Entre inundaciones y sequías: impactos del clima extremo en el agro
Las lluvias torrenciales o los récords en temperaturas altas están modificando drásticamente los procesos de cultivo y cosecha en todo el planeta. Recientemente, las inundaciones en Brasil y las sequías en el sureste asiático muestran las amenazas de los climas extremos para millones de pequeños productores agrícolas.
El impacto y la ferocidad de fenómenos como El Niño y La Niña se sienten cada vez más en un mundo que no para de calentarse, como parte de la crisis climática en la que está inmerso el planeta.
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El impacto y la ferocidad de fenómenos como El Niño y La Niña se sienten cada vez más en un mundo que no para de calentarse, como parte de la crisis climática en la que está inmerso el planeta.
Los científicos advierten con frecuencia que el cambio climático provocado por el ser humano ocasionará canículas más frecuentes, más largas y más intensas, por ejemplo.
En Colombia, el presente Niño (que ya se encuentra en su última etapa) no tuvo impactos fuertes sobre los precios de los alimentos en general, aunque sí hubo golpes para productores de varios sectores.
La disminución de las lluvias, especialmente en la región Caribe, Andina y Orinoquía, afectó la producción de cultivos como el arroz, el maíz, el café y el cacao, de acuerdo con Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali.
Según datos compilados por las secretarías de Agricultura de 24 departamentos, por la falta de agua, se registraron problemas en más de 200.000 hectáreas de cultivos agrícolas en el país. Por esta misma razón hubo afectaciones en más de 800.000 hectáreas de pasturas.
En la medida en la que El Niño se ha ido debilitando, el Ideam advierte que hay una probabilidad de más de 60 % (y en aumento) de que entre junio y agosto se desarrolle una Niña en Colombia, lo que traería un régimen extra de lluvias.
“Se espera que las precipitaciones sean sostenidas en todo el país. Si se da con mucha intensidad, se van a dañar los suelos, aumentarán las enfermedades y se reducirá la productividad para el segundo semestre del año. Cuando llueve de más se afectan las vías terciarias, hay derrumbes, bloqueos y se da la imposibilidad de sacar productos o de entrar los insumos”, de acuerdo con Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).
El aterrador panorama de Brasil
Campos y máquinas bajo el agua, carreteras cortadas, áreas ganaderas completamente anegadas y depósitos inaccesibles... Las lluvias que azotaron el sur de Brasil costarán caro al sector agrícola, motor de la economía local y nacional, ya afectado por el clima extremo.
Brasil es un gigante agrícola global, particularmente por sus cultivos de soya, de la que es el primer productor y exportador mundial.
El estado de Rio Grande do Sul, afectado desde la semana pasada por inundaciones históricas, es una de las principales regiones brasileñas productoras de esta oleaginosa, también esencial para la ganadería.
Este estado sureño contaba con tener una cosecha récord de más de 22 millones de toneladas de soya este año, pero el mal tiempo podría afectar hasta cinco millones de toneladas, según cálculos de la consultora Safras & Mercado reportados por la agencia AFP
Aunque Brasil mantenga su rango mundial como productor de soja esta temporada, las inundaciones reducirán sus resultados.
Ya hay previsiones de una merma con respecto a 2023 debido a episodios anteriores de fuertes lluvias en el sur, así como una grave sequía en el centro-oeste.
El arroz, un cereal esencial en la dieta diaria de los brasileños, también es motivo de preocupación. Rio Grande do Sul es, con diferencia, la principal región productora del país, con 6,9 millones de toneladas el año pasado.
Según los expertos, estas lluvias torrenciales, como otros eventos climáticos extremos ocurridos en los últimos tiempos en Brasil, están vinculadas al calentamiento global, al que se suma desde el año pasado el impacto del fenómeno meteorológico El Niño.
Para el ingeniero agrónomo Eduardo Assad, que estudia los efectos del cambio climático en la agricultura, Brasil “comenzará a sufrir fuertes pérdidas de cosechas” y su producción podría verse “amenazada” si el sector no toma las medidas necesarias de protección del suelo y la biodiversidad.
En el otro extremo de la balanza: los efectos de la sequía
El Sur de Asia y el Sudeste atravesaron estas últimas semanas una ola de calor extremo tras largos meses de sequía. En algunas regiones de Camboya, el termómetro alcanzó los 43 ºC.
La pimienta de Kampot, apreciada por los grandes chefs del mundo por su aroma especiado con notas florales y mentoladas, es considerada como el caviar de la pimienta, vendido en las tiendas de alta gama por unos 215 dólares el kilo.
Su escasa producción -120 toneladas el año pasado-, se concentra en una pequeña región cercana al golfo de Tailandia. La Unión Europea le concedió en 2016 la etiqueta de Indicación Geográfica Protegida (IGP).
Estas condiciones climáticas son casi que una sentencia de muerte financiera para los cientos de pequeños productores de este producto altamente especializado.
La larga sequía y las temperaturas extremas registradas recientemente en Camboya dejaron un panorama de desolación en la plantación de pimienta del agricultor Chhim Laem, en la región meridional de Kampot, con hojas parduzcas y racimos de semillas muertos.
El agricultor menea la cabeza, decepcionado, mientras atraviesa la plantación devastada, que anuncia una cosecha prácticamente nula. “Hace mucho calor este año, no llueve y no tenemos agua para regar las plantas [...] por lo que han perecido”, le dijo Chhim Laem a la agencia AFP.
Chhim Laem, de 55 años, adquiere normalmente 1.000 dólares al año de ingresos con su plantación, pero este año, el peor para el agricultor, la cifra está cerca de cero. “Me entristece profundamente, pero no sé qué hacer”, lamenta.
Laem perdió estas últimas semanas el total de sus plantas de pimienta debido al cambio climático, que en esta región provoca un excesivo calor y muy pocas lluvias.
La reputación mundial de la pimienta de Kampot se remonta a la época colonial francesa, cuando se exportaba ampliamente antes de desaparecer prácticamente bajo el régimen comunista de los Jemeres Rojos en los años 1970-1980.
La producción aumentó de nuevo en los últimos años y la pimienta se encontró en las mesas de los chefs más reconocidos del mundo. Pero los cultivos de pimienta se ven ahora amenazados por el cambio climático.
Este año, el rendimiento se reducirá a la mitad, según Kann Sinouch, presidente de la Asociación de Promoción de Pimienta de Kampot, y las exportaciones podrían sufrir una escasez en 2025.
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