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Los humanos antes de Adán y los rollos del Mar Muerto (Orígenes de la Biblia III)

Isaac La Peyrère escribió en el siglo XVII que si Adán había pecado, quería decir que había leyes antes de él, y por lo mismo, humanos. Su teoría lo llevó a la cárcel, pero más allá de sus padecimientos, fue determinante para que otros estudiosos analizaran cómo pudo haberse escrito el Antiguo Testamento y cuáles podían ser las razones para que hubiera distintas versiones de un solo suceso, como el de la Creación.

Fernando Araújo Vélez
25 de febrero de 2025 - 05:30 p. m.
El debate surgió al tratar de concertar dos versiones que existían del mito de la Creación.
El debate surgió al tratar de concertar dos versiones que existían del mito de la Creación.
Foto: Aaron Burden / Unsplash
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Hacia los primeros meses del año de 1655, un abogado calvinista francés de nombre Isaac La Peyrère, y quien más tarde se convirtió al catolicismo, terminó de escribir en latín su teoría sobre la Creación en la Biblia, y entre tantas otras cosas, escribió que las palabras de Pablo en su Epístola a los romanos del capítulo 5, versos 12 al 14, debían leerse como si Adán hubiera pecado porque antes de él ya estaban escritas unas cuantas leyes, de lo que se desprendía que ya había humanos antes de Adán. Las palabras de Pablo eran: “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un solo hombre, y por medio del pecado entró la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron. Antes de la ley ya había pecado en el mundo, aunque el pecado no se toma en cuenta cuando no hay ley”.

En su libro, publicado en inglés en 1656, y titulado “Men before Adam”, La Peyrère afirmaba que habían existido dos creaciones diferentes del mundo y de los humanos. La primera, de los gentiles, y luego, la de Adán, el padre de los judíos. Palabras más adelante, explicaba que luego de haber asesinado a su hermano Abel, Caín había tomado como esposa a una extranjera que no tenía nada que ver con su Dios. Desde su publicación, la obra de La Peyrère fue condenada. Primero, por el Consejo de Holanda y Zelandia, que la consideró una sarta de blasfemias peligrosas para el Estado y la Iglesia, y un año después, por el pueblo y las autoridades francesas, que quemaron el libro en una plaza pública y enviaron a su autor a prisión, en donde estuvo unos meses.

Según la leyenda, La Peyrère se salvó de una condena mayor pues abjuró de sus ideas pre-adámicas ante el papa Alejandro VII, quien en sus propias palabras, lo recibió con los brazos abiertos, diciéndole “Abrazad a este hombre que es anterior a Adán”. De cualquier manera, y más allá de la indignación de los sacerdotes, el pueblo, los judíos y el papa, las dos versiones del Génesis eran diferentes. En la primera, Dios creó el mundo en seis días y descansó el séptimo. Separó la luz de la oscuridad, los cielos de la tierra, dispuso que brillaran el sol y las estrellas, creó los árboles y la hierba, y más tarde, las aves, los animales del mar y los de la tierra. Al final, formó a los humanos, a su imagen y semejanza y los dividió en hombres y mujeres, ordenándoles reinar sobre los animales y alimentarse de frutas y verduras.

En la segunda versión, Dios hizo al hombre desde y con el polvo del suelo, y esto fue antes de que hubieran aparecido las plantas y los animales. Al darse cuenta de su soledad, según Peter Watson, “crea a los animales y se los presenta para que les dé nombre. Luego crea a la mujer a partir de una de las costillas del hombre y la denomina wo-man (‘fuera del hombre’)”. Cuando La Peyrère escribió su libro, abrió el panorama para que tuvieran lógica las viejas teorías que sostenían la existencia de seres humanos en el Ártico y en América, dos lugares con sus particularidades de las que no decían nada las Escrituras. En 1711, H. B. Witter, un pastor de las tierras germanas, afirmó que las dos historias de la Creación en el Génesis habían sido escritas por dos personas diferentes, en épocas distintas.

En su libro “Ideas”, Watson explicó que “La inconsistencia se explica en parte por la existencia de dos fuentes principales para los primeros libros de la Biblia, que según el nombre que atribuyen a Dios se denominan E, o Elohísta, y J, o Yavista, y en parte por la intervención posterior que habría intentado limar las diferencias”. A E lo consideraron los investigadores de las Escrituras la fuente principal de las mismas, pese a que sus aportes hubieran sido menores que los de J. Los dos fueron situados entre los siglos XVIII y X a. de C. Siguiendo con Watson, “Al tercer autor de la Torá se le denomina P o Sacerdote (en alemán ‘Priester’), quien quizá (algunos estudiosos lo ponen en duda) habría refundido E y J y añadido su propio material, relativo, principalmente a las leyes para los rituales y los diezmos”.

