Beatrix Potter, entre la ciencia y la literatura infantil
Beatrix Potter fue una pluma transgresora en varios sentidos: se convirtió en un referente fundamental de la literatura infantil; sus diarios agudos y puntuales fueron un legado de humor, observación y descripción; fue una artista meticulosa que combinó todas sus habilidades en una prosa memorable; y, además, una naturalista notable, que dejó registro preciso de sus investigaciones en diversas revistas científicas.
Mónica Acebedo
«Hay algo delicioso en escribir las primeras palabras de una historia. Nunca sabes muy bien adónde te llevarán».
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«Hay algo delicioso en escribir las primeras palabras de una historia. Nunca sabes muy bien adónde te llevarán».
Helen Beatrix Potter nació el 28 de julio de 1866 en Londres. Tuvo una infancia con comodidades, pero muy solitaria. Era una época en la que la niñez era una categoría genérica desprovista de los elementos constitutivos que conocemos hoy. Además, por ser mujer, sus progenitores no la enviaron a la escuela, mientras que su hermano, cinco años menor que ella, sí tuvo la oportunidad de acceder a una educación formal.
En algún momento le nombraron una tutora escocesa, calvinista para su formación religiosa. En todo caso, su padre era abogado, su madre aficionada al arte y contaban con una buena biblioteca. De otra parte, su abuelo era un reformista que respetaba la educación, sobre todo en temas de ciencias naturales. Su abuelo y abuela vivían en una granja que ella visitaba en las pocas ocasiones que salía de su casa. Su abuela le contaba historias, mitad reales, mitad fantásticas sobre el campo, las siembra, los animales y las plantas. En vacaciones, la familia se desplazaba a Escocia, donde Beatrix deambulaba con su hermano en busca de pequeños animales como las ardillas, los ratones, ranas, cerdos, gatos, conejos. Cargaba con una libreta y lápices, pues desde muy pequeña había desarrollado una gran habilidad como dibujante. Pintaba y conversaba con los animales, como consta en sus diarios, y desde entonces fusionó la investigación científica (además disecaba animales), con el arte y con la literatura. Después se casó y se fue a vivir al Distrito de los Lagos al noroeste de Inglaterra donde siguió escribiendo, investigando y dibujando.
Su carrera como escritora empezó en 1893 con un relato ilustrado llamado The Tale of Peter Rabbit (Perico el conejo travieso), enviado a un editor, quien finalmente lo publicó en 1902. En adelante, publicó más de veinte libros, todos con relatos de animales de la granja y con tramas en apariencia sencilla, pero con significados y discursos más complejos, irónicos e incluso macabros: por ejemplo, en la segunda página de Peter Rabbit, la señora conejo dijo a sus hijos que podían salir camino abajo, pero que no debían ir al jardín del señor McGreggor, porque su padre tuvo allá un accidente; quedó en un pastel que cocinó la señora McGreggor. El cuento siguió y centró la atención en la desobediencia de Peter y todo lo que le ocurrió, pero en casi todos los relatos hubo algo trágico y social por ahí camuflado. También fueron recurrentes otros temas como el patriarcado, la rebeldía, la situación financiera familiar, la vida doméstica, el papel de las mujeres en la sociedad… Sus obras fueron de diversa índole: libros álbum para niños pequeños que se guíaban por las ilustraciones más que por los textos, como, por ejemplo, Miss Moppet o el mismo Peter Rabbit; otras con una prosa más larga y compleja con muy pocas ilustraciones, como The Tale of Mr. Tod.
Precisamente, M. Daphne Kutzer sostuvo que sus relatos eran como novelas con personajes y tramas complejas, abiertas a la interpretación. Explicó que si bien los libros fueron escritos para niños, con mucha frecuencia insertaban temas de emociones y sentimientos de adultos. Por eso los adultos experimentaban los relatos de forma casi nostálgica (Beatrix Potter: The Writing Code, p.2).
Los diarios personales que llevó Potter desde los dieciséis años dieron cuenta de la clave de su discurso, de su imaginación y preocupaciones sociales. Stefan Bollmann citó con precisión una de las entradas de los diarios que nos dejó ver sus observaciones cómicas y realistas: «Después de desayunar, llevando al señor Benjamín Bunny a pastar al borde del lecho de coles con su correa de cuero, escuché un crujido, y salió un conejito salvaje para hablar con él... El animalito, evidentemente una hembra, y de aspecto desaliñado... avanzó..., con el rostro crispado de emoción y admiración por el hermoso Benjamín, que al instante la vio alrededor de un repollo, y echó a correr. Probablemente, pensó que era el gato de la señorita Hutton» (Women who Write are Dangerous, Abbeville Press Publishers, 2018, p. 82, traducción libre).
En resumen, Betarix Potter dejó un legado en libros infantiles que perdurará en el tiempo. Sus relatos presentaron una minuciosa observación de la sociedad de la época. La mayoría de sus personajes fueron trabajadores de clase media. Criticó el abuso de unas clases sobre otras, así como la indolencia y la pereza de la gente. Sus ilustraciones constituyeron una verdadera obra de arte: fueron sencillas y al mismo tiempo muy expresivas. Sus contribuciones a la ciencia se centraron en investigaciones sobre líquenes, hongos, simbiosis entre hongos y algas y muchas más. Sin embargo, el reconocimiento y publicaciones científicas se dieron después de su muerte. Vale la pena ver la película del 2006 dirigida por Chris Nooan, protagonizada por Renée Zellweger, que presentó la versatilidad e imaginación de la afamada escritora.