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El drama de dos esposas detrás de un uniforme de policía

Piden que los derechos humanos también se miren desde el lado de las familias de los policías y que los generales que no se queden callados frente a la dureza de la violencia contra sus hombres.

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Daniel Manrique Castaño
12 de mayo de 2021 - 11:03 p. m.
Bloqueos en Portal Américas de Transmilenio, durante la jornada de Paro Nacional.
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Foto: Jose Vargas Esguerra
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Teresa es una colombiana de 40 años que lleva 10 años de casada con Omar, un intendente de la Policía Nacional. Después de unos años difíciles, en los que la labor de su esposo lo mantenía alejado de casa durante 10 meses al año, llegó el momento en el que por fin pudieron vivir juntos. Ahora, Alejandro, su hijo de cuatro años, ilumina su hogar. Por su parte, Marta conoció a Raúl cuando le pidió ayuda a un policía para encontrar una dirección. Ahora lleva cinco años de casada con el suboficial y tienen un niño de dos años.

La dura realidad puso a estas dos mujeres en una situación compleja, pues sus esposos, policías en ejercicio, están junto con la institución a la que pertenecen en la vorágine mediática de un paro que ha tenido muchos efectos colaterales con un elevado número de heridos y al menos 30 muertos entre civiles y policías en distintas regiones del país.

Teresa y Marta piensan que los medios de comunicación se han centrado en mostrar los dramas de miles de ciudadanos y en juzgar las acciones de la Policía. Sin embargo, la experiencia de los policías y las preocupaciones de sus familiares han sido invisibilizadas. “Varios grupos de familiares de policías hemos intentado comunicarnos con los medios para expresar nuestro punto de vista, pero como esto no implica ningún exceso de la fuerza por parte del ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios de la Policía Nacional), parece que allí no hay noticia. Hay una polarización desmedida de los medios en contra de la policía” comenta Teresa.

Con tristeza las dos mujeres confiesan que sus esposos no pueden decir nada pues los pueden echar o trasladar. “Nosotras debemos ser sus voces y apoyarlos en esta crisis”, indica una de ellas. En el día a día de las marchas piensan que manifestarse es importante y hasta una de ellas lo ha hecho. “Yo he salido a protestar para que se respeten nuestros derechos. Sin embargo, en este momento las cosas se están saliendo de control” señala Teresa.

La mujer menciona que es increíble ver jóvenes en redes sociales incitando el odio hacia los policías. “Todo el mundo tiene el derecho de expresar su opinión en las redes sociales, pero la mayoría de las veces las personas no miden el alcance de esas acciones. No piensan que una opinión o una crítica desmedida puede terminar en hechos lamentables”, agrega.

Teresa narra cómo hace unos días escucho unos audios donde se solicita el acompañamiento de la policía para la familia de un policía asesinado. “A él lo mataron en su casa, en Pereira, frente a su esposa y su hijo, con el argumento de que se lo merece por bastardo, a pesar de que su trabajo no tenía que ver con las protestas. El trabajo de los policías no puede criminalizarse, como tampoco puede criminalizarse la protesta”, anota.

La pesadilla de las redes sociales

Las esposas de los policías denunciaron que han recibido amenazas por las redes sociales. “Tenemos un poligrama (mensaje electrónico de la policía) donde nos piden revisar nuestras casas, porque les están haciendo algunas marcas para identificar en dónde viven policías. Tengo incluso una conocida, civil, que trabaja para la policía en un pueblo de Cundinamarca y la han amenazado”, indica Teresa.

Por su parte, Martha relata que “vivimos con mucho temor. Uno sale y piensa que algo le puede pasar. En una ocasión volviendo a la casa me encontré con dos tipos, uno detrás mío y otro cerca de la puerta del edificio. El que estaba detrás le chifló al otro. Se quedaron mirándome y yo dije: ‘hasta aquí llegué’, porque en esos días había visto lo de las marcas a las casas de los policías y las amenazas a las familias”, agrega.

Comenta también que su vecina tiene una tienda, mientras su esposo (policía) se encuentra de comisión en Cali. La mujer ha recibido amenazas en su lugar de trabajo, y como cualquier ciudadano, teme por el bienestar de su negocio y su seguridad. “No entiendo por qué ocurren esas cosas, más aún cuando su esposo es bien conocido en este sector por tratar de ayudar cuando intentan robar o algo malo pasa. Es un buen policía que no le hace daño a nadie”.

Las mujeres precisan que han recibido poligramas con indicaciones explícitas a los policías de que no salgan con sus familias si no es absolutamente necesario. “Tuve una emergencia médica en estos días, y por teléfono me recomendaron que no fuera al HOCEN (Hospital Central de la Policía en Bogotá) porque la cosa está tenaz y no dejan entrar a nadie”, indicó Teresa.

