La conquista de Europa, el debut del ciclismo colombiano en el Tour de Francia
Rubén Darío Gómez y Cochise Rodríguez, asesorados por el español Luis Ocaña, comandaron una selección con los 10 mejores corredores del rentado nacional para representar en 1983 al país como el primer equipo amateur en participar de la carrera francesa.
Hugo Santiago Caro
Un bulto de panela y varias cajas de bocadillo veleño fueron los insumos adicionales que la delegación del equipo Pilas Varta llevó junto a sus bicicletas el 16 de junio de 1983, con destino a Toulouse, Francia. Este sería el punto de llegada de los once ciclistas, cinco miembros del cuerpo técnico y los demás miembros de la delegación, que por primera vez viajaban juntos como grupo y como equipo, para representar a Colombia en la Grande Boucle, el Tour de Francia.
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Un bulto de panela y varias cajas de bocadillo veleño fueron los insumos adicionales que la delegación del equipo Pilas Varta llevó junto a sus bicicletas el 16 de junio de 1983, con destino a Toulouse, Francia. Este sería el punto de llegada de los once ciclistas, cinco miembros del cuerpo técnico y los demás miembros de la delegación, que por primera vez viajaban juntos como grupo y como equipo, para representar a Colombia en la Grande Boucle, el Tour de Francia.
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Dos días después, llegaron a Nogaro, una pequeña población de poco más de 2.000 habitantes, ubicada en los míticos Pirineos, el sistema montañoso cuyas cumbres son de los puertos de montaña más atractivos para los ciclistas profesionales y amateurs. En esta carrera, a nuestros ciclistas recalaban así, como “amateurs”, ya que era la primera edición del Tour de Francia en recibir a este tipo de equipos, los no profesionales.
La decisión de permitir la participación de equipos no profesionales fue anunciada un año antes por el entonces director de la organización, Félix Leviatán, y causó revuelo a nivel mundial. Uno de los hombres clave en el ciclismo colombiano, Miguel Ángel Bermúdez, político y exdirector de la Federación Colombiana de Ciclismo, estaba consciente de los desafíos que implicaba llevar a un grupo de casi 20 personas, con sus equipos y bicicletas, a Europa. El costo estimado era de alrededor de 35 millones de pesos de la época, por lo que Bermúdez creó la campaña llamada “La conquista de Europa”. La estrategia consistía en que siete empresas aportaran cinco millones de pesos cada una. Sin embargo, la compañía de baterías caldense Varta se ofreció como patrocinador principal y asumió todos los costos, lo que llevó a la formación del equipo Pilas Varta. Después vino la selección de los deportistas.
El Tour de Francia de ese año prometía ser una carrera abierta, ya que Bernard Hinault, el ciclista francés dominante que había ganado cuatro de las cinco ediciones anteriores, decidió no participar. Esto dejó el podio vacante y cualquier corredor tenía la oportunidad de destacarse. Nuestros ciclistas también desconocían lo que les esperaba y por eso duraron diez meses concentrados en una casa en el norte de Bogotá poniéndose a punto.
Fabio Casas, Edgar “Condorito” Corredor, Patrocinio Jiménez, Cristóbal Pérez, Julio Rubiano, Samuel “Samy” Cabrera, José Alfonso “El Pollo” López, Rafael Tolosa y Abelardo Ríos fueron los seleccionados por los técnicos Rubén Darío Gómez y Martín Cochise Rodríguez, dos leyendas del ciclismo colombiano. Estos corredores rodearon a Alfonso Flórez, un recio ciclista santandereano que había ganado el Tour de L’Avenir en 1980, una de las carreras amateur más importantes de la época a nivel mundial.
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“Corrimos el Clásico RCN y la Vuelta a Colombia, y de allí seleccionaron a los mejores”, cuenta Corredor. Curiosamente, Gómez y Cochise decidieron no llevar al campeón del Clásico de ese año, Luis Alberto Herrera, quien se convertiría en el primer colombiano en ganar una de las tres grandes vueltas del ciclismo al triunfar en la Vuelta a España de 1987.
