La música como forma de cuidar la vida
Tamsaianka es un dueto musical conformado por Jenny León Ochoa y Carlos Gómez Montoya en 2016 y ha lanzado cuatro discos: “Reflexiones de una selva frente al mar”, “La pirámide de la laguna”, “Danzando en la eternidad” y “Corazón de tierra”. Gómez habló para El Espectador sobre este proyecto artístico.
¿Cómo surgió la idea de conformar el grupo?
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
¿Cómo surgió la idea de conformar el grupo?
Desde hace muchos años tengo la práctica diaria de improvisar. Lo hago en mi casa, cuando viajo, en la naturaleza, solo para mí. Hace ocho años tuve la idea de hacer de estas improvisaciones una realidad artística. Todo comenzó como una propuesta solista de improvisaciones con diferentes flautas. A los pocos meses, compuse una pieza más estructurada para piano y saxofón, para la cual invité a Jenny León a interpretarla conmigo. Desde entonces dejó de ser una iniciativa solista y se convirtió en un dueto, en el cual la improvisación es muy importante, al igual que el trabajo de composición.
¿Dónde se formaron musicalmente los integrantes del grupo?
Jenny estudió de niña en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, después hizo la formación del programa juvenil de Música de la Universidad Javeriana. La carrera profesional de Música la inició en la Universdad El Bosque y finalmente se graduó de la Universidad INCCA. Por mi parte, mi acercamiento a la música de niño fue a través del colegio, clases particulares y alguna academia de educación no formal. Después hice toda la carrera profesional en la Universidad El Bosque. Tanto Jenny como yo hicimos una maestría en Músicoterapia en la Universidad Nacional de Colombia.
¿De dónde viene el nombre y qué significa?
Tamsaianka es una palabra que compusimos nosotros con base en dos palabras de dos pueblos indígenas de Colombia. En el idioma de los indígenas muiscas del altiplano cundiboyacense la palabra tamsa significa “ofrenda”. En dámana, idioma de los indígenas wiwas de la Sierra Nevada de Santa Marta, maianka significa “música”. Nosotros unimos esas dos palabras y decimos tamsaianka: música ofrenda u ofrenda musical, que es uno de los principales conocimientos que hemos recibido de estos dos pueblos indígenas: la música como herramienta para ofrendar, agradecer y cuidar la vida.
El cuarto álbum, “Corazón de tierra”, es una mezcla entre elementos de músicas contemporáneas y sonidos ancestrales. ¿Dirían que predomina lo contemporáneo o lo ancestral en el conjunto del disco?
Los dos elementos están presentes de igual manera. Lo que predomina es, precisamente, el encuentro entre estas dos estéticas y lenguajes. Por un lado, está el sentido melódico y el sentido rítmico de algunas músicas ancestrales de Colombia y de otros lugares del mundo. Y, por otro lado, están las atmósferas y armonías que creamos basándonos en sonoridades contemporáneas. A nivel instrumental también se evidencia ese tejido sonoro. Tenemos flautas y otros instrumentos de viento tradicionales de pueblos indígenas latinoamericanos y culturas antiguas de oriente, dialogando con el piano, la flauta clásica europea y el saxofón.
¿De dónde viene el interés por las músicas indígenas y cómo ha sido su acercamiento a ellas?
Todo comenzó en 2003, cuando intuitivamente sentí el llamado de viajar por primera vez a la Sierra Nevada de Santa Marta. Debía hacer mi trabajo de grado de la carrera de Música Clásica que, por lo general, debe ser una investigación alrededor del repertorio que se interpreta en el concierto de grado: Bach, Schubert… los grandes maestros del canon occidental. Yo tenía ese llamado y propuse hacer una investigación sobre la flauta watcu o kuisi de los indígenas wiwas y koguis de la Sierra Nevada. Se aprobó la investigación y viajé a la Sierra por primera vez. Luego vinieron más viajes; después, el encuentro con las comunidades muiscas y un proceso de aprendizaje que continúa. A través de estas experiencias de vida, he conocido estas músicas y, sobre todo, su contexto ritual, su fundamento espiritual, su uso encaminado hacia el cuidado de la vida. Esto es lo más importante. Esto es lo que nutre nuestra música y lo que transformó y sigue transformando nuestras vidas.
También hay un diálogo con músicas del oriente. ¿De dónde viene ese interés por la música oriental y cómo se aprecia su presencia en el disco?