Medidas de seguridad para las familias

La zozobra y preocupación que viven día a día Teresa y Marta se extiende a familiares de policías a lo largo y ancho del país. Recientemente, la Policía Nacional ordenó a sus integrantes que no se desplazaran al trabajo uniformados, sino que lo hagan vestidos de civil. “En Bosa, por ejemplo, algunos ciudadanos hicieron unos retenes donde bajaban a las personas de carros y motos para mirar si eran policías” ¿Hasta dónde ha llegado esa locura? Todo el mundo está asustado”, afirma Teresa

De hecho, la revista Semana publicó un reportaje donde relatan el caso de un policía que llevaba su uniforme en el morral, lo desnudaron y lo apuñalaron 27 veces en la vía que comunica a Cali con Yumbo. La esposa del uniformado, también policía, refiere en el reportaje que “uno cuando ingresa a la policía es a servir a la ciudadanía, nunca uno se imagina que la ciudadanía va a intentar agredir, quitarle la vida a uno”.

Marta señala que ha visto en redes sociales publicaciones en donde jóvenes hacen recomendaciones estratégicas para atacar el ESMAD: Echarles pintura y esperar a que se quiten el caso para írseles encima. “¿Cómo es posible que jóvenes en Colombia estén haciendo planes para herir o incluso matar a otro ser humano? ¿La gente no se fija que los policías también son personas, ciudadanos a los que están matando?”

Agrega que “yo me pongo a pensar cómo decirle a mi hijo un día que a mi esposo le toque apoyar esas manifestaciones, y Dios no lo quiera, no vuelva. Yo cómo le explico a mi hijo que su papá no va a volver porque un grupo de personas creía que él era malo. ¿Cómo le explico yo que esa persona que lo cuida, que juega con él, que le da amor, no vuelve porque algunas personas creen que él es malo?”, se pregunta con angustia.

En las “botas” del otro

Frente a situaciones en donde se evidencia exceso de la fuerza por parte de integrantes de la policía, Teresa comenta que el abuso de poder es algo que no puede negarse, y que incluso ha sido duramente criticado por su esposo. “Sin duda es algo sobre los que los buenos policías no se sienten orgullosos”, precisa.

Agrega que “yo he estado en las dos posiciones. Como persona entiendo que a los policías también se les calienta la cabeza en medio de esas situaciones tan estresantes a las que se enfrentan. Un manifestante puede irse del lugar cuando quiera, puede ir un par de horas a marchar, tal vez ponerse violento un rato, e irse para la casa. El policía no, le toca estarse ahí todo el día recibiendo palo y piedra hasta que en algún momento les dicen que pueden ir a descansar. Imagínese el nivel de estrés”.

Las mujeres comentan que es oportuno que no solamente se muestre la realidad de los estudiantes y de las personas afectadas por el accionar de la policía, sino también la dura situación en la que se encuentran los integrantes de la institución. “Hay una publicación de un policía del ESMAD que sale llorando en un video diciendo que renuncia, que le hagan lo que quieran pero que él no puede más. Imagínese el estrés con toda esa conmoción que hay en Cali”.

Marta reflexiona acerca de las personas que piden que los policías renuncien a su carrera. “¿Qué persona está dispuesta a dejar su trabajo en Colombia? ¿Acaso no piensan que los policías tienen obligaciones, familias, deudas de las que tienen que hacerse cargo con su salario?

Los derechos humanos de los policías

“En todo el país hay personas heridas, tanto manifestantes como policías. Lo importante es que independientemente del uniforme, ambos son seres humanos” comenta Teresa y señala que “hay organizaciones que se encargan de velar por los derechos humanos. Yo siempre me he preguntado ¿Es que nuestros esposos policías no son humanos, no son personas? ¿No tienen el derecho, como todo ciudadano, a que se respete su integridad física? ¿Por qué estas organizaciones no se encargan de hacer también un análisis de la violencia que sufren miles de policías en el país?”

Marta interviene para señalar que “detrás de ese uniforme hay una persona que es hijo, papá, hermano o esposo… Todas las muertes nos duelen, las de jóvenes, manifestantes y policías. ¿Cómo es que la gente está pensando que la muerte de una persona se justifica solo por hacer parte de esa institución? Ninguna vida vale más que otra, y la manera en cómo están vendiendo la imagen de los policías hace que sus muertes valgan menos que cualquier cosa. Las cosas no pueden ser de esa manera”.

La imagen de la policía en el exterior

Teresa y Marta son conscientes de las deficiencias institucionales, pero les preocupa la manera en cómo los calificativos negativos estén impregnando a toda la institución. “Es deplorable la imagen que se está vendiendo en el exterior de la fuerza pública, como si fueran unos asesinos a sueldo. Y las cosas no son así. Ni siquiera ganan bien, empecemos por ahí. Los policías son personas que salen a hacer su trabajo”.

