“Más del 40% de la población come solo dos veces por día”
Carlo Scaramella, director y representante en Colombia del Programa Mundial de Alimentos, explica que, aunque existen situaciones coyunturales que han acrecentado el problema, la inseguridad alimentaria en Colombia tiene raíces históricas profundas.
Marcela Osorio Granados
Los resultados de dos evaluaciones realizadas por el Programa Mundial de Alimentos entre junio y noviembre de 2022, y cuyos resultados se conocieron esta semana, volvieron a poner sobre la mesa la urgencia de debatir sobre los altísimos niveles de inseguridad alimentaria que hay en el país. Los datos señalan que en Colombia hay por lo menos 15.5 millones de personas en inseguridad alimentaria moderada y severa, lo que representa un 30% de la población. Departamentos como La Guajira, Sucre, Córdoba, Cesar y Chocó evidencian una prevalencia superior al promedio nacional, pero en términos absolutos, el fenómeno afecta a un mayor número de personas en las zonas urbanas.
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Los resultados de dos evaluaciones realizadas por el Programa Mundial de Alimentos entre junio y noviembre de 2022, y cuyos resultados se conocieron esta semana, volvieron a poner sobre la mesa la urgencia de debatir sobre los altísimos niveles de inseguridad alimentaria que hay en el país. Los datos señalan que en Colombia hay por lo menos 15.5 millones de personas en inseguridad alimentaria moderada y severa, lo que representa un 30% de la población. Departamentos como La Guajira, Sucre, Córdoba, Cesar y Chocó evidencian una prevalencia superior al promedio nacional, pero en términos absolutos, el fenómeno afecta a un mayor número de personas en las zonas urbanas.
Carlo Scaramella, director y Representante en Colombia del Programa Mundial de Alimentos, explica cuáles son las características de la población que se encuentra en riesgo, los factores que llevan a que la inseguridad se mantenga y hacia dónde deberían enfocarse los esfuerzos para mitigar el impacto en el corto y mediano plazo.
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Más allá de los factores externos y coyunturales, ¿cuáles son los lados flacos de la producción de alimentos y, por ende, de la seguridad alimentaria en Colombia?
Como punto de partida hay que tener en cuenta que el fenómeno del hambre no se deriva de una causa específica en un momento determinado, sino que es consecuencia, por lo menos en el caso de Colombia, de una combinación de una dimensión histórica del problema que se une a factores y contextos particulares. Hay un fenómeno histórico de pobreza, que se ha ven acentuando en algunas áreas del territorios debido a factores de violencia, conflicto por periodos muy largos que ha provocado una disrupción de los sistemas productivos locales, desplazamiento. Eso se relaciona también al tema de acceso a las tierras y la ausencia del Estado, que son factores que han determinado las dimensiones de la inseguridad alimentaria en el territorio.
De hecho, lo que ha sucedido en algunos de esos territorios es que la economía ilegal la ha suplantado un poquito la economía productiva local, por lo cual el fenómeno de la alimentación en algunas de esas áreas se resuelve a través de la participación de los campesinos en las economías ilegales. Es la única forma de poder sobrevivir, de poder, efectivamente tener un acceso a la alimentación.
Otro eje principal de interpretación es el tipo de desarrollo que se ha querido impulsar en el país, el hecho de que Colombia exporta larga parte de su producción agrícola e importa bienes primarios para la alimentación -como los cereales que tiene un nivel de dependencia tan fuerte del exterior- destaca un modelo de desarrollo agrícola que se ha enfocado mucho en la producción para la exportación y poco en la producción para el autoconsumo.
Ese es un modelo que se ha impuesto en todo el mundo, pero que ahora, a la luz de lo que ha sucedido en los últimos años y del impacto que por ejemplo está teniendo la crisis en Ucrania en términos de alza de precios y disponibilidad de fertilizantes, se ha planteado la pregunta de si es un modelo sostenible para el futuro o si se tiene que reorientar hacia un modelo que pueda ser más inclusivo, más enfocado en los territorios, que pueda tener un nivel de redistribución interna mayor que pueda privilegiar también productos locales y pueda crear nuevas cadenas de valores a partir de la especificidad de los territorios y de las comunidades con sus propios productos nativos.
Sin ideologizar ese discurso, ese es un discurso muy importante porque es un discurso que apunta a la especificidad de Colombia a su cultura, su tradición, su ancestral edad, que en el mundo contemporáneo puede ser un factor competitivo muy fuerte; en vez de uniformar los modelos productivos y los productos, podría ser interesante explorar la capacidad de potenciar la productividad local con un enfoque sobre los productos locales, los productores locales, las comunidades, las mujeres, etc. Ampliar el discurso sobre la alimentación, reconocer la extraordinaria riqueza de este país en términos de alimentos propios, de tradiciones y hacer de esto un punto de fuerza de la del país.
Hay unas brechas que son bastante marcadas en temas de inseguridad alimentaria en lugares como la costa atlántica y la región Pacífica respecto a otras zonas del país. ¿Eso responde a factores determinados que confluyen en esas regiones?
