Rafael Dudamel dice que tiene “las orejas rojas” de tanto estar en conversaciones ajenas. Lo nombran en todos los rumores del fútbol colombiano, pues cuando un puesto en cualquier banquillo queda vacante, o cuando empieza a temblar el cargo de cualquier entrenador en la liga, su apellido es de los primeros en las listas, sobre todo en las de los aficionados. El cariño y el reconocimiento de la gente es algo que agradece, pero, entre la ilusión de los que lo quieren ver dirigir a sus escuadras y la propia expectativa, cada día la ansiedad por volver le va quitando más el sueño. No se afana, pues explica que está esperando a que llegue un proyecto que le mueva la fibra. Sin embargo, reconoce que ya extraña “esa adrenalina” de estar a raya de campo.
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Es natural que el venezolano, dos veces campeón del fútbol colombiano como entrenador, esté en el sonajero de todos los equipos del rentado nacional. En diciembre se dijo que estuvo muy cerca de llegar a Junior. Supuestamente, también el América ha tanteado su posible aterrizaje. Cuando se fue Alberto Gamero, su nombre sonó con fuerza en Millonarios, lo mismo que ha pasado en Santa Fe desde que Pablo Peirano dejó el puesto de director técnico. Es un estratega ganador, de método y trayectoria ampliamente conocida; tiene nivel de selección nacional, pues comandó a Venezuela, y tiene experiencia internacional, porque estuvo en México, Brasil y Chile. Ha triunfado con nóminas jóvenes —llevó a Venezuela a ser subcampeona mundial en la categoría sub-20—, pero también con nóminas experimentadas, como la que encontró en Atlético Bucaramanga y llevó al título de la Liga en el primer semestre de 2024.
La estrella del leopardo, la primera de los santandereanos, fue el ítem más reciente que agregó a su hoja de vida. Dudamel reconoce que, menos de un año después, todavía se le pone la piel de gallina cuando recuerda lo que lograron: “Ese plantel batalló y nunca se entregó hasta que consiguió su recompensa. Recuerdo un día, en medio de uno de los partidos, cuando escuché el himno de Santander. Esa vez le presté atención a la letra y me dí cuenta de que ese himno representaba lo que era ese equipo. Se lo dije a los muchachos: siempre mirar adelante, siempre anhelando lo mejor. Como los santandereanos, siempre en pie de lucha y nunca mirando hacia atrás, sin darse por vencidos”.
La esencia de ese grupo, la identidad del leopardo, contagió a toda una región: “Al principio del semestre, venían a vernos 2.000 o 3.000 personas. Pero, fuimos avanzando y ese grupo empezó a compenetrarse con la gente. Al final, en todos los partidos había 25.000 personas en el estadio. El sentimiento, que fue creciendo poco a poco, era algo muy bonito, de lo más hermoso que me ha tocado. Había mucha alma, era especial. Una pasión inmensa de una ciudad, de una fanaticada, que anhelaba un gran triunfo”.
El cariño que Dudamel se ganó en Santander también le valió para retomar su estatus de técnico apetecido. Con Cali fue campeón en 2021. No obstante, tras la décima estrella, le costó retomar la senda del triunfo. Salió del azucarero peleado con la dirigencia y, después, en el Necaxa mexicano no tuvo su mejor etapa. Cuando llegó a Bucaramanga lo hizo para relanzar su carrera y con esa convicción hizo historia. Por eso, lo quieren la mitad de los equipos importantes en Colombia. Lo mejor es que pocos lo ven con malos ojos, pues en su etapa de arquero también jugó en muchos de ellos, como Santa Fe, Millonarios, América y el verde del Valle, donde es claro ídolo azucarero.
De todas formas, los últimos meses han sido de calma y reposo casi absoluto. Más allá de los rumores, no se ha concretado ninguna propuesta y, mientras tanto, el estratega venezolano está en una pequeña gira por Europa, donde ha visitado las sedes de clubes como Barcelona y Real Madrid.
Días antes de su viaje, El Espectador habló con el estratega venezolano de su futuro, sus pensamientos sobre el fútbol colombiano, la selección nacional y el proceso de Néstor Lorenzo.
La entrevista completa con Rafael Dudamel: “Estoy esperando una oferta concreta para volver a dirigir”
Ya pasaron varios meses desde que salió de Bucaramanga. ¿Cómo se pasan estos días de calma? ¿Si descansa o no ha dejado de analizar y ver fútbol?
