El estado de El Campín, entre partidos y conciertos
Tras el encuentro entre Millonarios y Peñarol, que tuvo que ser suspendido durante una hora por las fuertes lluvias en Bogotá, revivió la discusión de cuál debería ser el uso que se le dé al estadio de los capitalinos.
Laura C. Peralta Giraldo
Luego de celebrado el partido de fútbol del pasado martes 23 de mayo entre Millonarios y Peñarol, que además de ser suspendido durante una hora por las lluvias, dejó imágenes fuertemente criticadas de futbolistas cayendo en charcos y un balón que poco se movía, revivió la discusión de si el Estadio Nemesio Camacho El Campín debe ser un espacio únicamente deportivo o en el que también se lleven a cabo conciertos de gran magnitud.
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Luego de celebrado el partido de fútbol del pasado martes 23 de mayo entre Millonarios y Peñarol, que además de ser suspendido durante una hora por las lluvias, dejó imágenes fuertemente criticadas de futbolistas cayendo en charcos y un balón que poco se movía, revivió la discusión de si el Estadio Nemesio Camacho El Campín debe ser un espacio únicamente deportivo o en el que también se lleven a cabo conciertos de gran magnitud.
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Esa noche también le llovieron críticas al Distrito, pues, según algunos hinchas, las lagunas que debían sortear los jugadores se debían al deteriorado estado de la grama, por mal mantenimiento y la celebración de shows musicales como el Monster of Rock. Ciudadanos le pidieron explicaciones al Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD).
No es esta la primera administración en afrontar la pelea entre hinchada y fanáticos de la música. Desde 2012, luego de aprobada la Ley de Espectáculos Públicos, elaborada por el Ministerio de Cultura, El Campín ha sido usado para ambas actividades, no sin levantar dudas del deterioro que podría sufrir la infraestructura, especialmente la grama, ya sea por los partidos de fútbol y el impacto de los guayos de los jugadores o por la ejecución del protocolo antes de un concierto, que incluye cubrir el césped con un piso especial.
Tampoco son los únicos aspectos que preocupan. Hace meses, la Personería Distrital alertó de que los hinchas y visitantes podrían correr riesgo ante algunas fallas encontradas en la infraestructura, las principales relacionadas con la cobertura del pararrayos, el espacio en la silletería y algunas fisuras y humedades.
Con respecto a lo sucedido el martes, el arquitecto José Varela, quien ha estado 20 años al frente del estadio, asegura que los encharcamientos son normales durante los picos de lluvia. “Ese día cayeron 60 ml de agua, 30 antes del partido y otros 30 en el segundo tiempo, por lo que debió suspenderse el encuentro. El campo no drena hasta 30 minutos después de que escampe, pero la Conmebol presionó por su transmisión y nos dijo que debíamos salir, por eso se vio a personal con haraganes”.
Así lo rectifica también el IDRD: “No se debe a una falta de mantenimiento. Que las lluvias y los cambios de clima incidan parcialmente en el estado de la cancha no es un chiste ni una excusa. El año pasado en promedio llovió 22 días cada mes, hace unos años era entre 12 y 14 días al mes. En el estadio ocurre algo similar a lo que pasa en un edificio, así sea bien construido, los diluvios constantes terminan generando daños que hay que atender”.
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Los conciertos no causarían ninguna afectación, afirman, pues para un evento de este tipo el contratista debe asumir unos costos que implican la toma de muestras de las condiciones de la grama, antes y después del espectáculo, y el pago de un cheque de respaldo que ronda los $80 millones, entre otras. Además, para el concierto se cubre el césped con un piso especial que garantiza su protección. Este es elevado en 4 cm para no aplastar la grama, distribuye el peso, permite la fotosíntesis al ser translúcido y tiene poros para la respiración.
“Antes sí ocurría. Después de un concierto, jugar un partido era muy difícil. En 2006, cuando colapsó la grama de El Campín, estalló la polémica, pues no se tenía la tecnología de ahora. En lugar del piso que usamos actualmente y que ha sido pedido por otros países al ver los buenos resultados en Colombia, usábamos un tapete o una madera”, dice Varela.
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No obstante, Alberto Gamero, técnico de Millonarios, ha sido uno de los que más se ha referido al estado de la gramilla de El Campín. “Hay que buscar otro escenario para los conciertos y dejar a El Campín para el fútbol. Cuando comenzó otra vez el partido, yo les dije a los jugadores que ahí no se podía jugar fútbol, que había que jugar directo, no se podían hacer más de dos toques”. Adicionalmente, la Conmebol, el ente rector del fútbol suramericano, multó al Santa Fe por el estado de la grama, al no contar con las condiciones básicas para el buen desarrollo de su partido con Gimnasia. De acuerdo con un comunicado, al equipo se le descontarán US$10.000 de los derechos de televisión.
De otro lado, un porcentaje del césped del estadio se enfrenta a una bacteria, que por condiciones climáticas, la pisada de los guayos de los futbolistas y los zapatos de los espectadores, que podría tener microorganismos, se reprodujo y atenta contra la vida de la grama. Por esto, el IDRD se comprometió a tomar muestreos diarios y hacer un cambio de grama en la zona occidental central.
¿Y las alertas de la Personería?
Aunque el IDRD asegura que la grama no pasa por ninguna situación preocupante, en febrero de este año la Personería Distrital realizó una visita al estadio y concluyó que los asistentes podrían correr riesgos por la falta de cobertura de los pararrayos en la tribuna occidental, ante una tormenta eléctrica y el poco espacio entre sillas, para un proceso de evacuación.
“Quedamos con una fuerte preocupación frente al tema del pararrayos. Fue instalado hace más de 13 años y no tiene una cobertura del 100 % del estadio. Ha tenido mantenimientos, pero no se ha ampliado la cobertura. Esto pone en riesgo a las personas que se encuentran dentro del estadio”, indicó Julián Pinilla Malagón, personero de Bogotá.
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A su vez, de acuerdo con la norma técnica, cuando un espacio tiene más de 60 sillas, estas deben tener una distancia de 75 cm entre gradas, regla que, de acuerdo con la Personería, no se cumple en las tribunas noroccidental (denominada “familiar”) y occidental, donde solo hay una distancia de 30 cm. Sobre esto, Varela cuenta que han sostenido reuniones con la entidad y que estas condiciones no representarían riesgo alguno para los asistentes. “Ahora que baja la frecuencia de partidos, aceleraremos mejoras de infraestructura en graderías y otros lugares”.
Así las cosas, el camino para dejar atrás las enemistades entre hinchas y fanáticos de la música todavía es largo. Lo más importante ahora será garantizar la participación deportiva y la seguridad de ambos grupos ciudadanos mientras estén en El Campín.
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