¿Cómo salir del hueco del bajo crecimiento económico?
Los malos datos del PIB abrieron una serie de preguntas acerca de cómo se puede volver a crecer no solo en 2024, sino a mediano plazo. Gran parte de la solución incluye mejorar el panorama de la inversión que, a su vez, requiere más trabajo entre lo público y lo privado.
Santiago La Rotta
Los resultados del PIB de 2023 revelados esta semana por el DANE bien se podrían leer como un temblor: nadie los esperaba y lo que vino después fue algo de confusión y miedo.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Los resultados del PIB de 2023 revelados esta semana por el DANE bien se podrían leer como un temblor: nadie los esperaba y lo que vino después fue algo de confusión y miedo.
Con un crecimiento anual de 0,6 %, el resultado estuvo por debajo de todas las proyecciones, incluyendo la más pesimista (CEPAL, 0,9 %) y cortado justo en la mitad de lo que el Ministerio de Hacienda esperaba (1,2 %).
El resultado del trimestre se rajó aún más, pues se ubicó en 0,3 %, cuando se esperaba que estuviera alrededor de 1 %. Así mismo, el DANE revisó a la baja las cifras de los primeros tres trimestres del año, lo que contribuyó a hundir más el resultado general de 2023.
Entre las causas de la desaceleración en el PIB de 2023 respecto al del año anterior, el reporte del DANE dejó ver que el sector que más cayó fue la construcción (-4,2 %). Piedad Urdinola, directora de la entidad, resaltó que están entrando menos viviendas para vender en el stock nacional. Al respecto, cabe señalar que las cifras de Camacol (gremio de los constructores) indican una caída del 48 % en las ventas de vivienda del año pasado.
Le puede interesar: Las estrategias del Minvivienda para reactivar el sector de la construcción
A los malos resultados también contribuyó la industria manufacturera, con una contracción de 3,5 %. La directora del DANE detalló que esta dinámica negativa tiene que ver con caídas en áreas de preparación, tejeduría, textiles, fabricación de productos y confección de prendas.
El comercio (-2,8 %) se ubicó en la lista de sectores con las caídas más pronunciadas. Urdinola explicó que tanto el comercio al por mayor como el minorista (especialmente este último) tuvieron comportamientos negativos.
Para muchos indicadores de la economía, las comparaciones con el año anterior resultan tan comunes, como necesarias. Y esto aplica aún más cuando se quiere analizar qué pasó en 2023.
Los resultados del año pasado están influenciados por el llamado efecto base de 2022, cuando hubo crecimientos extraordinarios en prácticamente todos los sectores y un resultado del PIB anual de 7,3 %, muy por encima de lo que usualmente registra la economía colombiana. A su vez, los datos de 2022 llegaron luego de las cifras extraordinarias de 2021.
No fueron años maravillosos per se, sino momentos de reactivación y recuperación económica después del coma inducido por la pandemia de 2020 en la economía y, en general, en toda la sociedad.
Parte de lo que muestran las cifras de 2023 es una corrección en varios sectores (comercio, especialmente) frente a las cifras (insostenibles, según analistas) que se dieron en 2022.
Pero lo preocupante de los resultados del PIB de 2023 es que se ubicaron muy por debajo de proyecciones que ya tenían en cuenta este efecto base. Ya no se trata de un ajuste, sino de un resultado realmente malo.
También: PIB de 2023: la economía colombiana pasó raspando el año y genera preocupaciones
Leche derramada: ¿qué viene para 2024?
Si bien el país escapa, por nada, de entrar a una recesión técnica (dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo), la preocupación es por cómo reactivar el motor de crecimiento después de un año de ajuste y ralentización económica.
El punto en común de todos los analistas al hacer el diagnóstico es que las cosas deben cambiar en el terreno de la inversión.
Para BBVA Research, el primer semestre de 2024 será muy similar al cierre de 2023 (o sea, de crecimiento flojo, por decir lo menos), sobre todo en términos de consumo e inversión privada.
La formación bruta de capital y de capital fijo cayeron los cuatro trimestres del año y para el último ajustaron contracciones de 27,2 % y 14 %, respectivamente. Estos son los segundos peores registros de estos rubros en los últimos 15 años. El campeón fue el tercer trimestre de 2023.
Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, dice que “el año pasado fue desastroso para la inversión”. Este es un rubro inquietante no solo por lo que dice de 2023, sino por lo que puede significar para 2024 y, en general, de aquí en adelante. Marc Hofstetter, profesor de la U. de los Andes y columnista de este diario, comenta: “Empieza a abrirse una pregunta preocupante sobre el crecimiento de largo plazo. Una cosa es mirar el año a año. Y otra es preguntarnos cuánto vamos a poder crecer. Lo que vayamos a crecer en 5 o 10 años tiene que ver en buena parte con lo que invirtamos ahorita”.
En esta perspectiva concuerda César Pabón, director de investigaciones económicas de Corficolombiana. “La sorpresa fue la caída en la inversión. Si esta no se reactiva, no habrá una reactivación general de la economía”.
Lea: Así está la salud de la economía colombiana: gráficos para entender el panorama
Pabón argumenta, además, que los resultados del PIB (a pesar de que no se registró un crecimiento negativo en el cuarto trimestre) lanzan una alerta sobre la posibilidad de una recesión.
