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Calamaro, palabras más palabras menos

El músico que se hizo famoso con Los Abuelos de la nada y Los Rodríguez habló con El Espectador.

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Juan Carlos Piedrahíta B.
13 de septiembre de 2008 - 08:00 a. m.
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Es un músico de culto. Tal vez nunca se lo propuso, tal vez ni siquiera lo contempló, pero dentro de lo que los mortales llaman destino estaba presupuestado que sería un referente de varias generaciones de melómanos que ven en esta figura delgada, de afro abundante y gafas negras, todo un ídolo sonoro.

Nació en Buenos Aires, aunque podría ser considerado como un ciudadano del mundo gracias a los países que ha visitado y al número inmenso de seguidores que lo aclaman, ovacionan, respetan, admiran e, incluso, idolatran a este compositor, intérprete y productor que se inclinó por la música desde el momento en que su padre le regaló un acordeón cuando ni siquiera había cumplido ocho años.

Pero, sin duda, su música no estaría ligada al instrumento alemán y, aunque pasó tímidamente por la percusión, fueron las guitarras y los teclados las herramientas cómplices que le ayudaron a expresarse mejor.

Figuró en las nóminas de bandas como Raíces, con la que incursionó en el jazz latino, también perteneció a la Chorizo Colorado Blues Band, Elmer’s Band, Trigénimo, The Morgan y Proyecto Erekto, una iniciativa de Héctor Zeta Bosio, que a la postre fue la cuota inicial de la reconocida banda Soda Stereo.

Sin embargo, lo mejor estaba por venir y, sin proponérselo, pisó la entrada del denominado olimpo del rock de la mano de Miguel Abuelo, un veterano de mil batallas que se supo rodear de lo más selecto del ámbito sonoro (el bajista Cachorro López, el vocalista Daniel Melingo, el  guitarrista  Gustavo Bazterrica, el baterista Polo Corbella y, por supuesto, Calamaro) para comenzar un exitoso proyecto llamado Los Abuelos de la nada.

Esta agrupación fue un pilar fundamental para que el argentino se consolidara como letrista y presentara, a mediados de la década del 80, su debut como solista: Hotel Calamaro, que contó con la producción de Charly García.

Ése fue el primero de varios golpes contundentes que propinó el músico. A él le siguieron propuestas experimentales como Vida Cruel, Por mirarte y Nadie sale vivo de aquí, así como colaboraciones especiales en registros de Luis Alberto El Flaco Spinetta, Nito Mestre, Mónica Posse y María Rosa Yorio.    

Los años 90 fueron duros para Argentina y para Andrés Calamaro y por eso se radicó en España. Partió con su maleta llena de ideas y su reconocida inquietud lo llevó a unirse a Julián Infante y Ariel Rot, ambos integrantes del grupo Tequila, para conformar Los Rodríguez. Con esta agrupación publicó tres álbumes en estudio: Buena suerte, Sin documentos y Palabras más, palabras menos.

La capacidad creativa de Calamaro era tal que mientras tocaba con Los Rodríguez, componía algunas letras para ampliar su trayectoria como solista. De esta manera editó dos volúmenes de la serie Grabaciones encontradas, en las que incluyó algunas canciones que había guardado en baúles y cajas que trasteó desde Argentina hasta España.

La banda sonó con éxito en América y Europa, pero Rot y Calamaro, como los máximos líderes, decidieron tomar caminos diferentes, y como despedida de su inmensa fanaticada publicaron Hasta luego, álbum recopilatorio con el que realizaron una gira al lado del cantautor Joaquín Sabina.

Como solista por segunda ocasión, Calamaro repitió triunfo y prueba de ellos son registros discográficos de inmensa divulgación como Alta suciedad, Honestidad brutal, El salmón (trabajo histórico para la industria musical por contener cinco


discos compactos), El cantante (incluye versiones de boleros y temas del cancionero latinoamericano), El regreso, Tinta roja (diez tangos, producido por Javier Limón), El Palacio de las Flores (grabado al lado del veterano Litto Nebbia y su grupo La luz) y, finalmente, La lengua popular, con el que ha sido galardonado en su país como mejor artista de rock, mejor carátula y mejor disco del año.

Es poco lo que le falta por conquistar a Andrés Calamaro, un hombre que ha hecho del rock todo un estilo de vida, y de la música, un pretexto para disfrutar de la vida.

El Espectador entrevistó al argentino y él, palabras más, palabras menos, afirmó estar feliz de presentarse por primera vez ante el público colombiano.   