En muchos casos esto responde a la morfológica del territorio: zonas alejadas, con una comunicación muy difícil desde el punto de vista logístico, en donde no se han creado vías terciarias. Es lo que se define como el olvido de algunos territorios. Si se combina eso con una débil presencia del Estado, con la situación de violencia y con ausencia de alternativas económicas de desarrollo, eso explica también por qué hay tal diferencia entre varios departamentos del país.
Y entran ahí también las zonas en las que las economías campesinas se ven obligadas a fusionarse con las economías ilegales…
Nosotros vamos a empezar muy pronto un análisis específico sobre la relación entre cultivos ilícitos y seguridad alimentaria, pero instintivamente, y por la evidencia que ya existe, se puede decir que los campesinos que se encuentran ahorita en esta situación de participación las economías legales lo hacen como estrategia de supervivencia propia del hogar y de la comunidad eventualmente. Eso tiene un fundamento económico en el sentido de que la economía ilegal funciona muy bien y es más segura y tiene menos riesgos que una economía basada en la agricultura, esto en un contexto de conflictos y violencia. Evidentemente es muy riesgoso para los campesinos depender de sus cultivos en una situación de este tipo donde ellos pueden ser desplazados fácilmente, atacados o que les quiten sus productos.
En el caso de los factores externos que han contribuido a la crisis alimentaria, ¿cuál ha sido el impacto de la guerra en Ucrania, por ejemplo, en términos de insumos agrícola?
Primero ha habido un fenómeno de inflación enorme de los productos alimentarios y ha sido exactamente porque ha habido una oferta insuficiente. El costo de los fertilizantes también ha crecido enormemente y eso ha impactado la disponibilidad y el acceso a los fertilizantes por parte de los campesinos. Todo eso ha generado una dinámica de inflación que ha tenido impacto directo en la capacidad de los hogares de poder adquirir y tener acceso a los alimentos. Lo que muestra este estudio es que una larga parte de la población ha tenido que adoptar medidas y estrategias como la reducción de las cantidades de comida -sabemos que más del 40% de la población come dos veces por día- o la reducción de la calidad de los alimentos, que naturalmente puede tener también un impacto en el mediano plazo. Un impacto nutricional, por ejemplo, en la niñez.
¿Precisamente, pensando en términos de la inflación y los precios de alimentos, desde el programa han identificado estrategias para mitigar los efectos en las poblaciones más vulnerables?
Creo que hay muchas componentes y yo pienso que es importante en este momento del país en el que el tema del hambre está siendo discutido y se está debatiendo cuál debería ser la política pública. Es importante abordar este tema en su complejidad, entender que hay dimensiones históricas que se relacionan, por ejemplo, con la tierra, con la reforma rural; así como hay dimensiones coyunturales muy importantes. Hay toda una serie de puntos de entrada para poder incidir en el presente, teniendo en cuenta que algunos de los problemas que se quieren solucionar necesitan tiempo y no se pueden solucionar en una legislatura o un gobierno. Al mismo tiempo hay toda una serie de instrumentos que se pueden poner en marcha que van desde fortalecer e incentivar la producción local, los procesos de empoderamiento de comunidades, soluciones en las cadenas de valores, en la logística, etc.
Y al mismo tiempo hay toda una serie de medidas de gestión pública en los temas de vulnerabilidad, por ejemplo, la expansión y el fortalecimiento de los sistemas de protección social. Eso requiere, y esto es un punto importante, una gran convergencia de pensamientos y la capacidad de funcionar como una máquina con la participación de muchos actores: el Estado, la institucionalidad, las comunidades, y el sector privado, que también tiene que ser convocado a asumir un papel para poder contribuir en la búsqueda de una solución sostenible a todos esos problemas.
¿Cuál ha sido el aporte del Programa Mundial de Alimentos?
Tenemos una serie de programas que desarrollamos en conjunto con la institucionalidad a nivel central, a nivel territorial, con las comunidades. Y tenemos la evidencia de la enorme resiliencia de las poblaciones, las comunidades. En nuestra experiencia de trabajo con asociaciones de mujeres en los territorios hemos tratado de favorecer procesos de empoderamiento, ponerlas en red de proveer soluciones innovadoras para sus producciones, construir tejido social, abrir espacios productivos nuevos y espacios de reconocimiento de la mujer.
Una de las preocupaciones planteadas en el informe estaba relacionada con los efectos que podría tener una ocurrencia del Fenómeno del Niño en el segundo semestre del año. ¿Cuál es el panorama?
Efectivamente la posibilidad de un Fenómeno del Niño en la próxima temporada es algo que nos preocupa mucho porque va a tener una incidencia particularmente en ciertos departamentos. Lo bueno es que tenemos una alerta temprana, una capacidad de preparar una serie de medidas de anticipación y mitigación. Se pueden utilizar las experiencias pasadas para entender la tipología de impacto que este fenómeno puede tener.
Creo que la inversión que nosotros, como programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas estamos haciendo en este momento en el país es apoyar en las respuestas. Nuestro esfuerzo en este momento es acompañar con la generación de evidencia para la toma de decisiones estratégicas y la definición de políticas públicas que tengan la aspiración de poder asegurar que Colombia destacarse como uno de los países que ha conseguido en poco tiempo llegar a resultados importantes en la lucha contra el hambre.
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