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Como si se tratara de un técnico brasileño en vez de ser un producto genuino de la Argentina, José Pékerman relanzó a los laterales en la selección de Colombia. Fueron fundamentales en las eliminatorias. Por las bandas, el equipo nacional obtuvo ganancia con Camilo Zúñiga y Pablo Armero. Sin embargo, el antioqueño se perdió los últimos partidos, el juego de clasificación ante Chile y los amistosos disputados en los Países Bajos. Una lesión en la rodilla que sufrió el año pasado lo dejó fuera de carrera. Tardó siete meses en volver a ser convocado por Rafa Benítez, entrenador español del Nápoli. Y mientras en Italia se dice que puede llegar a irse al Barcelona, lo único que Zuzu desea es completar noventa minutos. Esta tarde, frente a Senegal, tendrá su oportunidad.
Durante varios meses, a Zúñiga lo atravesó la misma incertidumbre que a Falcao. No podía asegurar su presencia en Brasil. Incluso, en las últimas semanas de recuperación tuvo una involución. Y más allá de que el médico del Nápoli, Alfonso de Nicola, juró y perjuró que no se había apurado con la rehabilitación, el propio jugador reconoció que le jugó en contra la ansiedad. Claro que en el Sofitel de Cardales, búnker de Colombia en esta ciudad, la sonrisa reapareció en el rostro del lateral derecho que surgió en las inferiores de Nacional y pegó el salto a Europa para jugar en el Siena y, más tarde, surcar el andarivel derecho del equipo que enamoró Maradona.
¿Cómo se encuentra en esta vuelta a la selección? ¿Esperaba con ansiedad llegar a la concentración?
Me siento bien. Lo importante era comenzar de la mejor manera, poner el pie en Argentina y ya empezar a pensar el Mundial. Se hizo una buena recuperación y, con la ayuda de Dios, espero estar entre los 23 jugadores.
En todo ese tiempo que estuvo trabajando para recuperarse, ¿pensó que los plazos no le iban a permitir estar disponible?
Nunca perdí la fe de que iba a estar en condiciones físicas. Trabajé de mañana, día y noche para recuperarme. Hice un esfuerzo grande. Ese era el sueño mío, poder estar en Brasil. Es un privilegio, teniendo en cuenta que Colombia hacía mucho tiempo que no jugaba una competición de esta naturaleza. Gracias a Dios, fui convocado.
¿Por qué se demoró la recuperación? Rafa Benítez lo convocaba, pero no lo ponía.
Eran decisiones que tomaba el cuerpo técnico. Yo ya venía trabajando para que, en el momento que decidieran ponerme, estuviera a la altura. Para mí era importante jugar, aunque sea uno o cinco minutos. Necesitaba empezar a agarrar confianza y ritmo. Volver a sentirme útil. Y aunque no me convocara entre los titulares, nunca bajé los brazos. Por el contrario, seguí incrementando la carga del trabajo. Y, gracias al Señor, la rodilla y la pierna me responden bien.
¿Habla con Falcao del tema? Los dos vinieron con una lesión y es factible imaginar que están ansiosos por recuperarse.
Al principio es difícil tratar de manejar la ansiedad. Mucho más complicado es quedarse tranquilo, teniendo en cuenta que hay un Mundial por delante. Creo que eso fue lo que me puso más nervioso y por eso demoré más en estar listo. Trataba de apresurar los tiempos y daba dos o tres pasos atrás. Quería ir cogiendo el nivel para estar en el Mundial. Pero tuve esa paciencia en el último tramo de la rehabilitación. Con Falcao hay un apoyo mutuo, permanente, es un jugador importante para nosotros.
El fútbol colombiano necesita los laterales, Pékerman les dio protagonismo y por eso han brillado en las eliminatorias. Usted será pieza fundamental. ¿Lo siente de esta manera?
Han sido vitales los laterales para Colombia. Y eso creo que tiene que ver con el hecho de que supimos aprovechar las bandas, lastimamos mucho por los costados.
¿Y cómo está Armero, que tuvo una destacada labor en el Nápoli, pero no jugó tanto en el West Ham de Inglaterra?
La cuestión es que cuando viene acá, se transforma. Ese loco coge el nivel… En la selección lo ves jugar y lo hace tranquilo, juega con soltura, así que por ese lado no me preocupa. La camisa de la selección le va muy bien.