Esto llegó un poco después. Fue por un gusto natural hacia estas músicas. En algún momento comenzamos a escuchar instrumentos como la flauta shakuhachi de Japón, la dizi de China, la bansuri de India y el duduk de Armenia. Todas estas sonoridades nos conectan inmediatamente por su belleza, sutileza, fuerza y poesía. Y, por supuesto, son instrumentos y músicas ligadas muy fuertemente a prácticas espirituales con las cuales conectamos mucho. En este nuevo disco están presentes la flauta danso de Corea y el duduk de Armenia. No solo es la presencia de estos instrumentos, sino las sonoridades que traen, las atmósferas a las que invitan, las cuales están presentes en algunas composiciones del disco.
Las composiciones de las piezas están a su cargo. ¿Cómo es el proceso de composición y creación artística?
Cada composición surge de una manera diferente. Por lo general, todo parte de una idea acerca del sonido, el ritmo y el ambiente que se quiere lograr. Es un trabajo netamente de la imaginación. Después de esto, viene un momento de exploración, de mucha improvisación, hasta ir encontrando lo que la imaginación ya ha escuchado. Después, viene el proceso de estructurar la composición, generar el diálogo con el piano y los demás instrumentos. Finalmente, todo termina de componerse en la medida en que vamos tocando y ensayando las piezas. Hay una, “Pobladores del cielo azul”, que es una composición hecha entre Jenny y yo. Y, lógicamente, Jenny siempre pone su sello y hace sus arreglos a medida que se va apropiando de las piezas.
¿Cuál es la mayor influencia musical de Tamsaianka?
Hay varias. Las más importantes son las músicas indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y del Cauca. Por otro lado, músicas de Japón, China y medio oriente. En otra línea, el minimalismo del siglo XX, encabezado por Philip Glass, las músicas improvisadas y algo del jazz modal. Finalmente, uno de los principales referentes del género llamado World Music, con relación a las músicas introspectivas, el maestro alemán Stephan Micus.
¿Dónde encuentra la inspiración para las composiciones?
En la contemplación. El paso previo y presente en todo el proceso de composición del que hablamos es la contemplación: de la naturaleza, del mundo exterior y del mundo interior, que finalmente se unen en un solo ser, en un solo sentir. Amo contemplar las montañas, el mar, las aves, las nubes… Asimismo, amo el silencio y la meditación. La inspiración también está en la práctica de las herramientas que hemos recibido del mundo indígena: el trabajo con el hayo y la ambira (la hoja de coca y el tabaco), el poporo, el mambeadero. Y en la gran enseñanza de la que ya hemos hablado: el uso de la música como forma de cuidar la vida. Finamente, en el amor. En el amor está todo. El amor es todo. Ahí está la inspiración para la música, para la vida.
El año pasado ofrecieron un concierto con el músico alemán Stephan Micus, que estuvo en Colombia. ¿Cómo es la relación con Micus?
Esa es una historia bella e increíble. La música del maestro Micus la conocemos hace unos veinte años y siempre nos ha enamorado inmensamente. En el 2017, aprovechando nuestra primera gira por Europa, fuimos a un concierto suyo en Salzburgo. Después del concierto hablamos un poco y resulta que él tenía pensado venir a Colombia a conocer la gaita y otros instrumentos. Seguimos en contacto y a los dos meses fuimos a recibirlo al aeropuerto El Dorado. Compartimos, viajamos y comenzamos una bonita relación. A partir de ese momento hablamos muy seguido. Hemos contribuido en la gestión de los conciertos que ha hecho en Bogotá, hemos estado en su casa en Mallorca… Tenemos una muy bella amistad.
Tamsaianka ha hecho conciertos en diversos países: Alemania, España, Eslovaquia, República Checa, Eslovenia, Austria, Dinamarca, Grecia, México, Canadá, Turquía, Brasil, Panamá, República Dominicana. ¿Cuál de ellos es el que más recuerdan y por qué?
Todos. No hay un solo concierto que no recordemos con mucho amor y gratitud… La gira de este año estuvo increíble por los países que no habíamos visitado, escenarios espectaculares, gente hermosa… El año pasado estuvimos en el Ancient Trance Festival, un festival inmenso en Alemania, con gente de toda Europa… El concierto en el Museo de Arte de la Secretaría de Hacienda en Ciudad de México también fue bellísimo. El concierto de lanzamiento de Corazón de tierra en el auditorio Mario Laserna de la Universidad de Los Andes en Bogotá fue poderosísimo… Todos han sido increíbles.
¿En qué están trabajando ahora?
Estamos en la difusión y circulación de nuestro nuevo disco. En agosto hicimos el concierto de lanzamiento en Bogotá y después presentamos el disco en una gira por Dinamarca, Alemania y Grecia. Ahora estamos organizando los conciertos y giras del año 2025, en los que seguiremos presentando el disco. Y, aunque acabamos de lanzar este álbum, muy pronto iniciaremos el proceso de composición del futuro disco que estará listo en el 2026. La música no para, la ofrenda sonora no se detiene, el cuidado de la vida siempre está vivo.