Sobre los personajes novelescos perdidos por los senderos coloniales
Hace un par de días tuve la oportunidad de presentar en la FILBO 2022 el libro Personajes novelescos perdidos por los senderos coloniales (Bogotá, UNAL, 2022) escrito por el profesor Diógenes Fajardo Valenzuela de la Universidad Nacional de Colombia.
Hugo Hernán Ramírez Sierra
El libro de Fajardo es como la puesta en forma del trabajo del profesor de literatura en el salón de clase. La primera parte de este libro/clase es una pausada sección en donde el estudiante/lector ve al maestro disponer sobre la mesa todos los elementos que le servirán de aparato teórico para armar su clase. Pausadamente aparecen en las páginas/pizarrón las referencias a los autores latinoamericanos clásicos como José Lezama Lima, Carlos Fuentes, Antonio Cornejo Polar o Ángel Rama quienes han estudiado nuestra cultura colonial y su literatura desde lógicas analíticas muy distintas y han fundado una discusión con conceptos claves como “tensión barroca”, “enmascaramiento”, “heterogeneidad”, “ciudad letrada”. También en este sección salen a flote los conceptos desarrollados por Rolena Adorno, Mabel Moraña o Édouard Glissant cuyas teorías sobre la cultura colonial y su literatura son sin duda de obligatoria lectura porque nos obligan a mirar el pasado colonial desde la perspectiva de los discursos femeninos, desde la óptica de quien vive al margen de los círculos de poder político o intelectual, desde la óptica de los estudios interdisciplinares. Por si fuera poco, se hace un recorrido por las nuevas perspectivas analíticas desarrolladas por autoras como Valeria Añón o Ana Pizarro que quizá aún no son muy citadas en los estudios sobre la literatura de nuestro período colonial, pero que seguro serán material clave en futuras aproximaciones teóricas.
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El libro de Fajardo es como la puesta en forma del trabajo del profesor de literatura en el salón de clase. La primera parte de este libro/clase es una pausada sección en donde el estudiante/lector ve al maestro disponer sobre la mesa todos los elementos que le servirán de aparato teórico para armar su clase. Pausadamente aparecen en las páginas/pizarrón las referencias a los autores latinoamericanos clásicos como José Lezama Lima, Carlos Fuentes, Antonio Cornejo Polar o Ángel Rama quienes han estudiado nuestra cultura colonial y su literatura desde lógicas analíticas muy distintas y han fundado una discusión con conceptos claves como “tensión barroca”, “enmascaramiento”, “heterogeneidad”, “ciudad letrada”. También en este sección salen a flote los conceptos desarrollados por Rolena Adorno, Mabel Moraña o Édouard Glissant cuyas teorías sobre la cultura colonial y su literatura son sin duda de obligatoria lectura porque nos obligan a mirar el pasado colonial desde la perspectiva de los discursos femeninos, desde la óptica de quien vive al margen de los círculos de poder político o intelectual, desde la óptica de los estudios interdisciplinares. Por si fuera poco, se hace un recorrido por las nuevas perspectivas analíticas desarrolladas por autoras como Valeria Añón o Ana Pizarro que quizá aún no son muy citadas en los estudios sobre la literatura de nuestro período colonial, pero que seguro serán material clave en futuras aproximaciones teóricas.
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La segunda parte de este libro/clase el profesor la desarrolla valorando el trabajo de sus estudiantes en los archivos, exhibiendo un muy cuidadoso análisis textual de tres “casos” en donde el profesor lee y enseña a leer textos coloniales. El caso de un indio de Chocontá acusado de hechicero en 1603, cuya lectura atenta permite reconocer, de un lado, los mecanismos de opresión que emplean un señor y las instituciones que lo avalan y, de otro lado, las estrategias de defensa que trae a cuento un indio para defender a su familia. Después se analiza el caso de un hombre llamado Feliciano, “negro criollo embaucador y reincidente”, que en 1779 tenía en Lima todo un mercado de la estafa; el análisis detallado que hace el profesor Fajardo de esta historia permite concluir “que hay dos fines claramente definidos por Feliciano dependiendo de quién es el solicitante: si se trata de mujeres mestizas y jóvenes, prima el interés por lo erótico y sexual. Si se trata de hombres mestizos o negros, prima el interés por lo económico.” (p. 78). Termina esta sección con un entusiasta título «Pido justicia y mérito» en donde se estudia el reclamo que en 1790 hizo ante el rey un pequeño burócrata/intelectual bogotano, integrante de la ciudad letrada, para que se tengan en cuenta sus méritos en nombramientos y ascensos. Los tres casos propuestos por Fajardo dejan ver con toda claridad las estrategias de construcción narrativa, los conflictos de raza o clase que se leen entre líneas, los pasajes que esconden algo de picardía o de cuidado sensualismo o incluso obligarán a soltar una impertinente carcajada.
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En la última sección de este libro/clase, el profesor saca la nariz del archivo colonial, hace a un lado sus apuntes teóricos, recuerda a sus lectores que miramos el pasado para entender el presente y se lanza a un apasionante análisis de novelas en donde personajes del pasado recorren los senderos de las narrativas latinoamericanas de los últimos cincuenta años; “en algunos casos se trata de las figuras arquetípicas de la historiografía de la Conquista y Colonia, como la ficcionalización alrededor de personajes notables como Cristóbal Colón, Alvar Núñez Cabeza de Vaca o Lope de Aguirre, pero en otros (como en las novelas de Baccino Ponce de León, Juan José Saer o Antonio Elio Brailovsky), la estructuración novelística se hace desde personajes secundarios, a veces anodinos, perdidos en los silencios de la Historia.” (p. 100). “Pirandelismo a destiempo” lo llama Fajardo, cuando estudia pormenorizadamente por ejemplo los casos de Jerónimo de Aguilar y Gonzalo Guerrero, dos soldados españoles que ya estaban en México cuando en 1519 llegó Hernán Cortés o cuando estudia los desarrollos que en la nueva narrativa latinoamericana ha tenido Lope de Aguirre, “un conquistador tocado por la locura”, o las depravaciones de un religioso en un convento mexicano, o la alucinante reelaboración narrativa de Fray Servando Teresa de Mier en la maravillosa novela de Reinaldo Arenas. En toda esta última sección el profesor ostenta sin pudor su pasión por la narrativa y deslumbra al lector con su habilidad para establecer relaciones sorprendentes entre distintas narrativas con temas coloniales.
El libro de Diógenes Fajardo ofrece al lego en estudios coloniales herramientas claves y entretenidas para aprender a mirar, para aprender a leer, para aprender a relacionarse con unos textos que de suyo –no nos digamos mentiras–, encierran cierta dificultad. De otro lado, igualmente satisfecho saldrá el conocedor de temas coloniales porque encuentra aquí un corpus documental de textos sacados del Archivo General de la Nación, un corpus centrado en personajes, en algunos casos inéditos, sorprendentemente bien tratados que aparecen en textos coloniales, y que cobran vida en obras poco estudiadas en nuestro contexto pero que ya casi constituyen un nuevo canon de la más reciente narrativa histórica latinoamericana.