Para Mauricio Hernández, de BBVA Research, la dinámica económica de 2024 será ir de menos a más. En otras palabras, aún queda al menos un semestre de cifras flojas, si es que no se van a terreno negativo.
En justicia, ninguna proyección da por hecho que el crecimiento de 2024 estará por debajo de 1 % este año. El Gobierno incluso habla de 1,5 %. Pero si algo enseñan los datos de esta semana del DANE es que, como canta Rubén Blades, “la vida te da sorpresas”.
Ahora bien, ¿qué hacer para que este año sea mejor que 2023? Hay una palabra que repiten los analistas: confianza. Seguridad jurídica también aparece aquí y allá, pero confianza se muestra con una insistencia que, más que al discurso, se acerca al mantra.
“El tema de fondo es la evolución de la inversión. Es ahí en donde debe estar concentrado el énfasis de la política pública. Es necesario generar más confianza y eliminar los ruidos alrededor de la eficiencia con la que se ejecuta el presupuesto, por ejemplo. Hay que seguir dando mensajes de claridad”, asegura Mejía.
Hofstetter martilla el punto: “El sector privado juega un papel muy importante en la inversión total de la economía. No veo un trabajo en equipo del Gobierno con el sector privado. Lo que veo es mucho antagonismo y desconfianza del uno al otro. Sin romper esa desconfianza es muy difícil que el sector privado se meta la mano al bolsillo y apueste por proyectos grandes de inversión, que es lo que necesitamos. Hay una narrativa muy imbuida en el sector público actual de desconfianza hacia el privado, que no se va a resolver porque aparezca un número malo en el PIB”.
Por su parte, Bruce Mac Master, presidente de la Andi y cabeza del Consejo Nacional Gremial, anotó: “Es claro que propiciar un ambiente de certidumbre y confianza para la inversión se debe convertir en una prioridad, involucrando a todos los actores del mundo productivo. En esta línea, hacemos un llamado para que se reactiven de manera efectiva los sectores de infraestructura, construcción, salud e industria, que son los más afectados, generando condiciones de seguridad jurídica, confiabilidad, trámites y licencias”.
Poner el énfasis en renglones como la infraestructura y la construcción es parte de una medicina común y muy conocida que se aplica, en especial, para tiempos de bajo crecimiento. Y es una de las medidas a las que señalan analistas y expertos para tratar de que el motor de la economía se prenda de nuevo.
Hay que señalar que resulta casi paradójico que el debate alrededor del PIB (con insistencia en términos como confianza, inversión e infraestructura) llegue pisándole los talones a la discusión sobre el decreto de asignación de presupuesto para obras a escala nacional.
Le puede interesar: PIB de 2023 en Colombia: entre la desazón y la incertidumbre
Si bien la polémica parece resuelta en sus puntos más inmediatos, el Gobierno abrió una conversación acerca de cuáles deberían ser las prioridades de inversión en un país altamente centralizado y desigual (de ahí que aún quedan asuntos pendientes con las vigencias futuras). La discusión, sin embargo, estuvo mediada por incertidumbre, pronunciamientos cruzados, silencios oficiales y una buena dosis de sorpresa y estupor, si se quiere.
Mirando hacia adelante, Mejía asegura que “si bien tomará un tiempo para que nuevas olas de inversión puedan materializarse, el tema más de fondo tiene que ver con proyectos de inversión que se han paralizado, producto de la incertidumbre regulatoria en algunos sectores, en particular el minero energético, vivienda e infraestructura. ¿Quién va a hacer una expansión en un proyecto de infraestructura cuando hay incertidumbre en términos de los peajes o de la apropiación de recursos?”. Y añade: “Hay una oportunidad importante para proyectos que están en cola, pero que no se ha tomado la decisión de invertir por la incertidumbre que hay”.
Pabón se suma, de cierta forma, a esta visión más inmediata de reactivación al asegurar que “hay muchos proyectos de vías 4G o 5G que están trabados, no porque les falte presupuesto, sino por temas de ejecución. Lo que se puede hacer en el corto plazo es resolver los cuellos de botella que hay en estas iniciativas”.
También: “Cifra del PIB 2023 es parte de un proceso de normalización”: directora del DANE
Ahora bien, en este escenario hay que incluir el poco (nulo, dirían algunos) espacio de maniobra del Gobierno para meter más inversión, vía deuda, al sistema. “El FMI lo dijo, tenemos un déficit muy alto. Debemos dejar de apretar el acelerador del gasto público. No veo espacio para tratar de empujar la actividad económica, sino más bien hacer lo contrario”, asegura Hofstetter, quien fue miembro del Comité Asesor de la Regla Fiscal (CARF). Lo que nos deja, de nuevo, en los terrenos de la confianza y el trabajo entre lo público y lo privado.
Para finalizar, hay un par de luces al final de la noche: las bajas proyectadas en inflación y en tasas del Banco de la República quizá impulsen un rebote en sectores como el comercio y la industria (e incluso pueden ayudar a reanimar en parte la construcción). Sin embargo, hay que recordar que, por muchos clamores o pronunciamientos públicos, el Banco está obligado a cuidar la inflación, quizás incluso a pesar del crecimiento económico. En últimas, qué tanto la promesa de un mejor consumo se materialice en 2024 dependerá del ritmo de bajada del IPC.
💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.