¡Nunca se deja de ver y analizar! Principalmente, he mirado con mucho detalle todo lo que hacen mis colegas. Me gusta ver de qué manera se pueden fortalecer o complementar mis ideas. Tengo una cosa clara: la esencia marca la diferencia. Conozco mi estilo, lo que me gusta y lo que busco, pero estos días de calma siempre te sirven para ver nuevas ideas. Con algunas, fortaleces lo que piensas, sobre todo hablando de sistemas. Con otras, agregas cosas diferentes que te pueden servir al trabajar con un grupo.
¿Cómo un entrenador tan apasionado por el fútbol como usted no se vuelve loco después de tantos meses sin dirigir?
Sin duda, la pasión siempre está. Me gusta aprovechar el tiempo, porque cuando se vuelve a entrar en esa tempestad es difícil darse cuenta de lo que pasa alrededor. La intensidad y la adrenalina son altísimas cuando estás dirigiendo, entonces estos momentos de calma sirven para reconectar con tus pensamientos. Sin duda, ya tengo ganas de dirigir y volver a sentir esa adrenalina, pero no me afana; soy paciente.
¿2024 fue el año de su reivindicación como entrenador?
Fue, sin duda, un año que me llevó a reinventarme. Logré entender muchas posibilidades del fútbol y aproveché el material humano con el que contaba. Así alcanzamos el nivel y la forma física adecuada para competir al máximo nivel. Eso es de lo más apasionante que tiene este trabajo de entrenador: saber con qué cuento y cómo puedo llevarlo al siguiente nivel.
No es un tema menor, porque requiere conocer profundamente al grupo y saber cómo puedes amoldarlo dentro de una forma o un sistema que nos haga fuertes colectivamente a todos. Bucaramanga fue para mí, desde todos los sentidos, una gran sorpresa. Fue un equipo en el que me sentí feliz, querido, respetado y apoyado. Eso aumentaba mi compromiso, la identidad que sentí por la ciudad y por el equipo. Cuando llegamos nos tocó conformar un plantel prácticamente desde cero, pero rápidamente le pudimos dar la forma adecuada que nos llevó al título.
¿Lo sorprendió tanto cariño de la gente? ¿Cuándo entendió la importancia de lo que estaban viviendo?
Lo fuimos entendiendo a partir de los partidos, cuando empezamos a ver cómo la ciudad se fue contagiando. También cuando empezamos a entender la historia del club. Eso fue muy importante para compenetrarnos con toda la gente. Muchas veces no se tiene en cuenta la importancia del contexto en un deporte tan pasional como el fútbol. Y todo lo que rodeó a ese equipo fue un sentimiento imborrable y difícil de repetir.
¿Y por qué soltar todo eso? ¿Por qué dejar todo eso atrás y tomar la decisión de que las cosas debían terminar?
Todas las relaciones, todos los amores y todos los sentimientos bonitos, tienen su final, su etapa de duelo. Así es la vida y, en el fútbol, o en el trabajo, uno también debe entender los momentos de llegar y también los momentos de salir.
Un entrenador también es un ser humano. Y, por mi parte, el ser humano necesitaba sentir la fortaleza y el amor de mi casa, que fue por lo que terminé apostando. Por eso fue la no continuidad en Bucaramanga. Mis hijos, mi esposa y mi hogar ya me pedían a gritos. Había sido un año laboralmente muy bonito, pero en casa había un vacío que necesitábamos llenar y atender. En la vida no todo es trabajo.
Ya pasaron algunos meses desde ese adiós, pero en el camino hubo muchos rumores. Por ejemplo, en el caso de Millonarios, ¿fue real la propuesta?
Hubo mucha expectativa, pero nunca hubo nada real. Tengo un pasado con Millonarios. Fue una etapa como jugador muy bonita, que terminó con el único título internacional que tiene el equipo. La gente me recuerda de ahí y me tiene cariño. Pero algo real, una negociación concreta, nunca existió.
Su nombre siempre está en la lista de candidatos de los equipos. América, Junior, Santa Fe, por decir algunos.
Y me honra, agradezco el cariño y el reconocimiento de la gente, que siempre me manda muchos mensajes. Soy consciente de los rumores, me llega todo. Por ahora estoy tranquilo, esperando una propuesta concreta.
En una entrevista reciente usted dijo que el fútbol colombiano le dio toda su carrera, ¿por qué?
Lo voy a sintetizar. Una vez un amigo me dijo: “¿Sabes por qué no jugaste en Europa? Porque no lo deseaste. Siempre deseaste estar en Colombia”. Pienso que es cierto, este país es el lugar en el que siempre quise estar.
