Madame de Staël: la escritora que desafió a Napoleón (Plumas trasgresoras)
Madame de Staël fue una destacada autora en la literatura del Romanticismo. Su relación con Napoleón, y obras como “Corinne o Italia” y “Delphine”, la convirtieron en una figura relevante en este movimiento artístico y cultural.
Mónica Acebedo
“Lo más grande que ha hecho el hombre se debe al doloroso sentimiento de lo incompleto de su destino. En general, los espíritus mediocres están bastante satisfechos con la vida corriente; redondean, por decirlo de algún modo, su existencia supliendo lo que les pueda faltar con ilusiones vanidosas; pero lo sublime del espíritu, de los sentimientos y de las acciones debe su esplendor a la necesidad de sobrepasar los límites que circunscriben la imaginación”, madame de Staël
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“Lo más grande que ha hecho el hombre se debe al doloroso sentimiento de lo incompleto de su destino. En general, los espíritus mediocres están bastante satisfechos con la vida corriente; redondean, por decirlo de algún modo, su existencia supliendo lo que les pueda faltar con ilusiones vanidosas; pero lo sublime del espíritu, de los sentimientos y de las acciones debe su esplendor a la necesidad de sobrepasar los límites que circunscriben la imaginación”, madame de Staël
Anne-Louise-Germaine Necker (1766-1817), baronesa de Staël-Holstein, mejor conocida como madame de Staël, fue, sin duda, una de las plumas más transgresoras de la historia de la literatura. Se anticipó a su tiempo en temas literarios, en política y en asuntos de género. Era dominante, autónoma, libre de cualquier atadura masculina. Tuvo varios amantes pertenecientes a los círculos de políticos e intelectuales. Fue además famosa porque Napoleón la echó de Francia. Después de la Revolución francesa ella se había acercado a él, ya que en principio había apreciado los ideales revolucionarios. Pero después lo criticó en varios de sus ensayos, por sus intenciones imperialistas.
Se codeó con filósofos de la Ilustración y con los padres del Romanticismo tanto en Inglaterra como en Alemania. Stefan Bollmann se refiere a ella y sus pares intelectuales así: “Madame de Staël era una excelente conversadora, infinitamente superior a los escritores alemanes a los que visitaba en sus entornos provinciales. Schiller se quejó de que, debido a su ‘excepcional prontitud lingüística, todo lo que podía hacer era transformarse completamente en un oído atento’. Goethe tenía su solución: tan pronto como ella anunciaba su inminente llegada, adoptaba la estrategia de la retirada. No obstante, madame de Staël eximió expresamente a estos poetas alemanes de su lema sobre que no había ‘nada más pesado y quisquilloso, tanto moral como físicamente, que los hombres alemanes’. Tampoco acusó a las mujeres alemanas de estos defectos, a pesar de que expresó que, usualmente, carecían de la ‘rapidez mental’ que hace que la conversación fuera fluida” (traducción libre, Women who Write are Dangerous, Abbeville Press Publishers, p. 58)
Germaine Necker nació el 22 de abril de 1766 en París en el seno de una familia de origen suizo (Ginebra). Hija de Jacques Necker, tesorero real de Luis XVI, y de Suzanne Curchod, también una mujer de avanzada y conocida ampliamente en los salones literarios de París. Se casó en 1789 con el barón de Staël-Holstein. Vivió en Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza e Italia; conoció a los políticos e intelectuales más importantes de Europa. Escribió ensayos sobre política, crítica literaria y novelas. Entre sus numerosos escritos vale la pena citar los siguientes ensayos: De la influencia de las pasiones sobre la felicidad de los individuos y de las naciones (1796); De la literatura considerada en sus relaciones con las instituciones sociales (1800), que reflejó su pensamiento sobre cómo las letras estaban íntimamente relacionadas con las formas de gobierno, Alemania (1810) y Consideraciones sobre los principales acontecimientos de la Revolución francesa (1818). Sus novelas más conocidas fueron Delphine (1802) y Corinne o Italia (1807) y, también es relevante su obra autobiográfica Diez años de destierro (1821). Murió en París el 14 de julio de 1817.
Corinne o Italia es un texto que expone la corriente del Romanticismo por oposición al Clasicismo. Pero además, se configura como un puente, no solo cronológico, sino de evolución de elementos textuales entre el siglo XVIII y XIX. Mezcla narraciones de viaje con la idealización de un gran amor en el que destaca el papel de la mujer en una nueva Europa posterior a la Revolución francesa, junto con elementos socioculturales de las naciones europeas.
La escritura de mujeres francesas del siglo XVII y principios del XVIII, como por ejemplo madame de La Fayette, madame de Sevigné y Marie Linage, estaba marcada por tópicos como el decoro, la cultura de la conversación, las pasiones y el sufrimiento como mecanismo para exaltar el espíritu, entres otras. Gran parte de estos tópicos los refleja Staël en el ensayo arriba mencionado, De la influencia de las pasiones sobre la felicidad de los individuos y de las naciones, y en sus novelas Delphine y Corinne o Italia. Sin embargo, en esta última va más allá: intercala las angustias amorosas con la descripción de Italia mediante la yuxtaposición entre el arte y las emociones. Así, la descripción de Roma, de las tumbas famosas, las iglesias y los palacios de los italianos, sus modales y su carácter particular, la literatura de Italia, las fiestas populares y la música, hacen que la autora refleje su carácter y sus vivencias personales no solo en materia de viajes sino sus amores. Las intromisiones y reflexiones de los viajes, del arte y de la cultura y comportamiento de las personas de acuerdo con su origen y el amor, confluyen en la contradicción que atormenta a uno de los personajes, entre el puritanismo e independencia de la protagonista y el misterio de un pasado desconocido. La narración presenta una estructura circular en la cual la incertidumbre del personaje masculino nunca se redime.
En suma, madame de Staël fue una mujer que rompió con los preceptos de su época en muchos sentidos. A través de su pluma argumentó que el ingenio estaba por encima del género; cambió la idea de que las pasiones y la expresión de sentimientos fueran algo exclusivo de las mujeres y que la discreción y el deber ser era lo que debía primar en el comportamiento social. Exaltó el entusiasmo como el supuesto necesario para el arte y la apreciación de la belleza. Afirmó que solo el entusiasmo podía contrarrestar nuestra tendencia al egoísmo: “Necesitamos realizar acciones que impliquen riesgo; eso es lo que nos inyecta entusiasmo en la sangre”