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Ya habíamos escuchado de perfumes que huelen a ajo, a ají, a wasabi, a gases o incluso a basura. Fragancias que, en teoría, deberían oler “rico”, y que aun así encuentran a su público ideal.
Esto no es ninguna novedad. Como lo hemos explorado en otros artículos, lo “extraño” se volvió tendencia y la perfumería no se quedó atrás. Lo último en sumarse a esa ola, según la revista Dazed, son aromas que intentan capturar algo todavía más incómodo: el fin de la humanidad.
“¿A qué huele la muerte?"
¿Se imagina poder llevar el olor de la morgue en una botella? Bee Beardsworth, autor del artículo ¿A qué huele la muerte? se hizo exactamente la misma pregunta. Llegó a la conclusión de que no existe un único “aroma”; que depende de la causa, del estado del cuerpo y del proceso físico que ocurra tras el fallecimiento. Tal vez exista algo bello en tal descubrimiento.
Para respaldar su publicación, recogió explicaciones de especialistas que señalaron que ciertos compuestos liberados durante la descomposición de un cuerpo pueden resultar penetrantes, desagradables y repelentes. Pero quién diría que esas mismas moléculas, aunque en concentraciones bajas, son utilizadas en perfumería para aportar matices terrosos o florales. Es una línea muy difusa entre lo repulsivo y lo atractivo.
Pero es lo que algunas marcas decidieron explorar.
Un ejemplo que menciona la revista es Inexcusable Evil, de la casa rumana Toskovat, creada por el perfumista David-Lev Jipa-Slivinschi. La fragancia fue concebida originalmente como una “protesta contra la guerra” y, según su descripción, sus notas se asocian a la sangre, las vendas, las flores quemadas.
Incluso, los olores que componen su base encuentran su inspiración en el concreto y el incienso.
Existen propuestas que construyen narrativas alrededor de la figura de la Muerte o del duelo, con olores tanto ahumados, como metálicos y terrosos.
“El fin del mundo en una botella”
Ahora, hablemos del desastre. Un desastre colectivo y gigante que invade a la humanidad. ¿Cómo poder traducir la angustia en un tarro de perfume?
Felicity Martin, autor de Aromas apocalípticos: Los perfumes que encapsulan el olor del colapso social, en la misma revista, nos habla de una tendencia de fragancias inspiradas en pandemias, fallos tecnológicos, IA descontrolada o escenarios apocalípticos. Todo lo que hemos encontrado en los libros o las películas distópicas.
Fue el laboratorio chileno Agar Olfactory, dirigido por Agustine Zegers, el que quiso imaginar perfumes inspirados en momentos específicos de crisis (como la pandemia, por ejemplo). Para lograr ese efecto, utilizaron olores amargos, parecidos a la tierra, al plástico cuando se derrite o al que sueltan los aparatos electrónicos cuando se queman.
Entre otras menciones, aparece Eau de Space, desarrollado a partir de investigaciones vinculadas a la NASA, que intenta reproducir el olor del espacio exterior, descrito por distintos astronautas como metálico y quemado. Y T-Rex, de la marca canadiense Zoologist, que mezcla olores carbonizados para simular la extinción prehistórica.
Incluso, menciona el escritor, casas más conocidas, como Byredo presentó Eleventh Hour como “el último perfume de la Tierra”, mientras que Etat Libre d’Orange lanzó La Fin du Monde, preguntándose explícitamente cómo olería el fin de los tiempos.
Y usted se preguntará: ¿por qué oler a desastre? ¿Cuál es el sentido?
Ambos autores sugieren que estas propuestas pueden leerse como un reflejo de nuestro clima cultural actual. El perfume, que tradicionalmente está asociado a una forma de escapar o cambiar nuestra esencia (incluso mejorarla, si se quiere ver así), está convirtiéndose también en una forma de protestar.
Puede deberse a la curiosidad, pero también a las ganas de experimentar a nivel sensorial, pues el olor tiene una capacidad para activar recuerdos o grabar algunos nuevos. Por eso, una fragancia incómoda puede ser, para algunos, la forma de enfrentar aquello que genera ansiedad. De aprender a convivir con ella, pero llevándola en frasquitos.
Y aunque pueda sonar extremo, el hecho de que estos perfumes se ideen, se fabriquen, se distribuyan, se vendan y se agoten sugiere que no se trata solo de un experimento social-artístico.
¿Usted estaría dispuesto a oler a aquello a lo que le teme o le repugna? Lo leemos en los comentarios.
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