Marcin Oleksy: el ganador del Puskas que recuperó lo que un día creyó perdido
El polaco hizo historia al ser el primer futbolista amputado en ganar el premio al mejor gol del año. Su historia, desde el accidente en 2010 en el que perdió una pierna hasta su reconocimiento por encima de jugadores como Richarlison y Dimitri Payet.
Fernando Camilo Garzón
Fue un 20 de noviembre de 2010. Ese día la vida se le quebró a Marcin Oleksy. Tenía 23 años y trabajaba en una empresa dedicada a las obras viales en su natal Polonia. Fue un accidente en plena jornada. El carro que lo atropelló llegó de la nada y él no había alcanzado a verlo porque venía en contravía. El impacto no fue tan fuerte. El problema fue que golpeó una máquina que le cayó directamente a su pierna izquierda. Oleksy se derrumbó sobre el pavimento, un golpe seco que le cambió la vida.
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Fue un 20 de noviembre de 2010. Ese día la vida se le quebró a Marcin Oleksy. Tenía 23 años y trabajaba en una empresa dedicada a las obras viales en su natal Polonia. Fue un accidente en plena jornada. El carro que lo atropelló llegó de la nada y él no había alcanzado a verlo porque venía en contravía. El impacto no fue tan fuerte. El problema fue que golpeó una máquina que le cayó directamente a su pierna izquierda. Oleksy se derrumbó sobre el pavimento, un golpe seco que le cambió la vida.
En ese momento, no le dolía. Sin embargo, vio su futuro tan indescifrable que le partió el alma. Un vacío le recorrió todo el cuerpo, como la incertidumbre ante la vista del vacío. Sí, gritaba, lo recuerda. Pero porque le aterraba lo que venía. Sobre todo, la muerte.
“En ese momento no sentí dolor. Simplemente, tuve miedo de preguntarme si viviría o moriría”, le dijo en entrevista a la FIFA cuando se conoció que estaba nominado al premio Puskas 2022, el reconocimiento que finalmente se llevó en la gala celebrada el pasado lunes en París.
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Arriba en el escenario, frente a las estrellas más grandes del fútbol, Marcin Oleksy se emocionó al recibir el premio. Los otros nominados tenían buenas chances, sobre todo el brasileño Richarlison, que anotó una pintura contra Serbia en el Mundial de Catar. Era un gol soñado que, no obstante, fue vencido por la chalaca del polaco Oleksy. Sus ojos, incrédulos, no se apartaban del galardón que tenía en las manos y que le entregaron dos gigantes: Alessandro Del Piero y Carli Lloyd. Y ahí, en su cima, se acordó de su familia, en especial de su hijo, el que lo hizo levantarse.
Cuando ocurrió el accidente y le confirmaron que le apuntarían toda la parte inferior de su pierna izquierda, Marcin Oleksy primero sintió un alivio. De la duda por su futuro, la incógnita de mantenerse con vida, el polaco pasó a la calma de que al final lo único que perdió fue su pierna. Pero, eso era un mundo. Ahí, vino la depresión. La sensación de sentirse inútil. El darse cuenta qué dejaba atrás. Su esposa esperaba a su primer hijo, y le rompía el corazón imaginar que nunca podrían jugar juntos al fútbol, su mayor pasión.
La tristeza fue momentánea, por la fortuna de su hijo nacido meses después de la tragedia, Oleksy se reafirmó en su espíritu. Lo alentaba el sueño de, en los años siguientes, levantarse para poder ir con su niño al estadio. Compartir con él el amor por la pelota. El futuro, que veía tan nublado de dudas, se iluminó con la certeza del amor a su primogénito.
Marcin Oleksy nunca jugó como profesional, más allá que desde pequeño siempre quiso emular a su ídolo de infancia: Iker Casillas. Quiso ser como él, pero no lo logró. Sobre todo porque avanzó el tiempo y de la portería terminó en la delantera, un proceso que en el fútbol suele ir a la inversa. Nunca alcanzó su meta de llegar primera y por eso terminó dedicado al mundo de la construcción, mientras el balompié nunca dejó de ser un pasatiempo.
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Aunque estuvo tentado, por la frustración de creer que nunca podría volver a patear un balón, jamás se olvidó del fútbol. Volver a jugar siempre estuvo en su mente desde que empezó su recuperación.
Lo primero fue adaptarse a la silla de ruedas, en la que tuvo que estar por dos años antes de que le pusieran la prótesis. Después vinieron las muletas, la adaptación a su nueva vida y el sueño de regresar al fútbol, que llegó en 2019, nueve años después de perder su pierna. Y ese momento lo vivió con Tomasz, su hijo, con quien pateó una pelota de nuevo, que se sintió como la primera de su vida, como la de la infancia, como la de los anhelos.
Motivado por recuperar todo lo que un día creyó perdido, Marcin Oleksy volvió a entrenar. No abandonó su trabajo y siguió ligado a la construcción, pero mientras tanto empezó a brillar en la liga polaca de fútbol de amputados. Tanto que lo llamaron a la selección, en la que se ha ganado un puesto y es un referente.
Su entrenador en el combinado polaco, Artur Kurzawa, reveló que Oleksy le dijo que 2022 iba a ser su año. No esperaba, con la nominación y posterior victoria en el Puskas, que su consagración llegaría en la gala del “The Best”. “Él está motivado para ser el mejor. Hace un año estábamos hablando en un bar y me dijo: ‘Este va a ser mi año’. Y solo llevamos unas semanas de 2023 y ya ganó uno de los premios más importantes del fútbol”.
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Su gran momento llegó en la liga de amputados de su país. En esa tarde en la que, durante el partido entre su equipo, Warta Poznan, frente al Stal Rzeszow, se levantó en el aire apoyado de sus muletas para responder el centro de su compañero con una volea que metió el balón la escuadra de la portería contraria.
El gol se viralizó. Por la historia del jugador polaco, por sus circunstancias, pero también por la tremenda calidad del tanto. Su nombre en la terna al mejor gol del año sorprendió, pero todavía más su victoria en la misma noche en la que se festejó a Lionel Andrés Messi como el mejor jugador del mundo, tras el mundial que ganó con Argentina en Catar 2022.
Fue un momento inexplicable para Oleksy, que no imaginó 13 años atrás cuando esa máquina le quitó su pierna. Y tampoco, tal vez, cuando era niño y admiraba a Casillas, o cuando creció y lo obnubilaba la figura de Lewandowski, otro de sus referentes. Pero cuando todo parecía perdido, Marcin Oleksy con su premio Puskas demostró, con la fuerza de su ejemplo, el valor que tiene superar el miedo. Aun cuando no hay respuesta y, como cantaría Mercedes Sosa, son esos momentos en los que entregamos nuestro corazón.
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