¿Para Andrés Calamaro qué es más conveniente... enviar ‘Cartas sin marcar’ o estar por el mundo ‘Sin documentos’?

Creo que estamos hablando de distintos tipos de cartas. Nosotros en ese entonces hacíamos referencia a los naipes, a la baraja y al destino. Mejor dicho, nos referíamos a la suerte que decide por nosotros. Estar sin documentos, en cambio, no es metafórico y me parece que es muy poco práctico en este mundo lleno de conflictos.

¿Es posible volver a ver a Los Rodríguez juntos?

Con un poco de esfuerzo y mucha suerte podríamos encontrarnos algunos hombres que formamos aquel grupo durante los años 90.

Usted que ha recorrido tantos lugares... ¿qué tiene su casa en Belgrano que no tenga ningún otro lugar en el mundo?

Es muy curioso porque al comienzo no era mi casa, pero después me la apropié.

¿Andrés Calamaro disfruta más componer que cantar o lo uno es complemento de lo otro?

Después de haber realizado tantas composiciones, en este momento puedo decir sin temor a equivocarme que prefiero cantar bien, me importa más.

¿Le compondría otra canción a Maradona?

Claro. Y no solamente a Maradona, sino a Madonna también.

Dentro de todo ese repertorio que ha compuesto, ¿tiene alguna canción autobiográfica o cuál podría aproximarse a eso?

Tengo muchas canciones que están escritas en primera persona. Por esta misma razón otros argentinos, algunos españoles y latinoamericanos las pueden sentir como propias.

¿Cómo recibió la ortodoxia de su país su entrada al tango?, ¿fue bien recibida su incursión a ese género?

Hice mis primeras grabaciones de tangos hace más de una década y con verdaderos maestros del género que me respetaron y fueron generosos conmigo. No me puedo quejar.


Su hermano, Javier, también grabó un disco de tango justamente cuando salía ‘Tinta roja’ al mercado... ¿Qué opina de ese trabajo, llamado ‘Villavicio’?

Ese trabajo discográfico de Javier me gusta mucho. Lo que más me llama la atención es que  tiene tango y tiene rock, puros y juntos. Eso es maravilloso.

Usted ha interpretado tangos, pero también los ha compuesto... ¿Cómo fue la experiencia de unirse con el reconocido  Mariano Mores, creador de célebres piezas como ‘Uno’ y ‘Adiós Pampa mía’, para crear ‘Jugar con fuego’?

La experiencia de hacer tangos con Mariano fue extraordinaria. Él vive el género en su esencia y eso hace que las cosas salgan bien.

El hecho de dejar la producción de su trabajo ‘Tinta roja’ en manos del español Javier Limón ha hecho que todos esos tangos tengan una estética flamenca. ¿Por qué esta combinación de géneros?

Porque género y tela mal cortada son dos cosas diametralmente distintas y por eso tocaba asesorarse con los que saben.

¿Cuál es el tango preferido de Andrés Calamaro?

Como no soy un especialista, ni un tanguista, sino un simple admirador del género, mis preferidos son quince o veinte.

¿Además de la ‘Copa rota’ existe otra canción colombiana que le haya interesado?

De Colombia me interesa todo y por eso voy a estar con los colombianos dentro de pocos días.

La lengua popular  en Colombia

En los treinta años de vida artística y más de 30 álbumes en el mercado, Andrés Calamaro nunca se había presentado en Colombia. Ahora, para recompensar su larga ausencia, llegará pisando fuerte con tres grandes conciertos en Cali, Medellín y Bogotá. Así, el jueves 16 de octubre, la Plaza de Toros La Macarena, de Medellín, recibirá a este ídolo musical, que interpretará todos los grandes éxitos de carrera. La cita se repetirá en Cali, el sábado 18 en la Plaza de Toros de Cañaveralejo, y el martes 21 de octubre la cita será en el Parque Simón Bolívar de Bogotá.

Para esta gira, “La lengua popular”, que ya lo ha llevado a escenarios de Argentina, Uruguay y España, y ha reunido a más de 100.000 personas, estará acompañado por una potente banda conformada por Julián Kanevsky en guitarra, Diego García en guitarra, Tito Dávila en teclados, Candy “Caramelo” Avelló en bajo, José “Niño” Bruno en batería y Daniel Suárez y Carlos Sbarbati en coros.

Venta: Tu Boleta y taquillas del Teatro Nacional.

Por Juan Carlos Piedrahíta B.

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