
Colossal, el camino a la autodestrucción
Director: Nacho Vigalondo.
Género: Comedia y ciencia ficción.
Guión: Nacho Vigalondo.
Reparto: Anne Hathaway, Jason Sudeikis.
Es rara. Rarísima. Claro, una película de ciencia ficción siempre implica cierta dosis de extravagancia –por no decir: inverosimilitud–, pero Colossal es especialmente extraña. Tal vez se siente así porque no construye, como La guerra de las galaxias, todo un universo excepcional dentro del cual una historia peculiar encaja. Y tampoco trata de dar explicaciones racionales a lo insólito, como ocurre en Godzilla, cuya aparición se justifica a punta de radioactividad. No. Los personajes de esta producción viven en el mismo mundo que todos nosotros. Trabajan, se emborrachan, la embarran y, de repente, en medio de esa normalidad surge una especie de King Kong versión 2.0.
No es como ningún monstruo que hayamos visto antes. No es un animal inmenso, un extraterrestre o un engendro creado por la ciencia. Es un ser enorme que parece surgir de la nada en las calles de Corea y que es el espejo de una mujer perdida y alcohólica que vive en Estados Unidos. Él reproduce cada uno de los movimientos de ella al mismo tiempo y, exactamente, de la misma manera. Ella se rasca la cabeza, él también. Ella baila, él también. Ella se tropieza y se cae, él también y, en el proceso, aplasta a un montón de coreanos aterrorizados.
Anne Hathaway iba por su sexto mes de embarazo cuando rodó esta película.
Cuando se estrenó la primera película sobre Godzilla, en el Japón de 1954, su director, Ishiro Honda, la presentó como una metáfora sobre el ataque nuclear que vivió su país al final de la Segunda Guerra Mundial. Ese lagarto gigante representaba la bomba atómica que destruyó Hiroshima. Cuando aparece un monstruo irreal en la pantalla, uno quiere una explicación, porque, de lo contrario, es difícil conectarse con la historia. La identificación es clave en el cine: si sentimos que nos hablan directamente a nosotros, si las imágenes reflejan aquello que nos mueve, nos duele, nos alegra y nos afecta, será más fácil que nos atrapen. Por lo tanto, uno no deja de esforzarse por entender qué es lo que se oculta detrás de esa bestia. El director, por supuesto, nunca lo dice explícitamente, pero de manera cautelosa da pistas que funcionan como anzuelos que no permiten que uno se despegue.
Gloria es una fiestera desempleada. Su novio solo la ve en medio de los guayabos insufribles del día después. Por eso, eventualmente, no lo soporta más y le pide que se vaya. Ella, devastada, decide volver al pueblo donde creció, con el propósito de reencontrarse. Allí se reconecta con uno de sus amigos de infancia, que tiene un estilo de vida tan autodestructivo como el de ella.
En ese contexto, aparece el monstruo, que uno empieza a intuir que representa el daño colosal que pueden generar las personas perdidas en su propia realidad y ahogadas en la insatisfacción y la soledad. Cada cerveza es un grito de auxilio y un un arma para aislarse del mundo. Ellas no son conscientes de las consecuencias de sus actos y consideran que sus vidas mínimas no tienen ningún valor, pero llega el momento en que se dan cuenta del poder de sus acciones. Reconocen que tienen la capacidad de construir o arrasar con lo que se encuentren a su paso. Entonces, uno entiende que la historia narra el camino de Gloria hacia la supervivencia. Un recorrido durante el cual no solo tiene que luchar contra los esperpentos humanos que habitan la Tierra, sino contra sus propios demonios, que son los más difíciles de derrotar.
Datos curiosos
- Antes de empezar el rodaje, la compañía japonesa Toho demandó a la productora por usar imágenes de Godzilla en documentos dirigidos a posibles inversionistas.
- La película se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Toronto.
- Nacho Vigalondo, el director y guionista, es español y un apasionado de la ciencia ficción.
Foto: cortesía.