Yo crecí viendo a los grandes referentes del fútbol colombiano, partiendo por Valderrama, Higuita y esa generación dorada, tan exitosa. Fue la que marcó el inicio de mi carrera. Yo seguía muy de cerca a este país desde que soñaba con ser arquero. ¡Todo! Equipos, entrenadores y jugadores colombianos. Mi vida familiar y profesional ha estado tan ligada a Colombia porque fue el lugar donde, desde pequeño, anhelé estar.
¿Y cómo lo analiza el fútbol de ese entonces, cuando fue jugador, comparado con el de ahora, ya como entrenador? ¿Qué cambios ve o cuál ha sido la evolución del fútbol colombiano?
A nivel de estructura ha cambiado muchísimo y para bien. Negar la evolución del fútbol colombiano es una terquedad. En el juego, también. Desde siempre, ha sido muy táctico, muy organizado dentro del campo, pero ha cambiado por la exigencia del fútbol moderno en cuanto a lo físico.
Hoy, en el fútbol colombiano no se acumulan tantos pases como antes. Se ha entendido que el futbolista requiere una disciplina más férrea para estar siempre a la altura del fútbol moderno, sin desacreditar su talento o su creatividad.
Obviamente, falta mucho. Al tocar ese tema, se termina siendo redundante, pero es evidente que los retos son demasiados. Se nota cuando los equipos van afuera. En eso, tal vez, se ha ido para atrás, falta volver a esa competitividad internacional. Sin embargo, el talento siempre ha estado y está.
¿Por qué estamos acumulando tantos fracasos internacionales en cuanto a clubes?
Son muchos factores. Por ejemplo, hay algo urgente y es que es necesario internacionalizar más a nuestros clubes. Volverlos más competitivos desde la institucionalidad y la preparación. Hay que jugar más afuera, hacer más pretemporadas en otros países y ganar ese roce. No obstante, internamente, también hay que mejorar. Por ejemplo, los minutos de juego del torneo local pueden y deben ser mayores. Se juega con muchas pausas en Colombia.
Y, obviamente, el aspecto económico también influye. La brecha económica con otros países te habla de poder traer extranjeros de mayor calidad, de pagar mejores salarios. Sin embargo, el tema del dinero no me parece el más urgente; no siempre pagar mejor y tener mejores jugadores significa ser más competitivo. Y una cosa que hay que tener en cuenta es que, en promedio, el futbolista colombiano está bien remunerado. Al comparar con otros países se ve el panorama. El asunto, en mi opinión, está más en el nivel deportivo y la competitividad de los equipos.
¿El panorama cambia en las selecciones? Al menos, en el proceso de Néstor Lorenzo, la selección de Colombia sí es competitiva.
Ese es un buen ejemplo de que Colombia tiene talento para competir. Lo vimos también recientemente en la selección sub-20.
¿Cómo ve esa camada?
Me gustó y me dejó tranquilo. Colombia demostró que tiene una generación para hacer un buen relevo, con un equipo competitivo en todas las líneas. Auguro que la selección no va a sufrir esa transición entre generaciones que para algunas selecciones es tan complicada. No creo que pase acá, al menos por lo que se demostró en el Sudamericano. Vamos a ver cómo les va en el Mundial de Chile.
Y volviendo al equipo de Néstor Lorenzo, ¿cómo ve el proceso de la selección rumbo al Mundial de 2026?
El proyecto del profesor Lorenzo se ha consolidado rápidamente por su inteligencia, experiencia y capacidad. Es un entrenador que gestiona muy bien el talento y es evidente la consistencia del equipo. Estamos hablando de la capacidad de un grandísimo entrenador, un gran líder, que sabe gestionar muy bien la materia prima —el futbolista— y ha establecido una competencia muy amplia en la selección sin perder el alcance de los buenos resultados.
El bache de los últimos partidos ha puesto a dudar a algunos…
Hoy se está en un bache. Tienes razón, pero esto es una eliminatoria. Es como un campeonato nacional, lo normal es que estos momentos sucedan. Hay que ponerle menos drama y analizar más las situaciones; como te decía, los contextos. Ahora hay un bache, pero en eliminatorias todas las selecciones lo viven. No hay dudas de que Colombia se va a clasificar al mundial y, más bien, tiene que aprovechar estos momentos de duda, después del último par de partidos, para aprender de todo lo que le pase ahora. Todos estos problemas que le han surgido al equipo en el último tiempo le servirán para llegar mejor preparado a la Copa del Mundo.
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