Los espectadores son los creadores en la era digital
Los nuevos hábitos de consumo de los ‘seriéfilos’ y el ‘binge-watching’ moldean la forma de producir historias en la industria audiovisual.
Laura Montes
El 23 de mayo de 2010, 13 millones de personas se reunieron en frente de sus televisores para ver el final de Lost. Los televidentes esperaban semana a semana para la entrega de un nuevo capítulo. Aguardar permitía conversaciones semanales, teorías, y una ansiedad divertida por saber qué sucedería.
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El 23 de mayo de 2010, 13 millones de personas se reunieron en frente de sus televisores para ver el final de Lost. Los televidentes esperaban semana a semana para la entrega de un nuevo capítulo. Aguardar permitía conversaciones semanales, teorías, y una ansiedad divertida por saber qué sucedería.
Hoy en día, con la presencia de las plataformas digitales, los hábitos de consumo han cambiado. Con la llegada de Netflix llegaron los ‘seriéfilos’, personas aficionadas a las series que realizan maratones: ver más de cuatro capítulos de corrido o acabarse una temporada en un fin de semana. A este proceso también se le llama ‘binge-watching’, que funciona como un atracón de visionado de capítulos de forma consecutiva.
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En los tiempos en que había que esperar una semana completa para la emisión de un nuevo capítulo, se generaba un vínculo estrecho entre la serie y el televidente. Ahora, una gran cantidad de espectadores siguen varias series de televisión al mismo tiempo. Aunque aún existe un vínculo fuerte entre las personas y sus series favoritas, las maratones de los ‘seriéfilos’ han obligado a los realizadores a replantear la forma en que cuentan sus historias.
Cuando los canales emitían un capítulo a la semana, los guionistas usaban los ‘cliff hangers’, que son finales de capítulo que dejan al espectador pendiente de lo que ocurrirá, lo que permite enganchar a la audiencia y generar expectativa para la semana siguiente. Con el ‘binge watching’ ya no hay que esperar mucho por la sorpresa. Matt Weiner, el creador de Mad Men, afirma que “cuando ves toda una temporada en un día, seguro que sueñas con ella, pero no es lo mismo que ir por ahí toda la semana diciendo ‘Dios, Pete realmente me ha enojado”. La industria audiovisual comprendió que los espectadores van a ver el contenido de corrido, así que la que estructura narrativa de los capítulos está diseñada pensando en el binge-watching.
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Anna Tous Rovirosa, profesora en Ciencias de la Comunicación de la Universitat Autónoma de Barcelona afirma que en la era digital el usuario de series pasó de activo a pasivo. Con el apogeo de las redes sociales, cualquiera se siente libre de criticar o exigir cómo debe o no comportarse un personaje, qué tipo de historias deben contarse y cómo deben ser narrados, pueden incluso exigir que despidan a un actor o un director. Estos reclamos se vuelven virales, por lo que las productoras suelen prestarles atención.
A través de un análisis de metadata, Netflix sabe qué series se ven más, en qué momento se desconectan, y crean su contenido en función a estas exigencias. Tanto así, que llegan a cancelar producciones sin haberlas terminado, si consideran que no tienen el éxito deseado, a pesar de que haya algunos espectadores fieles que esperaban el final con ansias, como es el caso de 1899 (de los creadores de Dark) o Insatiable.
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La serie de Netflix Sense8 fue todo un hito para el entendimiento de los espectadores como creadores. Tras el anuncio de su cancelación en 2017, los fans realizaron tanto ruido mediático que la plataforma se vio obligada a anunciar un episodio final de dos horas para cerrar las tramas. “Para nuestros fans”, es la frase que aparece en la pantalla al final del último capítulo. Ahora, en gran medida, los espectadores son creadores. Y, con el uso las redes sociales, el público participa activamente, muchas veces influyendo en ciertas decisiones de contenido: dónde, cuando, y cómo.
El problema de los nuevos hábitos de consumo que ha traído consigo el ‘binge watching’ es que muchas series parecen tener un destino efímero. Aunque Stranger Things, La casa de papel o Gambito de dama hayan tenido un gran éxito, de muchas otras no se vuelve a hablar pasado algunos días de su estreno. Esto se debe a que los usuarios se acaban una temporada en un fin de semana, y una vez que pasa la novedad, muchas de ellas se olvidan.
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Por eso, algunas plataformas han apostado por estrenar series con el modelo de episodios semanales, como Amazon Prime con la segunda temporada de The Boys. Netflix también se ha lanzado con algunos de sus títulos en forma de capítulos semanales.
Si hay algo claro es que los hábitos de consumo están cambiando constantemente y los modelos que proponen las plataformas digitales se dictan, en mayor medida, con el beneplácito del público. Pero esto también les ha permitido a los realizadores hacer series más arriesgadas, cambiar la forma de estructurar a los personajes, y crear una estética más parecida al cine que a la televisión, con series que parecen más bien películas largas. Los creadores ya no están atados a los modelos televisivos tradicionales, lo que da espacio a la innovación, a la creatividad y a explorar temas que antes no podían hacerse tan fácil.
El espectador-creador es un nuevo agente en la era digital, y los realizadores detrás de las series que el público ama han sabido adaptarse a ello. Los próximos años dictarán el futuro de las series y la forma en que estas se consumen. Mientras tanto, podemos seguir esperando la última temporada de Stranger Things.
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