D. H. Lawrence: el autor de las relaciones humanas y la sexualidad
El ensayista, escritor, crítico y poeta inglés fue reconocido y criticado por sus obras modernistas, en las que reflexionaba sobre la industrialización y la sexualidad. Fue llevado a juicio por la representación “radical” del amor y el romance en algunas de sus obras.
Mónica Acebedo
“Somos libres de hablar con cualquiera; así que, ¿por qué no vamos a ser libres de hacer el amor con cualquier mujer que nos incline a ello?”. “El amante de Chatterley”.
El inglés David Herbert Lawrence, más conocido como D. H. Lawrence, fue uno de los escritores más transgresores y controvertidos de comienzos del siglo XX. La gran mayoría de su obra explora, de manera novedosa y moderna, temas como las relaciones humanas: “La igualdad mística se encuentra en el mundo de lo abstracto, y no en el tener y en el hacer, que, a fin de cuentas, son procesos. En las funciones y en los procesos un hombre debe estar forzosamente subordinado a otro hombre, una pieza a otra pieza. Es uno de los imperativos del ser” (“Mujeres enamoradas”). De la misma manera se expresan en sus novelas ideas sobre la sexualidad, las pasiones y el deseo. Deja ver una visión del concepto del amor y de la necesidad de integrar los aspectos intelectuales con los puramente carnales. Su prosa es disruptiva, atrevida y presenta una mirada crítica a la Revolución Industrial y sus efectos en las personas: “Los trabajadores luchaban inspirados en su pasión por la igualdad” (“Mujeres enamoradas”). Para eso utliza personajes complejos y con profundidad psicológica. Pero además sus escritos rezuman un lenguaje poético, lleno de imágenes y simbolismo.
Nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood, Inglaterra. Hijo de un minero y una profesora de escuela entre el mundo de las letras, al que lo empujaba su madre, y el de los nacientes derechos de los trabajadores de las minas. Tuvo educación escolar básica, luego trabajó un tiempo en una fábrica y, posteriormente, entró a la Universidad de Nottingham para llevar a cabo sus estudios superiores. Su carrera literaria empezó en 1907 con la publicación de un cuento y, desde entonces, no paró de escribir y publicar. Muy pronto fue reconocido por sus novelas y prosa modernista y atrevida. Escribió novelas, cuentos, poesía y ensayos sobre crítica literaria. Le fue forzoso exiliarse, tuvo que enfrentarse a la enfermedad (tuberculosis) hasta su muerte el 2 de marzo de 1930 en Vence, Francia.
Algunas de sus primeras novelas fueron reconocidas y alabadas por la crítica literaria: “El pavo blanco” (1910) y “El intruso” (1911). Otra novela, “Hijos y amantes” (1913), autobiográfica sobre su juventud y las vicisitudes de clase obrera inglesa. Después viajó por Italia, Australia, Estados Unidos y México, y durante esas largas estadías compuso sus novelas más icónicas que dispararon su éxito y reconocimiento: “El arcoíris” (1915), sobre tres generaciones de una familia, sus pasiones, el matrimonio, la religión y las condiciones sociales; “Mujeres enamoradas” (1920), una prosa compleja y entretenida que yuxtapone las relaciones de dos parejas y la sexualidad con la política y el arte; “La chica perdida” (1920), que relata la vida de Alvina Houghton y su búsqueda por entender su identidad y su lugar en la sociedad que la rodea; “El amante de Chatterley” (1928), la más contraversial de todas, censurada en Inglaterra hasta 1960 y en diversos países por su contenido sexual, que trata sobre una mujer noble, casada con un hombre paralizado de la cintura para abajo, que tiene relaciones extramaritales con el guardabosques de la hacienda de su marido. La novela, además de escandalosa, presenta una visión polémica sobre las masculinidades: “Pero así son los hombres. Ingratos y siempre insatisfechos. Cuando los rechazan, odian porque los rechazan, y cuando se cede, odian también por alguna otra razón. O sin razón alguna”.
Harold Bloom se refiere al autor así: “Lawrence en su cúspide sorprende, mostrando lo que no se puede mostrar. “El arcoíris” y “Mujeres enamoradas” son sus grandes éxitos, igualadas solamente por algunos de sus poemas y por muchas de sus novelas breves. En su guerra interminable entre los hombres y las mujeres, Lawrence pelea en los dos lados. Es magnífico a la hora de contarnos peleas salvajes entre amantes (…)” (“The Bright Book of Life: Novels to Read and Reread”, Knopf, 2020, p. 291, trad, libre).
También escribió cuentos y novelas cortas como: “La muñeca del capitán”, “El zorro”, “La mariquita Inglaterra”, entre otras. Ensayos: “Estudios sobre la literatura clásica estadounidense” y “El caos en la poesía”. Poesías como “Quisiera conocer a una mujer”: Quisiera conocer una mujer / que fuera como una llama roja en una chimenea / brillando después de las agitadas / ráfagas del día /para que pudiera acercarme a ella / en la dorada tranquilidad del atardecer y deleitarme realmente a su lado / sin la obligación de esforzarme a amarla por cortesía, ni la de conocerla mentalmente.Sin tener que sufrir un escalofrío cuando le hablo”.
En resumen, D. H. Lawrence fue un autor complejo y multifacético cuya obra desafió las convenciones de su época. Su exploración franca de la sexualidad, su crítica a la sociedad industrializada y su estilo literario único lo conviertieron en una figura fundamental de la literatura del siglo XX, cuya influencia perdura hasta nuestros días.
