Joseph Conrad: perseguir la eterna añoranza por la verdad
El escritor polaco dejó de lado su lengua materna para escribir en el inglés con el que leyó a William Shakespeare. Su obra literaria le corresponde a esa labor que él mencionó del artista como aquel que busca exponer su verdad sobre la condición humana
Andrés Osorio Guillott
El corazón de las tinieblas es la creación y el testimonio de Joseph Conrad desde la ficción sobre las vivencias que cambiaron al escritor para siempre. Como capitán de un barco de la Sociedad General de Bélgica (SGB), el polaco recorrió el río Congo y fue testigo de la colonización europea en África. Lord Jim, que también halla su relato sobre las aguas, refleja el exilio del autor y los rincones inexplorados de sociedades que huyen a la luz de sus secretos.
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El corazón de las tinieblas es la creación y el testimonio de Joseph Conrad desde la ficción sobre las vivencias que cambiaron al escritor para siempre. Como capitán de un barco de la Sociedad General de Bélgica (SGB), el polaco recorrió el río Congo y fue testigo de la colonización europea en África. Lord Jim, que también halla su relato sobre las aguas, refleja el exilio del autor y los rincones inexplorados de sociedades que huyen a la luz de sus secretos.
“No he visto nunca nada parecido al cambio que sobrevino en sus rasgos, y espero no volver a verlo jamás. No es que me conmoviera: es que me fascinó. Fue como si se hubiera rasgado un velo: Percibí sobre ese rostro de marfil la expresión de sombrío orgullo, de implacable poder, de pavoroso terror, de una intensa e irremediable desesperación. ¿Volvía a vivir su vida, cada detalle de deseo, tentación y entrega, durante ese momento supremo de total lucidez? Gritó en un susurro a alguna imagen, a alguna visión. Un grito que no era más que un suspiro: ¡Ah! ¡El horror! ¡El horror!”, dice Charlie Marlow en El Corazón de las tinieblas luego de escuchar a Kurtz decir “Estoy aquí, tumbado en la oscuridad, esperando la muerte”.
Como toda la literatura, e incluso como cualquier relato de la historia, su interpretación estará sujeta a la subjetividad y los intereses de quien lee y se acerca a sus palabras. El corazón de las tinieblas, en la voz de Charlie Marlow, es visto como una narración que va exponiendo lo que Conrad vivió en África como testigo de la colonización europea, de esa etapa de la modernidad en la que la luz de la ilustración se opacó si miramos esta época desde una posición mucho más globalizada y menos eurocentrista. La colonización y la conquista de los estados Europeos en América y África dejó secuelas culturales, sociales y políticas que más allá de determinar un orden del mundo, develó que el poder no nos pertenece, o que, por lo menos, no ha sido librado de la corrupción del alma humana, de una civilización que se hizo más violenta en tanto quiso explorar los alcances del control y de la dominación, aun cuando esto implicaba la eliminación de todo principio y de toda ética.
Juan Gabriel Vásquez, escritor colombiano, escribió en Viajes con un mapa en blanco, un libro de ensayos literarios sobre la obra de autores como Miguel de Cervantes Saavedra, León Tolstói, James Joyce o quien nos compete en este artículo, Joseph Conrad, que “Lo que ocurre dentro de la mente de Kurtz es, por supuesto, imposible de determinar: sigue siendo, y será para siempre, un misterio. Marlow, como Conrad, es el hombre fascinado por aquellos aspectos de la naturaleza humana que están fuera de nuestra vista”.
Incluso Conrad, que por la poesía de Shakespeare y su estancia en Inglaterra se dejó seducir por el inglés y decidió escribir en esa misma lengua toda su literatura, escribió en el prefacio de El negro del “Narciso” que: “Una obra que aspire, por más humildemente que lo haga, a la condición de obra de arte debería ostentar su justificación en cada línea que la compone. Y el arte en sí podría ser definido como la determinación unívoca de hacerle la mayor justicia posible al universo de lo visible, al sacar a la luz la verdad, multifacética y a la vez única, que lo subyace en todos sus aspectos. Es un intento de encontrar en sus formas, en sus colores, en su luz, en sus sombras, en cada figura que toma la materia y cada hecho de la vida cotidiana lo que en ellos es fundamental y permanente y esencial –esa cualidad única que ilumina y conmueve– la verdad misma de la existencia. Así pues, el artista es como el pensador o el científico: busca la verdad y apela a ella a su manera”.
Leer entre líneas como una actitud que no es exclusiva de los investigadores, académicos, periodistas o humanistas. Leer entre líneas para también sentir esa fascinación por lo que es invisible a los ojos, como apuntó Saint-Exupéry. Pretender ser artista o científico, para ponerlo en palabras de Conrad, y construir otra verdad de todas las verdades que componen la humanidad. Ver que la condena de Lord Jim es el exilio del escritor y la exposición de la soledad o del aislamiento como instantes para derrumbar nuestras creencias acerca de la gloria y de los sueños; acompañar a Marlow para seguir desnudando las buenas intenciones o los grandes discursos y ver las sombras de civilizaciones que se estancaron en conseguir el fin último del poder, abandonando así los medios que habitan en la ética y en el porvenir. Construir otra teoría sobre lo verdadero, sobre lo esencial, no para ser dueños de la palabra que alcanza la cúspide sino para ser los heraldos de tiempos pasados en presentes inciertos. Acercarse a Conrad para atrapar el misterio y no responderlo, pero sí para usarlo como pretexto y entender el epitafio en la tumba del autor polaco: “El sueño tras el esfuerzo, tras la tempestad el puerto, el reposo tras la guerra y la muerte tras la vida, harto complacen”.