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Bernardo Hoyos, el eterno primíparo

En el momento en que usted lea estas líneas Bernardo Hoyos (Bernardino, según la cédula), nuevo premio de Periodismo Simón Bolívar, por su vida y obra, debe estar grabando o conduciendo un programa cultural en la bogotana Emisora de la Tadeo (106.9 FM) que dirige desde 1999.

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Óscar Domínguez G.
09 de octubre de 2008 - 09:35 p. m.
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Nada de lo cultural le ha sido extraño. Todos los días ejerce como “cuentero de la cultura”, mote que le afrijoló su paisano Belisario Betancur. Como los caballeros de la Edad Media, el maestro Bernardo trata de servir a su dama, doña Constanza Montes.  Su gran aspiración es ser recordado como buen padre de Juan Sebastián, alto heliotropo del Gimnasio Moderno. En el nombre de su único vástago  prolongó su devoción por Bach,  el cantor de Leipzig.

Cuando ingresó a la Academia Colombiana de la Lengua, lo hizo de la mano de Woody Allen a quien citó en su improvisación para evocar sus primeros  “días de radio”. El paisa que “acigüeñizó” en agosto 25 de 1934 en la fría Santa Rosa, tierra de monseñores  de mano dura y de chorizos y pandequesos que son para muchos como la magdalena para Proust, no se da aires de escritor. Se declara un cronista sin mayores ínfulas. Dicho de otra forma, es cronista con su voz.

No pierde el tiempo en vanidades pero con cierto estoicismo se ha dejado premiar: tres Simón Bolívar por su activismo en la radio cultural, otro por televisión cultural, premios de la Cámara de Comercio de Medellín, del Ministerio de Educación. Faltaba el galardón por su vida y obra que le acaban de adjudicar en el Simón Bolívar que esperaba, según ha confesado sin modestia.

Practica un oficio que no enseñan en ninguna escuela: es conversador de profesión. Debería cobrar por escucharlo. De una charla con este ilustrado y siempre elegante paisano de Barba Jacob, Tobón Mejía, Francisco Rodríguez Moya, Rogelio Echavarría, Darío Jaramillo Agudelo,  cualquiera sale enriquecido lícitamente.

Tentado por monseñor Félix Henao Botero, Bernardino se inició en la Radio Bolivariana, de Medellín. En vez de capar clase para jugar billar, prefería hacer radio, el medio en el cual le gustaría cerrar su ciclo. “Y el día esté lejano”, como diría su paisano Barba. O ver cine y fundar el cineclub de Medellín en compañía de cómplices como Iván Amaya, manizaleño de todo el Ruiz, presidente de Ascoltex.

Nadie recuerda las ejecutorias de Hoyos como juez promiscuo municipal de su terruño, ni su tesis “El derecho en la España visigótica y la obra jurídica en San Isidoro de Sevilla”, lo que llevó a las amigas de su madre a felicitarla por ese hijo brillante que escribió sobre San “Isidro” Labrador, especialista en quitar el agua y poner el sol. Poco le sirvió su master en derecho comparado en SMU en Dallas, Texas.

A sus años (“no es viejo, hace tiempos es joven”), carga ladrillo con la ardentía del primíparo. De allí su longevidad.
Sus oyentes añoramos  las didácticas mañanas en las que ofició como asesor cultural de Caracol entre 1991-1999. Durante nueve años, Lord Bernardino, hijo y nieto de notario (“he debido serlo”) narró las penas y alegrías del mundo a los súbditos de la Reina Isabel en el Servicio Latinoamericano de la BBC de Londres para el cual trabajó. Habla inglés con un rumor cercano de Santa Rosa.

Don Luis y la costurera doña Olivia Pérez, sus padres,  le inculcaron el amor por los libros. Como en el caso de Borges, Dios se gastó con Hoyos la exquisita ironía de haberle deparado “los libros y la noche”. Durante diez años anduvo a dieta de lecturas por problemas visuales.

Ahora, con su infaltable bastón y una lupa mágica, ha emprendido la relectura de las voluminosas “Memorias de Ultratumba”, de Chateaubriand. Sin abandonar su pasión por Proust, su escritor preferido. También relee a Cervantes que leyó a los 13 años, por imposición materna, y a don Tomás Carrasquilla. Esas lecturas quedan interrumpidas para celebrar el Simón Bolívar.

Le robó tiempo a la HJUT para absolver inquietudes:
 
Y la tierra tembló
 
¿Cuál es su primer recuerdo de niño, ese despertar que le notifica que usted hace parte del planeta tierra?

