Por eso no pudo ocultar las lágrimas al dar con sus dirigidos una especie de vuelta olímpica tras el dramático triunfo sobre Uruguay.
¿Esperaba un final tan apretado?
Estábamos enfrentando a un campeón mundial. No importa hace cuánto tiempo lo consiguió. Ese equipo uruguayo tiene la casta y el temperamento de los grandes. Cuando íbamos 3-1 y desperdiciamos varias ocasiones les dije a mis asistentes: “Cuidado, nos van a complicar”. Y terminamos pidiendo tiempo.
Gran balance naranja en Sudáfrica, seis victorias en línea…
Es increíble, el equipo se ha comportado de una manera excelente. Los que han sido titulares han dejado todo en cada partido y quienes han ingresado han entrado concentrados. Por momentos no hemos jugado bien, pero el balance general es excelente.
¿Soñaba con llegar a la final?
Sinceramente tenía la ilusión de hacer un buen Mundial, pero tal vez no soñaba, tal vez no creía que fuera posible llegar tan lejos. Con los días, con las victorias, esa esperanza ha crecido y hoy confieso que pienso en levantar la copa el próximo domingo.
¿Qué impresión le dejó Uruguay?
Es un equipo tremendo, que nunca dejó de luchar, de correr. Nos tocó sufrir, porque realmente nunca se rindió. Demostró por qué llegó a la final.
¿Imagina cómo está Holanda?
Claro, todo debe ser felicidad, porque la gente es muy futbolera. Vean cuánta gente vino hasta Sudáfrica a apoyarnos. Llegar a una final, después de 32 años, es algo muy grande para un país tan pequeño”.
¿Qué rival prefiere en la final?
Mi prioridad y la del equipo era que estuviera Holanda. Después, cualquiera de los dos va a ser muy complicado. Ambos han demostrado gran juego y tienen una generación de futbolistas fantásticos.