Édouard Deluc: “Quería hacer una película de acción sobre Gauguin”

El director revela cómo fue el proceso de creación del filme “Gauguin, un viaje a Tahití”, protagonizado por Vincent Cassel y que, según la crítica especializada, se aleja de los códigos de las cintas biográficas.

Redacción cine
28 de noviembre de 2018 - 02:00 a. m.
Édouard Deluc: “Quería hacer una película de acción sobre Gauguin”

El diario de viaje de Paul Gauguin Noa Noa, Viaje a Tahití fue la base sobre la que el director Édouard Deluc construyó su propuesta cinematográfica para realizar la película Gauguin, un viaje a Tahití, que recrea un periplo que nutrió uno de los momentos creativos más brillantes del pintor, del que surgieron 66 lienzos y un buen número de esculturas.

¿Por qué quiso hacer una película sobre el diario de viaje de Paul Gauguin?

Viene de mi primer encuentro con Noa Noa, el diario de viaje que escribió Gauguin tras su primer viaje a Tahití, en 1893. Es una aventura de una poesía increíble, sobre los misterios de la creación, del amor por tierras lejanas, de la dedicación absoluta al arte, de la necesidad de crear una obra. Pero también es una historia sobre amor y libertad. Descubrí el libro mientras estaba estudiando en las Bellas Artes, y desde entonces ha estado en mi biblioteca, como el fantasma de una posible película. En el 2012, luego de un verano leyendo The Moon and Sixpence (1919) de W. Somerset Maugham, otro libro con una loca fuerza romántica, volví a sumirme en Noa Noa, que estaba sobre mi escritorio, y algo se cristalizó en mí.

¿Por qué Gauguin?

Gauguin es un personaje extraordinario, que persigue un sueño hedonista, que quiere deshacerse de todas las convenciones, reconectarse con la naturaleza “salvaje”, un impulso que ya lo había llevado a Bretaña, Panamá, a Martinica, para poder encontrar a sus musas, a su Eva Primitiva, la mujer que lo hará distinguirse. En 1891 hace un gesto que es tan sacrificial como poderoso. Se va de París a Polinesia, donde pinta con furia, pero se enfrenta a una indiferencia general, 66 obras maestras en 18 meses que son un punto de giro en su trabajo, que van a influenciar a los fovistas y a los cubistas, y marcarán la legajada del arte moderno.

¿La película es fiel al diario”?

La adapté libremente. En otras palabras, todo lo que se ve en la película es cierto, pero a veces ha sido romantizado. Al escribir Noa Noa Gauguin estaba revisitando los hechos, construyendo su leyenda. Hay biografías innumerables de Gauguin que también los interpretan. Y mi posición como director me da el poder de hacer lo mismo. Mi licencia artística como cineasta me deja imaginarlo sin tener que justificarme.

La película empieza en París, donde Gauguin, sin poder vender su arte y con poco dinero, trabaja en el muelle, una escena que usted luego reproduce en Polinesia…

Por ejemplo, esa escena está inspirada libremente en Noa Noa. Gauguin vive en París, en la absoluta miseria, buscando una manera de vivir que le deje concentrarse en la pintura, que le deje encontrar el silencio interior que le permita oír esas voces internas que lo guiaran. Gauguin trabajó de pega-afiches, cambiador de dinero, en los muelles y haría lo mismo en Papeete, durante seis meses, antes de repatriarse como un artista en problemas. Los patrones europeos no lo satisfacen más. Es más, él dice: “Me estoy ahogando. Aquí no hay ningún paisaje, ninguna cara, que merezca ser pintada”.

Su película usa más los códigos cinematográficos de los “western” que los de una película biográfica clásica. ¿Está retando al género?

Existen excelentes películas biográficas, pero sin ningún esnobismo; la idea de “interpretar” a una persona no me interesaba. Quería hacer una película de aventura sobre Gauguin, un western, como en las escenas del viaje en que Gauguin monta a caballo en el interior de la isla, o cuando llega de noche al pueblo de Tehura, acompañado del sonido de los tambores. Me posee el cine americano y, antes de hacer Gauguin, volví a ver las películas que me encantaron en mi adolescencia, y me hicieron el cineasta que soy.

La película es política y también llega de preguntas acerca de la religión…

Al leer Noa Noa, me cautivó el hecho de que la llegada de Gauguin a Tahití coincide con la muerte del último rey maorí. Gauguin desembarcó en el momento que una cultura primitiva de 2000 años murió bajo las lecciones de los misioneros, que se rinde a las armas de la república francesa. Tehura se posiciona junto al cambio que vive la isla, a tal punto que está por olvidar sus creencias y tradiciones: quiere ir a la iglesia. Cuando pinta la cara y las almas de los maoríes, Gauguin documenta una civilización que se está deteriorando y desapareciendo. Pinta algo que se está esfumando.

¿Por qué escogió a Vincent Cassel para el papel de Gauguin?

¿Qué cuerpo, qué cara, qué sensibilidad quería grabar? En la única entrevista que dio Gauguin, a Fígaro, en 1890, lo describieron como un hombre robusto de ojos brillantes, que hablaba francamente. Vincent, un iconoclasta, curioso sobre los otros y también obsesivo, con un gusto por lo estrafalario, era la elección obvia. Leyó la sinopsis del guion muy temprano e indicó que estaba interesado en el proyecto. Como Gauguin está más allá de las convenciones, siempre se revela en su totalidad, aun si no es agradable. Trabajamos juntos. Le di Noa Noa, la correspondencia entre Gauguin y su esposa, y el texto de Octave Mirbeau para leer. Los repasó y fue conmigo al Museo d’Orsay para ver las pinturas y esculturas de Gauguin. También tuvo que perder peso: Gauguin subsistía de unas raíces nada más y no podíamos obviarlo. Finalmente, tomó cursos de pintura y escultura y pidió dientes falsos para recrear la decrepitud de Gauguin.

Por Redacción cine

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