Un temblor de tierra hacia las once de la noche.  Todo el mundo salió de la casa y volvieron por mí cuando había pasado el temblor.  Nunca supe qué pasó, pero me pareció la larga hilera de la calle real, llena de gente, muy curiosa para la hora.

¿Qué tiene del Hoyos y qué del Pérez?

Todo.

¿Cómo recuerda su memoria el Santa Rosa de Osos de sus primeros años?

Apacible, atardeceres como los de Nápoles. Frío y transparente.

¿De qué tipo son las primeras influencias que recibe?

Lecturas de mi padre.

¿Papá y mamá ¿qué clase de línea le tiraban?

Línea discreta y tolerante.

¿Es de suponer que de niño, los primeros versos que se le quedan grabados en el disco duro son los de Barba Jacob, su
paisano?


No necesariamente, porque era un poeta medio maldito.  El primer verso que recuerdo es: "Patria, te adoro en mi silencio
mudo".

¿Qué ventaja tienen los nacidos en Santa Rosa sobre los demás mortales a la hora de disfrutar poetas como Barba, Rogelio Echavarría, Darío Jaramillo Agudelo?

Ninguna, porque poetas buenos hay en todas partes.

¿O dejaron más huella en usted las homilías de Monseñor Miguel Ángel Builes?

Cuando uno conoce a Barba, y es de Santa Rosa, ya es el poeta que se queda

¿Qué características le ve a su terruño sobre los demás pueblos de Antioquia?

Todos los pueblos son iguales para el cultivo de la imaginación infantil.

En que momento el joven Bernardo se dice: ¿Ya está bien de Santa Rosa: vamonós... y arranca para Medellín?

En 1949

¿En alguna forma es traumático o mágico ese tránsito del campo a la ciudad?

Es normal porque no se trataba de campo, campo, sino de ciudad a ciudad más grande.

¿Pertenece a la cofradía de quienes fueron sacados con espejito de su tierra natal?

No.

¿Ese Medellín que le tocó vivir de estudiante cómo lo describe?

Vital, movido, con buen cine, con buenos conciertos, con muchachas muy bellas y cafés para tertuliar.

Comparando la primaria, el bachillerato y la universidad con los de su hijo Juan Sebastián ¿quién sale ganando?

Cada quien gana según aprovecha lo que se le da para estudiar.  No veo cómo el bachillerato que hice en la Bolivariana podría ser inferior al mejor que se haga hoy. 

¿Por qué opta por la Bolivariana?

Porque un cuñado había estudiado en ella y me recomendó entrar allí.  No me pesa.

¿Qué le llama la atención de la carrera de derecho que tan poco ejercería con el correr del tiempo?

Su visión humanística, y la ocasión que da de entrar a muchas cosas de la cultura.

¿El derecho para qué, maestro Bernardo?

El derecho para tratar de tener una visión de la justicia y practicarla.

Pero la Bolivariana de “Nos” Félix Henao lo enrutó por los caminos de la cultura, la radio... ¿Cómo es ese cuento?

Sí. El rector me dio la oportunidad de entrar a radio Bolivariana.

Primero Santa Rosa, luego Medellín. ¿Qué circunstancias lo llevan a liar bártulos y arrancar para Bogotá?

Este era el centro de la publicidad y por eso me orienté. Medellín ha sido siempre un terreno difícil para quien entra a una empresa y demuestra alguna inquietud intelectual. Eso lo miran como idealismo poco práctico y poco aterrizado.  Con excepción de Carlos J. Echavarría, quien fue mi jefe en Diriventas y después en Bavaria. 

¿Se considera un auténtico bogoteño: mitad bogotano, mitad antioqueño?

No.

¿Comparte esa definición de cultura: “Cultura es lo que queda después de haberlo olvidado todo”?

No de olvidarlo todo, sino lo que resta después de haber leído.


¿Desde su óptica ¿qué es una persona culta?

Quien mejora la condición humana.

¿Sus primeros días de radio fueron a bordo de un Zenith Transoceánico, un RCA Victor, un Telefunken o un General Electric?

Un Philco

¿Se preguntó alguna vez, de niño, por dónde se mete la gente que habla por la radio?

No.

¿Fue fácil para usted hacer el tránsito del radio a la televisión que llegaba en la década del cincuenta?

Fue fácil, porque seguí haciendo algo que creo lo sabía: preguntarle a la gente.

¿Cuáles de esos viejos programas de radio y televisión le alborotan las nostalgias?

Teatro del aire, de Coltabaco.

¿Se dijo por esas calendas: algún día hablaré a través de esos dos chécheres?

¿Por qué no?

¿Se ha sentido más cómodo haciendo radio o televisión?