Una vez en Nogaro, los ciclistas contaron con la ayuda de un asesor de lujo, Luis Ocaña, campeón del Tour de Francia en 1973. Ocaña vivía en la zona y guio a nuestros corredores en un terreno completamente desconocido. Durante la preparación, Ocaña llevó al equipo colombiano a subir los Pirineos, a familiarizarse con los adoquines, o el pavé, y a conocer las carreteras europeas.
“Los recorridos eran muy largos y no estábamos acostumbrados. Ocaña nos ayudó mucho, nos enseñó a hacer entrenamientos largos para poder competir allá, pero sufrimos bastante. Ocaña nos colocó espuma en la parte superior del manubrio para proteger nuestras manos en el pavé”, recuerda Corredor.
Sin embargo, Rafael Mendoza, enviado especial de este diario para cubrir la carrera y que acompañó a la delegación durante todo el tiempo, comenta que el resultado pudo haber sido diferente si los colombianos se hubieran preparado al ritmo del pelotón, que en ese momento participaba en la Vuelta a Suiza (del 14 al 24 de junio). Según Mendoza, este factor fue determinante, ya que los corredores europeos aprovechaban las etapas llanas para acelerar el ritmo y cansar a los colombianos. Lo mismo ocurría en los últimos 60 u 80 kilómetros de cada etapa, cuando las cámaras de televisión estaban presentes y era el momento de destacar.
A medida que pasaban los kilómetros y los días, la competencia se volvía más difícil para nuestros corredores. En la quinta etapa, Tolosa sufrió una caída, seguida por Cristóbal Pérez en la novena etapa. Rubiano, Casas y Flórez también se vieron afectados en la undécima etapa.
Solo quedaban cinco corredores, pero detrás de ellos todo un país estaba pendiente del primer equipo colombiano que competía en el Tour. Medios como El Tiempo, Caracol Radio y RCN Radio enviaron grandes delegaciones para cubrir el desempeño de los nuestros. La presión era evidente y las esperanzas recaían en Patro, Condorito y El Pollo López, entre otros.
Patrocinio tuvo un buen desempeño en los primeros días y llegó a vestir la camiseta de puntos rojos, líder de la montaña. Sin embargo, también comenzó a tener dificultades. Condorito recuerda que una de las fotos icónicas del Tour fue cuando él refrescó a Patrocinio, quien llevaba la camiseta de puntos rojos, en un momento de debilidad.
“Faltando unos 80 o 70 kilómetros, Patro estaba a punto de retirarse, y en ese momento era el mejor colombiano. Recuerdo que llegué, le eché un poco de agua en la cabeza y le dije: ‘No, vamos, Patro. ¿Cómo te vas a retirar? Vamos, vamos’. Lo llevé a rueda hasta el final”, relata Condorito. Finalmente, ambos llegaron a la meta. Condorito logró el tercer puesto en el Alpe d’Huez, mientras que Patro terminó segundo en la clasificación de la montaña. Ambos obtuvieron resultados destacados en las contrarreloj individual de las etapas 15 y 19, quedando dentro de los diez primeros.
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Miguel Ángel Bermúdez, político y exdirector de la Federación Colombiana de Ciclismo, ha contado en varias ocasiones una conversación inicial que tuvo con Cochise antes de la campaña de La conquista de Europa, que fue corroborada por Mendoza en su crónica. Bermúdez le preguntó a Cochise si realmente estaba loco por embarcarse en ese proyecto, a lo que el técnico respondió: “Qué loco va a estar, hombre. Si yo, viejo y trabajando para Felice Gimondi, quedé en el puesto 27, usted con esos muchachos se mete al menos entre los quince primeros. Adelante”. Cochise fue el primer colombiano en correr el Tour en 1975 como gregario de Gimondi y, como él mismo relata, finalizó en la posición 27.
Cochise no estaba tan equivocado, ya que el cálculo falló por solo una posición. Corredor ocupó el puesto 16 en la clasificación general y Jiménez el 17. Aquel Tour de Francia fue el comienzo de muchas “primeras veces”. Ambos corredores fueron contratados al año siguiente por el equipo español Teka y, a partir de entonces, Pilas Varta, Café de Colombia y otros equipos colombianos icónicos se convirtieron en participantes habituales del World Tour durante la década de los 80.