeta: los anfibios y los reptiles.
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En Colombia hay 850 mil hectáreas de cultivo de café, uno de los productos por los que el país es reconocido mundialmente. Sin embargo, cuando nos servimos un tinto, pocas veces pensamos en la diversidad de especies que puede haber en los espacios donde se siembra. Por eso, un grupo de investigadores se dio a la tarea de estudiar la relación de aquellos cultivos con dos grupos de animales vertebrados por los que el país también ha adquirido fama en el planeta: los anfibios y los reptiles.
Lo que querían saber, para decirlo en términos sencillos, era entender qué estaba pasando con estas especies en medio de sistemas cafeteros que, según cifras oficiales, suman casi 850 mil hectáreas del territorio nacional. La investigación, contó con el apoyo del grupo de Herpetología de la Universidad Nacional y fue publicada en la revista Perspectives in Ecology and Conservation.
Su estudio se centró en el Cerro de Quininí —que significa en muisca Montaña sagrada de la Luna— una reserva forestal de más de 1.900 hectáreas, de las cuales, según cifras de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), el 90 % son propiedad privada con más de 242 hectáreas de cultivos de café que corresponden a cerca del 13,2 %.
“En la reserva, se encuentran más de 200 familias dedicadas a la producción de café, con algunos cultivos que datan de más de un siglo. A pesar de experimentar altibajos, especialmente durante las crisis cafeteras, esta actividad representa tanto un legado cultural como una herencia arraigada. Cambiar repentinamente a otros cultivos u otras actividades resulta, en pocas palabras, una tarea difícil”, explica Juan Camilo Bernal, un productor local que también participa en el estudio de reptiles y anfibios. “No obstante, nuestra principal vocación siempre ha sido preservar nuestro territorio, tanto nuestras costumbres como los ecosistemas y la biodiversidad que lo caracterizan”.
Como lo explican los investigadores, en esta zona del país hay una relación bastante particular con estas especies. “Uno siempre que va al monte la gente cuenta historias de los ‘bichos’; que si uno mata a una culebra, tiene que colgar las dos partes separadas porque si no entonces se vuelven a pegar y lo persiguen a uno, o que cuando esta rana canta entonces llama la lluvia”, cuenta Juan Camilo Ríos-Orjuela, uno de los autores del estudio.
Esta relación de las comunidades, sugiere Ríos-Orjuela, no es casualidad, pues el país es el segundo país con mayor diversidad de anfibios y el tercero en reptiles. En esta zona en particular, se tienen identificadas 29 especies de anfibios y 88 de reptiles, de las cuales, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), hay 11 y 3, respectivamente, que están amenazadas.
El papel de la sombra y la hojarasca
Los sistemas agrícolas son unas de las formas en las que la humanidad ha transformado los ecosistemas, y por ende las características del ambiente de las que dependen cientos de especies. No obstante, una de las conclusiones del estudio es que, los cafetales ofrecen ciertas condiciones que les permiten a ciertas especies subsistir.
Para llegar a esta conclusión, con la colaboración de la comunidad y con un ejercicio de ciencia ciudadana, el equipo de investigadores comparó el número de especies anfibios y de reptiles que se observaron en entorno con diferentes niveles de intervención: bosques con poca intervención, vegetación secundaria (bosque no regenerado), cafetales, pastizales y zonas urbanas. En particular se realizaron estudios en las fincas de las familias Bernal y Castillo Urrego.
“Lo que nos sorprendió es que los cafetales albergan más fauna en anfibios y reptiles de lo que nosotros esperábamos, porque es un ambiente muy transformado y lo que esperábamos es que hubiese pocas especies, pero la verdad es que a los anfibios y reptiles parece les que les va mucho mejor en cafetales que, por ejemplo, en pastizales abiertos o en pastos arbolados, llegando a ser algo parecido como una vegetación secundaria”, indica Ríos-Orjuela, uno de los autores del estudio.
Estas conclusiones sugieren los investigadores, tienen que ver con dos factores: la sombra, que ha sido asociadas con la biodiversidad de aves y otras especies en cultivos de café, al proveer resguardo del sol, humedad y, en general, diferentes capas de vegetación.
Este último factor, en el país se encuentra en riesgo, en los últimos años, los agroecosistemas cafeteros han pasado de cultivos bajo la sombra de árboles nativos o cultivados (“cultivos bajo sombra”) a cultivos intensivos sin sombra alguna (“cultivos sin sombra”), al presentar un mejor rendimiento, pero también una mayor demanda de insumos y fertilizantes.
Otro aspecto clave es la hojarasca húmeda, que son las hojas y otro tipo de vegetación que cae al piso. Estos microhábitats parecen ser claves en la conservación de las especies de anfibios y de réptiles.
“Puede parecer algo bobo, e incluso de mal manejo, tener cultivos con una capa de hojas en el suelo, pero si lo piensas bien, por ejemplo, los anfibios que tienen una piel lisa, sin escamas, son muy dependientes del agua, son muy débiles ante la sequía”, precisa Ríos-Orjuela. “Tener una capa de hojarasca húmeda, lo que hace es mantener una serie de parámetros de temperatura, posibilidades de encontrar agua y es, además, un ecosistema en donde vive un montón de comida, un montón de insectos, lombrices, cosas que están ahí. Entonces, literalmente esa capa de hojarasca puede ser el paraíso para varias especies de anfibios y reptiles porque ahí encuentran refugio”.
Los resultados del estudio, como lo indican los autores, tienen sus límites. De hecho, este diario consulto a varios expertos sobre el tema que indicaron que existen dudas sobre la forma en la que se hizo el muestreo, pues especie detectadas en un entorno pueden estarlo transitoriamente y no de manera permanente. Aun así, se espera que en los próximos meses se replique este estudio en otras zonas del país.
“Hay que ser muy claros en algo y es que un sistema intervenido jamás puede remplazar un ecosistema natural. Pero, ante la posibilidad cada vez menor de tener más áreas protegidas en el país, es muy positivo mirar como sistemas menos agresivos nos pueden ayudar a conservar”, explica Daniel Osorio, experto en herpetología y docente de biología de la Universidad Javeriana de Cali. “Muchos estudios demuestran que los cultivos de café y cacao se prestan para manejos sostenibles de la biodiversidad y todo esto ayuda a completar ese rompecabezas”.
La complejidad de la biodiversidad
Aunque estos resultados pueden generar esperanza, los investigadores del estudio señalan que están examinando detenidamente qué tipo de biodiversidad realmente logra sobrevivir en estos cafetales. En un próximo estudio que se publicará en los próximos meses, han descubierto preliminarmente que, si bien los cafetales conservan un número significativo de especies, se trata de un número limitado que no asegura la estabilidad de los ecosistemas.
“Si bien algunos organismos tienen la plasticidad, es decir flexibilidad, para adaptarse a ciertos entornos, no se logra sostener a toda la biodiversidad de estos ecosistemas”, comenta Osorio, de la U. Javeriana de Cali.
Aun así, la información del estudio ha contribuido a los planes de manejo en la zona de reserva forestal, lo cuales ya fueron incorporados en los planes municipales de Tibacuy (Cundinamarca).
“Esta información ha sido importante para la comunidad, pues en ciertas fincas, por los bajos precios del café se han tornado hacia la ganadería o la instalación de potreros, por lo que el respaldo científico, que se hizo con la comunidad, nos alienta a seguir con nuestros sistemas de café”, concluye Juan Camilo Bernal, productor local. “Nuestro eslogan como comunidad es conservando, produciendo, y esta ventana que se ha abierto de la mano de la ciencia que ha impulsado en este proceso”.
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