Las mujeres sostienen que el apoyo que las familias de los policías han recibido por parte de las autoridades institucionales no es suficiente. “Yo no sé si es que ellos (los generales de la policía) no se pueden expresar en los medios, o si hay algún tipo de temor. Nosotros necesitamos un aliento por parte de la institución. Una voz que nos diga que la Policía respalda la labor de nuestros esposos y no los deja a la deriva en medio de una situación tan crítica como la que vive el país en este momento” afirma Teresa.

Precisa además que “nosotras como esposas de policías también necesitamos del apoyo institucional. Requerimos que la dirección de la policía valore y enaltezca el trabajo de nuestros esposos y que les brinden oportunidades para desarrollarse como profesionales, más allá de un salario”.

Las mujeres concuerdan que, en vez de pensar en cambiar uniformes, la dirección de la policía debería preocuparse más por la formación técnica y la calidad de la educación que reciben los integrantes de la institución. “Tenemos un veedor de la policía que se llama Armando Vergara que se encarga de velar por el bienestar de todos los policías y sus familias. Sin embargo, este señor se ha envuelto en peleas con jóvenes en redes sociales por diferentes motivos. En septiembre del año pasado, cuando dos policías mataron a una persona (Javier Ordoñez) en un CAI, los veedores ayudaron mucho y mediaban para que las personas no destruyeran o vandalizaran estos puestos en Bogotá. A pesar de eso, los veedores no se comunican de una manera efectiva con el público, y muchas veces dejan mal parada la labor que con mucha dedicación hacen nuestros esposos todos los días”.

En un grupo de Facebook conformado por esposas y familiares de policías, se publicó una carta abierta enviada al director de la Policía, el general Jorge Luis Vargas Valencia, donde el colectivo lamenta la situación de orden público que vive el país y solicita al oficial la protección para los policías y hacen un llamado para que la cúpula institucional se pronuncie en favor de la labor que día a día hacen sus familiares en distintos lugares del territorio nacional. También se refieren a otras situaciones relacionadas con la escala salarial o la situación de los servicios de salud. Del mismo modo, Teresa comenta que se está preparando una carta al ministro de Defensa Nacional para encontrar caminos que permitan aliviar la situación actual y proteger la vida e integridad de los uniformados.

Marta hace énfasis en que los policías no votan, no toman decisiones políticas, y que están allí para cumplir con las directrices del gobierno de turno que eligieron democráticamente otras personas. “La idea no es tirarnos la pelota los unos a los otros. Tenemos que llegar a un consenso para no matarnos entre nosotros. Evidentemente necesitamos cambios en el país, pero no debemos pensar que la ruta para llegar a ello es matar policías o amedrentar a sus esposas, hijos o padres. En mi casa tengo un esposo amoroso y respetuoso y un padre maravilloso, y para mí es desastroso ver la profunda tristeza de mi esposo y otros miles de policías que salen a trabajar y la retroalimentación que reciben de la ciudadanía es: su trabajo es malo, usted es un asesino, usted no sirve”.

Teresa señala que “si las personas pudieran hacer el ejercicio, de aunque sea por una sola vez, ponerse el uniforme, y estar en el otro lado, comprenderían muchas cosas. Verían una realidad que está mucho más allá de ellos en estos momentos. Se darían cuanta que aparte de cuidar a la persona que va camino a su trabajo, deben cuidar el compañero que está al lado y vigilar diferentes instalaciones en la ciudad. Es una tarea muy compleja, que puede entenderse solo cuando uno se pone esos zapatos y el uniforme”.

*Los nombres se cambiaron para proteger la identidad de los policías y sus familias.

Por Daniel Manrique Castaño

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Alvaro(sa3gs)15 de mayo de 2021 - 03:50 p. m.
Desafortunadamente toda Colombia tiene desconfianza de la policía y de las fuerzas armadas todas.
José(stjv2)13 de mayo de 2021 - 08:24 p. m.
¿Por qué quitaron el artículo en que se analizaban las debilidades de Duque y su gobierno?
GERMAN(8621)13 de mayo de 2021 - 07:26 p. m.
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María(60274)13 de mayo de 2021 - 02:25 a. m.
Pero también ellas le deberían hacer el llamado al director de la policía, que no siga mandando a policías infiltrados vestidos de civil y armados a las marchas, que mire todo el daño que le está haciendo a toda la policía, porque no es el policía que comete el asesinato, es toda la institución que paga el pato por los homicidios que cometen esos policías enviados por el gobierno y la policía.
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