La radio es menos convencional que la televisión.

¿Estos dos medios no le han dejado tiempo para escribir?

Yo he sabido siempre que no soy escritor.  Apenas un cronista sin intención literaria.

¿Cómo han sido sus relaciones con esas mujer fatal de la cibernética que es la Internet?

Muy malas.  No la utilizo. Sé para qué sirve y quienes me ayudan la utilizan muy bien.

Uno se lo imagina siempre a usted en compañía de su amante, la cultura. ¿En qué tiempo sacó espacio para enamorarse, casarse, tener un hijo?

Todo eso también es cultura: cultura de la vida.

¿Enamoró a su esposa (Constanza) con su pinta o con su prosa?

Nunca supe, pero no fue con la prosa, ni tampoco con la pinta.

¿Fue de los de serenata debajo de una ventana y tal?

No.

¿Su esposa y usted siguen siendo alfiles del mismo color?

Ella es una dama y yo trato de servir a mi dama, como en la edad media.

De pronto Bogotá también le queda chiquito. ¿En qué momento decide salirse del cuero y arrancar para Londres?

Fue ocasión única, en 1971, y la aproveché muy bien, nueve años.

¿Sus mejores y peores recuerdos de la City londinense?

Todos son buenos.


¿No lo calumnio si digo que es usted el único londinense nacido en Santa Rosa de Osos?

Londres me sirvió mucho, pero no cambió mi forma de ser.  No podría definirla, ojalá fuera auténtica.

Un cliché define a Londres como una ciudad siempre lluviosa, de habitantes jartos. ¿qué hay de cierto en todo eso?

Quien se cansa de Londres se cansa de la vida, decía el Dr. Johnson

¿En qué forma la BBC, para la cual usted trabajó, le mejora el currículo cultural?

Yo habría pagado por trabajar en la BBC, para aprender.  Me pagaban bien, aprendí mucho y siempre decir en la vida: "Estuve en la BBC", sirve y se aprecia.

Hablar de Bernardo Hoyos es hablar también de música. ¿Hay un recetario especial para encaminarse por los lados de la música clásica para hablar solo de esta modalidad?

No, oírla siempre con atención y explorar cada día nueva música.

El cine ha sido otra de sus debilidades. ¿Ese matrimonio con la pantalla grande cómo se da?

Mi primera película fue "El gran vals".  Por asuntos visuales no lo disfruto tanto como antes, pero me interesa mucho y es parte de mi vida profesional porque veo cine con ayuda de un asistente, para verlo mejor, y poderlo comentar.

Precisamente en una película que seguramente ha visto muchas veces (Casablanca) Humphrey Bogardt dice que el mundo lleva dos whiskies de retraso. Podríamos decir que lleva dos Dry Martinis de retraso. ¿Nos puede revelar su fórmula para preparar este trago?

Hay muchas fórmulas, cada quien tiene la suya. Es cuestión de intuición y de prueba, al final cada quien da con la suya.

¿Qué libros no ha leído?

Todos con excepción de unos cuantos  que son indispensables para la experiencia de mi vida.  No importa el número que se lea.  Importa sí leer bien y leer lo mejor.

¿Reencarnaría en una radio, un televisor, un libro o una película?

No creo en la reencarnación.

Borges bendijo la ironía de Dios que le dio al mismo tiempo los libros y la luz.

¿Cómo ha manejado el tema de la mala visión que le ha deparado el destino?

Lo importante es leer así sea con lupa y con dificultad.

Lo oye uno a usted muy a gusto en la Emisora de la Tadeo, de la cual es director. ¿Motivos para escuchar su emisora?

Tiene buena música, buenos colaboradores, variedad, trata de estar actualizada, tiene buena radio internacional por satélite.  Y ojalá buen gusto e interés continuo para oyentes que se interesan en este tipo de radio.

Me decía alguna vez que pocas ciudades como algunas colombianas se dan el lujo de tener hasta cinco emisoras culturales. ¿Cómo se da este fenómeno?

Hace cinco años estamos en Internet. Colombia carece de muchas cosas pero es muy rica en buena radio cultural.  Las universidades se han interesado.  La radio Nacional fue muy buena y podría volver a ser muy buena y claro está, vino un caso único en América Latina, armar una emisora privada y comercial como la HJCK.

No lo imagino dedicado al ocio pero ¿qué hace cuando no hace nada?

Leo.

¿Por qué desea que lo recuerden?

Como recomendaba don Jorge Manrique a su hijo: por ser un buen padre de familia y no dejarse dominar jamás por la ira.

¿Qué se le ha quedado entre el tintero?

Todo.

Por Óscar Domínguez G.

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