“Somos libres de hablar con cualquiera; así que, ¿por qué no vamos a ser libres de hacer el amor con cualquier mujer que nos incline a ello?”. “El amante de Chatterley”.
El inglés David Herbert Lawrence, más conocido como D. H. Lawrence, fue uno de los escritores más transgresores y controvertidos de comienzos del siglo XX. La gran mayoría de su obra explora, de manera novedosa y moderna, temas como las relaciones humanas: “La igualdad mística se encuentra en el mundo de lo abstracto, y no en el tener y en el hacer, que, a fin de cuentas, son procesos. En las funciones y en los procesos un hombre debe estar forzosamente subordinado a otro hombre, una pieza a otra pieza. Es uno de los imperativos del ser” (“Mujeres enamoradas”). De la misma manera se expresan en sus novelas ideas sobre la sexualidad, las pasiones y el deseo. Deja ver una visión del concepto del amor y de la necesidad de integrar los aspectos intelectuales con los puramente carnales. Su prosa es disruptiva, atrevida y presenta una mirada crítica a la Revolución Industrial y sus efectos en las personas: “Los trabajadores luchaban inspirados en su pasión por la igualdad” (“Mujeres enamoradas”). Para eso utliza personajes complejos y con profundidad psicológica. Pero además sus escritos rezuman un lenguaje poético, lleno de imágenes y simbolismo.
Nació el 11 de septiembre de 1885 en Eastwood, Inglaterra. Hijo de un minero y una profesora de escuela entre el mundo de las letras, al que lo empujaba su madre, y el de los nacientes derechos de los trabajadores de las minas. Tuvo educación escolar básica, luego trabajó un tiempo en una fábrica y, posteriormente, entró a la Universidad de Nottingham para llevar a cabo sus estudios superiores. Su carrera literaria empezó en 1907 con la publicación de un cuento y, desde entonces, no paró de escribir y publicar. Muy pronto fue reconocido por sus novelas y prosa modernista y atrevida. Escribió novelas, cuentos, poesía y ensayos sobre crítica literaria. Le fue forzoso exiliarse, tuvo que enfrentarse a la enfermedad (tuberculosis) hasta su muerte el 2 de marzo de 1930 en Vence, Francia.
Algunas de sus primeras novelas fueron reconocidas y alabadas por la crítica literaria: “El pavo blanco” (1910) y “El intruso” (1911). Otra novela, “Hijos y amantes” (1913), autobiográfica sobre su juventud y las vicisitudes de clase obrera inglesa. Después viajó por Italia, Australia, Estados Unidos y México, y durante esas largas estadías compuso sus novelas más icónicas que dispararon su éxito y reconocimiento: “El arcoíris” (1915), sobre tres generaciones de una familia, sus pasiones, el matrimonio, la religión y las condiciones sociales; “Mujeres enamoradas” (1920), una prosa compleja y entretenida que yuxtapone las relaciones de dos parejas y la sexualidad con la política y el arte; “La chica perdida” (1920), que relata la vida de Alvina Houghton y su búsqueda por entender su identidad y su lugar en la sociedad que la rodea; “El amante de Chatterley” (1928), la más contraversial de todas, censurada en Inglaterra hasta 1960 y en diversos países por su contenido sexual, que trata sobre una mujer noble, casada con un hombre paralizado de la cintura para abajo, que tiene relaciones extramaritales con el guardabosques de la hacienda de su marido. La novela, además de escandalosa, presenta una visión polémica sobre las masculinidades: “Pero así son los hombres. Ingratos y siempre insatisfechos. Cuando los rechazan, odian porque los rechazan, y cuando se cede, odian también por alguna otra razón. O sin razón alguna”.
Harold Bloom se refiere al autor así: “Lawrence en su cúspide sorprende, mostrando lo que no se puede mostrar. “El arcoíris” y “Mujeres enamoradas” son sus grandes éxitos, igualadas solamente por algunos de sus poemas y por muchas de sus novelas breves. En su guerra interminable entre los hombres y las mujeres, Lawrence pelea en los dos lados. Es magnífico a la hora de contarnos peleas salvajes entre amantes (…)” (“The Bright Book of Life: Novels to Read and Reread”, Knopf, 2020, p. 291, trad, libre).
También escribió cuentos y novelas cortas como: “La muñeca del capitán”, “El zorro”, “La mariquita Inglaterra”, entre otras. Ensayos: “Estudios sobre la literatura clásica estadounidense” y “El caos en la poesía”. Poesías como “Quisiera conocer a una mujer”: Quisiera conocer una mujer / que fuera como una llama roja en una chimenea / brillando después de las agitadas / ráfagas del día /para que pudiera acercarme a ella / en la dorada tranquilidad del atardecer y deleitarme realmente a su lado / sin la obligación de esforzarme a amarla por cortesía, ni la de conocerla mentalmente.Sin tener que sufrir un escalofrío cuando le hablo”.
En resumen, D. H. Lawrence fue un autor complejo y multifacético cuya obra desafió las convenciones de su época. Su exploración franca de la sexualidad, su crítica a la sociedad industrializada y su estilo literario único lo conviertieron en una figura fundamental de la literatura del siglo XX, cuya influencia perdura hasta nuestros días.