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'El tiempo envejece deprisa'

El escritor italiano Antonio Tabucchi fue uno de los referentes más importantes de la literatura en Europa.

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El Espectador
25 de marzo de 2012 - 09:00 p. m.
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Antonio Tabucchi, poseedor de galardones literarios tan importantes como el Premio Jean Monnet de Literatura Europea; el Campiello, el Scanno y el Frontiere 2010, en Italia; el Médicis, en Francia, y el Francisco Cerecedo, en España, murió el domingo en Lisboa a los 68 años.

En febrero de 2010, nuestro editor dominical Nelson Fredy Padilla entrevistó al autor de obras como Sueños de sueños. Los tres últimos días de Fernando Pessoa, Tristano muere, El tiempo envejece deprisa y la que se considera su máxima creación, Sostiene Pereira, llevada al cine por Roberto Faenza y Marcello Mastroianni.

El escritor y catedrático, quien asumió la enseñanza de la literatura en universidades de Italia y de Portugal por casi cuatro décadas, no era muy dado a las conversaciones con periodistas. Por eso valoramos mucho más sus declaraciones y extractamos algunos fragmentos de sus palabras, publicadas en la edición de El Espectador del 20 de febrero de 2010.

¿Su nuevo libro, ‘El tiempo envejece deprisa’, está inspirado en la antigua Europa comunista?

Y fascista. Es bueno especificarlo (ríe a carcajadas roncas). En realidad tiene que ver con el tiempo. Estamos hablando, usted desde Colombia, yo desde Francia, el tiempo que estamos viviendo es el mismo y el libro se pregunta cuál es ese tiempo, el de la posibilidad de hablar desde dos continentes por un teléfono. Otro ejemplo: usted envía su dinero, ojalá lo tenga, a un banco de Suiza, o yo envío mi dinero, si lo tuviera, a un banco de las Islas Caimán con un mail, es instantáneo, un flash. Es diferente este tiempo a cuando usted iba al banco con las notas de dinero en el bolsillo. En este sentido me interesó la Europa del Este, que acaba de entrar a Occidente trayendo consigo un tiempo distinto, un calendario diferente.

Otro factor determinante de sus escritos es la memoria.

Sí, porque la memoria está hecha de tiempo. Si se pierde la memoria de los hechos que ya pasaron, también se pierde el tiempo. Y en este momento me parece que el mundo está perdiendo el tiempo y, por tanto, está perdiendo la memoria. Me acuerdo de un importante obispo que estaba de paso por Argentina (el ultraconservador polaco Richard Williamson) ¡y dijo que el Holocausto no aconteció! Él había perdido la memoria, pero lo más grave es que les imponía esta pérdida de la memoria a los otros.

¿Qué fenómeno es éste que nos lleva a casi todos a olvidar nuestras tragedias?

Vivimos una época de sobreinformación en la que se piensa en mucho y en nada. Si usted pregunta a muchos jóvenes en Europa quién era Hitler, le pueden responder que era un músico de rock. El cerebro del hombre está hecho de memoria, por lo tanto de tiempo, que debe ser cultivada.

¿La estructura del nuevo libro sólo se centra en Europa?

Son nueve cuentos que se desarrollan en varios sitios, por ejemplo uno en Bucarest, otro en Budapest, uno en Nueva York.

¿Cómo escribe?

Yo escribo a mano, con el bolígrafo. Aquí, por ejemplo, escribí un libro de cuentos que son 18 cartas, titulado Se está haciendo cada vez más tarde. Pero prefiero escribir en Lisboa o en mi casa natal en Toscana.

¿Cuánto le debe su obra a la poesía de Fernando Pessoa?

Pessoa me ha gustado mucho y lo he traducido porque era un gigante como Dante, Goethe, Hegel, de esos que aparecen de vez en cuando en la humanidad. En mi maleta de escritor está también Borges.

¿Su juego entre lo real y lo fantástico fue influenciado por García Márquez?

Él y su realismo mágico, es un género que no pertenece a mi familia, digamos. Prefiero más el barroco, prefiero las frustraciones, aunque admiro muchísimo su imaginación, su elocuencia, su mundo fantástico y sus metáforas. De él me gustan, más que las grandes novelas, los cuentos, por ejemplo Ojos de perro azul.

¿Va a venir a América Latina a promocionarlo?

Conozco Chile, Brasil, México, Cuba, pero no tengo previsto ir. El tiempo ya ha pasado para mí y por eso es que hablo tanto de este tema.

Usted sólo tiene 66.

El tiempo me pesa en las espaldas. He sido muy vagabundo, he viajado demasiado. Ahora tengo que encontrar el momento de hacer una pausa y quedarme en un sitio, aunque es muy difícil escoger el lugar.

La muerte es otro tema recurrente en obras como ‘Réquiem’ y ‘Tristano muere’.

Me interesa por cómo la vive la humanidad, no tanto desde el punto de vista personal. La gente está pensando muy poco en la muerte, los hombres se creen un poco eternos en este momento, están muy acostumbrados a ver cadáveres. Usted prende la televisión y los ve y piensa que los cadáveres son la muerte, pero son dos cosas distintas. No saben lo que es la muerte. La muerte es un gran misterio, no es un simple cuerpo sin vida; los hombres están habituados a ellos y ya no les generan ningún sentimiento, tal vez como ver un cementerio de coches.

¿Y cuál es su lectura personal de la muerte?

No la imagino porque me parece otra dimensión, como si estuviera durmiendo. No sé si será un sueño continuo. Como decía Calderón, si la vida es sueño o sueño la vida. No se puede imaginar lo desconocido, la privación de la vida, y por eso hay que tener más respeto por ella.

¿Cómo quiere que lo recuerden?

Como se recuerdan los otros escritores: alguien que tuvo un tiempo muy limitado para vivir en este tiempo y que pasó gran parte de su vida dedicado a poner por escrito lo que pensaba.

Por El Espectador

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