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La adolescencia actual y la enfermedad mortal del consumismo

Todo lo que solía pensarse sobre esta etapa de la vida hay que reevaluarlo, la sociedad y el ser humano han cambiado.

Por Sebastián Restrepo. Psicólogo gestaltista y sistémico.

12 de abril de 2017

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Mucho se ha teorizado sobre la adolescencia, pero cada una de las teorías clásicas que pretende explicarla se encuentra hoy, en el albor de la era de la información, abocada al fracaso. Y si bien en el siglo XX se entendía como una edad que conllevaba múltiples crisis, en el siglo XXI debemos abordarla como una edad que nos confronta a todos, evidenciando las profundas crisis que enfrenta la humanidad entera. 

 

Quisiera empezar por decir que la adolescencia ocupa hoy, en nuestra sociedad posmoderna, un lugar completamente distinto al que ocupaba en otras sociedades. Antes era un tránsito hacia la adultez que implicaba un duelo por la infancia perdida y el acceso paulatino a la vida adulta. Pero en nuestra sociedad, la adolescencia no es un tránsito: es un punto de llegada. El eterno adolescente es el ideal de nuestro tiempo, y por eso la infancia y la adultez se recortan y estrechan bajo su peso. Los niños ya no tienen ese ritmo despreocupado de la infancia. Y los adultos padecemos el yugo de la obsolescencia programada. Por eso, porque es un punto de llegada, y no un tránsito, y porque la infancia y la adultez se miran con el desdén de las cosas desvirtuadas, el adolescente no tiene un horizonte que lo oriente. 

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Sumemos a esto la creciente brecha generacional que se abre entre padres e hijos, donde la paternidad misma está en crisis permanente, donde la autoridad es una papa caliente, donde el límite es una profanación del credo omnipotente de la globalización, donde las nuevas tecnologías dividen el mundo entre nativos digitales y semi-analfabetos del viejo orden. Los padres aterrados parecemos tener dos alternativas: volvernos iguales o aislarnos, alabar indiscriminadamente el nuevo orden o temerle de forma paranoide. En todo caso tratamos de lavarnos las manos para no encarar la dificultad de un diálogo profundo. 

 

Pero cada adolescente requiere la presencia verdadera, despierta y amorosa de un adulto. Por eso Winnicott decía: “Donde existe el desafío de un joven en crecimiento, que haya un adulto para encararlo”. Para encararlo con las preguntas fundamentales, con retos, con las conversaciones que nos abren los ojos y devuelven a la ley del corazón. Pero nunca saldaremos la brecha si no tenemos una doble perspectiva: una que, por un lado, le apueste al sentido, a conocernos, a profundizar en los aspectos esenciales de nuestra propia humanidad. Y que, por el otro, acepte lo nuevo, esa perspectiva que los adolescentes nos abren, ese lugar que nos pone de antemano en una relación de diferencia. Solo así podremos encararlos y fortalecerlos. 

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Creo que un ejemplo de esto es la tecnología misma. Nos hemos quedado de brazos cruzados, extrañados ante aquello que nos separa de los nativos digitales. Pero al hacerlo hemos olvidado lo que nos junta, y eso es mucho más que lo que nos separa: la humanidad al fin y al cabo. Y por eso no hemos entendido que nuestro reto es defender y fortalecer la humanidad de los adolescentes de cara a las nuevas tecnologías, garantizar que los nuevos medios sean realmente eso, medios, y no fines que nos esclavizan. 

 

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Pero la adolescencia actual es el motor de nuestra religión contemporánea: el capitalismo salvaje. Como decía Walter Benjamin: “El capitalismo es la religión más extrema”. Y es que en la adolescencia se impone el más potente de los mandatos capitalistas: el consumismo. Y esta es tal vez la dimensión más perversa de nuestra adolescencia: nuestros jóvenes son consumidores y no sujetos de proyectos y utopías. Y por eso la apatía de tantos jóvenes. Salvo contadas excepciones, nuestros adolescentes no están portando ese importante estandarte que antes los hacía imprescindibles: soñar con una nueva humanidad, gestar utopías, buscar a sangre y fuego proyectos para cambiar las cosas. 

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Y no lo hacen porque están atados a un mandamiento que dice: “Para ser feliz, mejor y exitoso, tienes que tener más cosas”. Pero en el fondo todos sabemos que esa promesa aniquila, promete una felicidad que no llega. Los obliga a verse siempre carentes y endeudados, y a sentirse agotados y culpables. Pero lo peor de este mandato es que es un engaño, ya que pretende una claridad que no tiene, sobre las cosas esenciales del alma y las bases de su realización. 

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Y hasta que no entendamos que nuestros adolescentes son las víctimas de una sociedad consumida por el consumismo, no entenderemos sus sufrimientos profundos. Criticaremos su obsesión con la imagen, cuando es el resultado de un énfasis estético impuesto para vender, y de la obsesión constante por la superficialidad de una sociedad que solo entiende la lógica de las cosas muertas. Criticaremos su sexualidad abierta e irresponsable, cuando es el resultado de nuestra negación sistemática de la ternura y el encuentro. Criticaremos su egoísmo cuando todos los mensajes que reciben son los del narcisismo y la competencia. 

 

Nos preocupan muchas cosas de la adolescencia, pero nunca nos preocupamos por sacarlos de esa enfermedad mortal del consumismo, nunca nos enfocamos en enseñarles a aceptarse y quererse. Pocas veces nos esmeramos para que dejen de ser esclavos de las posesiones. No tratamos de sacarlos de la trampa del éxito. No les mostramos, por ejemplo, que la generosidad es lo que necesitan como antídoto contra el egoísmo. 

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El problema no son los adolescentes, sino la docilidad, la inconsciencia activa y la poca responsabilidad con que hemos enfrentado los dos problemas más importantes de nuestra humanidad: qué es lo que tiene sentido y cuáles son las bases de la verdadera felicidad. 

 


Youtube Sufrimiento y excesos
El psicoanalista argentino Luis Hornstein reflexiona sobre esta etapa, que para él consiste de varios años de desamparo y vulnerabilidad que llevan con mucha frecuencia a que los jóvenes caigan en los excesos. Buscar como: Luis Hornstein+Los jóvenes: sufrimiento y excesos.

 


A cambio de nada
Película española que cuenta la historia de un adolescente que huye de su casa luego de una crisis familiar y debe empezar a descifrar cómo ganarse la vida. En el proceso forma una nueva familia, muy distinta a la anterior. Buscar como: A cambio de nada+tráiler oficial.

 

 

¿Qué necesitan los jóvenes de los adultos?
En esta conferencia, la pedagoga e investigadora argentina Graciela Frigerio habla sobre la relación entre los padres y sus hijos adolescentes. Parte de la base de que el adulto es el rehén del niño que ha sido y el niño tiene que vérselas con el niño que han sido sus progenitores. Buscar como: Graciela Frigerio - Congreso Sociedades Complejas.

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Foto: iStock.

Por Sebastián Restrepo. Psicólogo gestaltista y sistémico.

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