En el contexto que sea, el clásico entre Real Madrid y Barcelona siempre será un gran espectáculo. Desde un amistoso de pretemporada ante más de 80.000 aficionados, como el de agosto pasado en Dallas, hasta los dos que están próximos a jugarse: uno este sábado, desde las 3:00 p.m., por la final de la Copa del Rey, y el otro el 11 de mayo en Montjuic, por la fecha 35 de la Liga de España.
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No se trata solo de una rivalidad con 123 años de historia, pues se enfrentaron oficialmente por primera vez el 12 de mayo de 1902 en la semifinal de la Copa del Rey, con victoria 3-1 para los merengues, sino de un choque de ideologías, culturas, modos de actuar y hasta idiomas.
Están hechos el uno para el otro. Se podrá discutir cuál es mejor, pero es imposible poner en duda la grandeza de ambos. Son los clubes de fútbol con más títulos internacionales (25 el Madrid y 19 el Barça) y ocupan los puestos cuatro y cinco (106-100) en trofeos totales, superados solo por Celtic y Glasgow Rangers (119-118), que nunca han tenido rivales en los torneos en Escocia, y el Linfield (117), ganador de casi todo lo disputado en Irlanda del Norte en siglo y medio.
Dos de las marcas deportivas más importantes del mundo
Además, Barcelona y Real Madrid son dos de las empresas deportivas más prestigiosas y lucrativas del planeta, cada uno con cientos de millones de hinchas en todos los rincones el mundo y una imagen tan reconocida como las de Apple, Google, Microsoft, Amazon, Coca-Cola o McDonald’s.
El balance de sus enfrentamientos oficiales es parejo. El cuadro blanco ha ganado 106 veces, por 102 del azulgrana y 51 empates. 438 goles merengues y 428 culés. Sin embargo, el dominio de los catalanes ha sido absoluto en esta temporada. El amistoso de pretemporada lo ganaron 3-0 con anotaciones de Ousmane Dembelé (antes de que se fuera al PSG), Fermín López y Ferrán Torres. Luego, en la fecha 11 de la Liga, se impusieron 4-0 en el Santiago Bernabéu, con doblete de Robert Lewandowski y goles de Lamine Yamal y Raphinha. Para completar, el 11 de enero, en la final de la Superliga que se jugó en Arabia Saudita, Barcelona volvió a dar cátedra y se impuso 5-2.
Es por eso, y sobre todo por el gran desempeño futbolístico que han demostrado en el último tiempo bajo la dirección del técnico alemán Hansi Flick, que los azulgranas llegan como favoritos a la final de la Copa del Rey 2025, que se jugará el sábado en el estadio La Cartuja, de Sevilla. Además, los merengues han tenido una campaña para el olvido, con bajo desempeño de sus principales figuras, encabezadas por Kylian Mbappé, Vinícius Jr. y Jude Bellingham. Claro, también han influido las malas decisiones del entrenador Carlo Ancelotti, errático como pocas veces en el banquillo.
Hay tanto en juego en una final, que ambas instituciones utilizan todas sus herramientas para sacar provecho. Ayer, en el canal Realmadrid Tv, el club blanco armó una polémica al criticar al árbitro designado para el duelo, Ricardo de Burgos Bengoetxea, quien de manera inusual respondió a las acusaciones en una emotiva rueda de prensa en la que se defendió y denunció el constante acoso al que son sometidos él y sus colegas.
Aunque Real Madrid amenazó con no jugar, la Real Federación Española de Fútbol no cedió a las presiones para cambiar al juez, quien se espera de el pitazo inicial de una final que podría definir el futuro cercano de ambos clubes.
El Madrid, eliminado de la Champions League, necesita ganar la Copa para maquillar su discreta campaña y recuperarse anímicamente con el fin de seguir peleando la Liga, en la que está a cuatro puntos del Barcelona. Su próximo objetivo será el Mundial de Clubes, en Estados Unidos, a mitad de año.
Barcelona quiere un nuevo triplete
Barcelona, que ya ganó la Superliga, aspira a un nuevo triplete, porque tiene buenas opciones de conquistar Copa, Liga y Champions League, donde enfrentará al Inter de Milán en una de las semifinales; no obstante, para lograrlo tendrá que poner a prueba su resistencia, pues en 20 días se jugará seis finales: Copa y Liga contra el Madrid, las dos con los italianos y ante Valladolid y Espanyol por el torneo local. Y aunque su plantel es joven y no tiene bajas de consideración, la inexperiencia podría pasarle factura, más allá de que la mayoría de sus jugadores se han formado con la exigencia y el ambiente extremadamente competitivo de La Masía.
Un nuevo triunfo ante el Madrid no solo serviría para humillar de nuevo a su más enconado rival, sino que les daría a los jugadores la confianza que necesitan para la parte definitiva de la campaña.
Perder no debería cambiar sus otros objetivos, Champions y Liga, pero sin duda significará un golpe anímico difícil de asimilar. Claro que sería una derrota mucho más dolorosa para el alicaído Real Madrid, que, tras haber sido campeón de Europa hace menos de un año, podría cerrar la temporada con las manos vacías; algo inusual para la institución, su entrenador y sus estrellas.
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