Los rollos del mar muerto

En el descubrimiento de los rollos del Mar Muerto en Qumran, Cisjordania, un suceso que transformó algunas de las ideas que se tenían sobre la Biblia hebrea, los filólogos, historiadores y demás que estudiaron su contenido determinaron que de los 800 rollos encontrados, alrededor de 200 eran libros bíblicos. Antes del hallazgo, los textos que se habían tenido en cuenta para el canon bíblico eran los que habían memorizado y preservado los ‘masoretas’, escribas que se habían hecho cargo de copiar lo más fielmente posible los libros y rollos antiguos. Después de Qumran, 1940-1956, salió a la luz la versión de que los samaritanos, una tribu del norte que no había padecido las consecuencias del exilio a Babilonia, difería en más de seis mil puntos con la del texto de los ‘masoretas’.

En uno de los principales textos del hallazgo, el rollo de Isaías, trabajaron dos escribas, según las revelaciones que hicieron los científicos Mladen Popovic, Maruf Dhal y Lambert Schomaker en el año 2021, quienes se basaron en la caligrafía de la letra, y en la tinta utilizada. “El escenario más probable es que dos escribas diferentes trabajaron en estrecha colaboración y trataron de mantener el mismo estilo de escritura pero que se revelan a sí mismos con sus individualidades”, afirmaron los investigadores, dejando abierta la posibilidad de que se tratara de dos personas de la misma familia. Los primeros rollos, escritos en arameo, griego y hebreo, fueron encontrados por unos pastores por casualidad. Los últimos fueros rescatados en 1956, aunque muchos arqueólogos han supuesto que podría haber más.

Una de las principales conclusiones que han sacado los estudiosos de los distintos hallazgos de textos antes y después de Qumran, ha sido que las Escrituras que se fueron formando antes de los tiempos de Jesús no solo fueron escritas por una persona, sino por varias, y en distintas épocas, distantes unas de las otras por cientos de años. Incluso, los papiros que han encontrado los han llevado a considerar que decenas de rollos fueron eliminados en aras de crear o establecer un canon. El libro de los Jubileos, considerado apócrifo, por ejemplo, relataba la historia desde la Creación hasta el suceso del paso de los judíos por el Sinaí, y le agregaba datos como el nombre de los hijos de Caín, Abel y Set. Otros trataban la idea de Satán, diferenciaban entre la resurrección del alma y la del cuerpo, e incluían el concepto de castigo y recompensa.

En su Historia de los judíos, el autor británico Paul Johnson escribía que “Los judíos fueron la primera raza que halló palabras para expresar las emociones humanas más profundas, en especial los sentimientos provocados por el sufrimiento mental o corporal, la angustia, la desesperación y la desolación espiritual”. Por lo mismo, su relación con Dios era realmente íntima y definitiva, trascendente, a diferencia de la manera en la que se comportaban los griegos de la época con sus dioses. Había una enorme distancia entre los historiadores griegos y quienes crearon las historias de las Escrituras hebreas. Para los primeros, los humanos eran realmente los responsables de sus triunfos y reveses, mientras que “el principal tema del Antiguo Testamento es la relación de los hebreos con su Dios”, de acuerdo con Peter Watson.

Fernando Araújo Vélez

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas.fernando.araujo.velez@gmail.com
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FRANJIBA(37697)28 de febrero de 2025 - 05:21 p. m.
La Biblia el libros de todos los tiempos. Reflejo de lo humano, guía, misterio inagotable. La Biblia no les gusta a muchos , si la leen , porque es la radiografía de la verdad humana. Dios los bendiga. El Dios bondadoso y temible. Interesantes planteamientos, pero todo eso hace parte del misterio de Dios.
Eugenio Valencia Echeverri(20023)27 de febrero de 2025 - 04:27 p. m.
Excelente.gracias
Héctor Pinzón T(15733)25 de febrero de 2025 - 09:39 p. m.
Fábulas crueles y violentas, eso es la tal biblia.
María Victoria Costa López(95949)25 de febrero de 2025 - 06:32 p. m.
La biblia recoge un gran número de mitos y leyendas del pueblo hebreo por lo que en suma resulta en un bloque de libros que muestran a un dios Yahve-Jehova (y a su esposa Ashera) cruel, vengativo, sanguinario y genocida.
jomavasu(adh7f)25 de febrero de 2025 - 05:47 p. m.
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