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¿Cuáles fueron sus primeros acercamientos como catador?
Mi padre era químico y le gustaba el buen vino, así que fue mi primer maestro. Él me enseñó mucho de aromas, sabores y luego me retiré al periodismo por cuestiones de mis aficiones a la Fórmula Uno. Antes había estudiado dos años de Química. Luego me fui a Europa en 1989, viví siete años en Bruselas y tuve mucho contacto con vinos que nunca había visto, tantas etiquetas que se producen en Europa. Ese fue el despegue. En 2001, por un llamado de la BBC de Londres, me mudé y a partir de ahí fui haciendo muy buenos amigos, me fueron invitando a los concursos y decidí hacer el diplomado sobre estudios para el análisis del vino.
¿Cómo relaciona su historia en el periodismo con su trayectoria como catador?
Creo que uno aplica la disciplina del periodismo a la disciplina de la cata, en el sentido de que el ser humano reconoce lo que ha probado alguna vez un poco y tiene que probar y probar. Esto es lo que ocurre con el periodista, para llegar a escribir bien tienes que equivocarte. Me ha ayudado, incluso mis años de Química, a formar mi propio juicio y lo que yo llamo mi propia biblioteca de recuerdos y sabores, como cuando tienes memorias de referentes periodísticos que pueden ayudarte en determinado momento, así mismo cada uno tiene que construir su propio paladar.
¿Cuáles son las características que debe tener un vino para catalogarlo como uno de los mejores?
En primer lugar, que el vino sea fresco, amable, que no produzca demasiada astringencia, que sea armónico, que no se le sienta mucho el alcohol, que tenga fruta en la boca; es decir que no se sienta agresivo o pesado; cuando lo pases que te produzca placer y no digas que te quema mucho o molesta en el paladar. Tengo la percepción de que si a ti no te gusta la primera copa, ya de entrada no es un vino para ti; lo segundo es que hay vinos con muy buenas recomendaciones o medalla y la persona tendrá la percepción de que es un buen vino.
¿Qué les dice a las personas que no les gusta el vino o apenas están empezando a conocer?
No le tengan miedo, muchas personas dicen que no saben de vinos, pero no es necesario, puede ir probando, puede probar el Cabernet Sauvignon y si le parece muy fuerte, entonces pruebe la uva Merlot y si esa le parece muy suavecita pruebe la uva carmelita. Intente descubrir poco a poco hasta llegar a conocer cuál es el tipo de vino que más le gusta. Pruebe de distintos países y años.
¿A estas alturas podría establecer cuál es el mejor vino para usted o al menos algunos de sus favoritos?
Esa es la pregunta del millón, porque el mejor vino es el que a ti te gusta, porque hay emociones y sensaciones que son muy difíciles de escribir. En 1995 hice un viaje al desierto del Sáhara. Fueron cinco días con un guía y un camello durmiendo en el desierto, al final de esos cinco días llegué a un oasis que estaba lleno de jóvenes preparando la comida de esa noche y me invitaron a que me quedara. Empezó a circular un vino, yo me acuerdo claramente que era de cidra, una uva muy famosa angelina y para mí ese me pareció el mejor vino del mundo y no puedo decir cuál es la etiqueta porque no lo recuerdo. Soy amante de los vinos franceses de alta calidad y de los españoles y creo que el mejor vino es el que todavía no he probado.
¿Cómo ve el mercado vinícola en Latinoamérica?
Creo que hay dos mercados: el de los países productores, los del Cono Sur, como Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, que tienen un consumo mucho mayor que países que no producen, como los de Centroamérica. Sería bueno incentivar el consumo del vino en la medida en que tuviera menos impuestos o comenzara a ser parte de la canasta familiar. En el caso de Colombia, el consumo es muy bajo, es menos de dos botellas por persona. Los países del Caribe tienen una gastronomía diversa que van perfectamente con vinos. Hay que perder el miedo y creer que se pueden acompañar las comidas solo con cerveza, la bandeja paisa puede ir con un Cabernet Sauvignon o un tempranillo.
¿Cómo fue la experiencia de participar en Expovinos 2021?
Sensacional, yo había estado en Expovinos en 2016, que se hacía de forma presencial frente al público. En este caso, debido a la pandemia, se ha hecho de forma cerrada. Siempre es cata a ciega. Tuvimos buenos catadores, que nos permite escoger los mejores del grupo Éxito. Es un placer volver a Colombia y trabajar directamente con el mundo del vino durante toda una semana, este es un esfuerzo muy valioso que deberíamos seguir respaldando. Esta fue la edición 16 y seguramente seguirán muchas más para mostrar a los colombianos las diferentes calidades de vino y promover su consumo responsable.
Ha dicho que puede catar entre 8.000 y 10.000 vinos al año. ¿Requiere alguna preparación para esto?
Sí, tengo que estar en continuidad catando vinos, debo ser muy cuidadoso. Nosotros la mayoría de los vinos los escupimos, no los tomamos. Hacemos la valoración del color en nariz, en boca. En promedio hay una cata entre cincuenta y ochenta y cada siete hay que estar limpiando las papilas con agua. Jamás fumar antes; no tomo café, porque es muy fuerte para las impresiones del gusto; el desayuno siempre es ligero y trato de estar en la mejor condición física.
¿Cada cuánto toma vino?
Prácticamente todos los días. Después de estar en Europa y en el mundo del vino, te das cuenta de que este es un compañero permanente de la cocina, la gastronomía y la vida diaria. Siempre hay un vino en la mesa para mí y mi esposa, pero nunca tomamos más de media botella. Tomamos vino cinco a seis días de la semana, es parte de mi rutina y me permite estar en vinculación y tener mi paladar siempre a nivel. Cuando tengo que hacer degustaciones en concursos no bebo vino la noche anterior, porque después no lo puedo apreciar de la misma manera.