“Limpieza social”: una versión nueva y más oscura sobre la masacre de Llano Verde
Cuando la Fiscalía capturó a Gabriel Bejarano por este atroz crimen cometido en Cali en 2020, parecía que el violento episodio había quedado resuelto. La versión que entregó el detenido, sin embargo, sugiere que la verdadera trama detrás de la masacre apenas empieza a develarse.
Cuando la Fiscalía sacó de su escondite en una finca a Gabriel Bejarano en enero de este año, para capturarlo por la masacre de cinco menores de edad -todos afrodescendientes- en un cañaduzal del distrito de Aguablanca, una de las zonas más deprimidas de Cali, parecía estar segura de haber dado con la pieza faltante del rompecabezas: “Bejarano habría sido la persona que disparó contra las víctimas con un arma de fuego, al parecer un revólver calibre 38”, dijo el ente investigador recién se supo de la detención de este hombre, conocido también como el Mono. El hallazgo de su paradero, sin embargo, parece más bien la apertura de una caja de Pandora, a juzgar por las dos declaraciones que él mismo le ha entregado a la Fiscalía. (Escuche también: (Pódcast) “¿Quién los mató?”, la canción que salió de un cañaduzal)
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Cuando la Fiscalía sacó de su escondite en una finca a Gabriel Bejarano en enero de este año, para capturarlo por la masacre de cinco menores de edad -todos afrodescendientes- en un cañaduzal del distrito de Aguablanca, una de las zonas más deprimidas de Cali, parecía estar segura de haber dado con la pieza faltante del rompecabezas: “Bejarano habría sido la persona que disparó contra las víctimas con un arma de fuego, al parecer un revólver calibre 38”, dijo el ente investigador recién se supo de la detención de este hombre, conocido también como el Mono. El hallazgo de su paradero, sin embargo, parece más bien la apertura de una caja de Pandora, a juzgar por las dos declaraciones que él mismo le ha entregado a la Fiscalía. (Escuche también: (Pódcast) “¿Quién los mató?”, la canción que salió de un cañaduzal)
Los interrogatorios, que hoy revela El Espectador, los rindió en enero y febrero de este año. El primero, de hecho, lo dio el mismo día en que fue capturado, 15 de enero. Cuando los investigadores empezaron a preguntarle por el 11 de agosto de 2020, día en que se cometió el crimen que pasó a conocerse como la masacre de Llano Verde -nombre del sector donde fueron asesinados los jóvenes-, Bejarano respondió que ese día, que era un martes, llegó a las siete de la mañana a trabajar después de haber estado con su hija. “Yo me fui más temprano ese día porque sucedieron algunos hechos, las muertes de los jovencitos”, dijo alias el Mono de entrada.
Explicó que él hacía labores de vigilancia en un tramo de dos kilómetros, entre el Basuro de Navarro y Llano Verde, “la cual es de alto riesgo, donde se han presentado amordazamientos de personas, lesiones personales contra personas, agresiones físicas contra las personas”. Dejó claro de entrada que él no laboraba con Buhoservicios, la empresa de vigilancia del sector, sino que fue contratado bajo cuerda por un ingeniero llamado Gonzalo Estupiñán, y contó que ni él se había salvado de la violencia del lugar: “En dos ocasiones me dispararon y recibí amenazas, y uno de los vigilantes me llevaba razones del riesgo que yo corría si seguía en ese sector”. Aunque ni explicó ni le preguntaron las razones de esos riesgos.
“La Policía Nacional prestaba muy poquita vigilancia”, aseguró el Mono, al tiempo que relató que ese 11 de agosto, mientras hacía su labor, estaba bajo efectos de la marihuana. Su versión es que las víctimas de ese atroz crimen trataron primero de atacarlo a él. “Yo hacía patrullajes en la zona cuando se vieron unos jóvenes con machetes y cuchillos venir hacia mí, allí fue cuando, de hecho habían (sic) más personas, y ocurrieron esos hechos, estaban allí, cerca de los hechos, Loaiza y Jefferson”. Se refería a Juan Carlos Loaiza y Yefferson Marcial, quienes fueron capturados apenas 17 días después de la masacre. En la audiencia de imputación de cargos, ambos aseguraron que quien ejecutó a los adolescentes fue Gabriel Bejarano.
“Yo no niego tener participación en este acto”, confesó alias el Mono, aunque señaló que quería ser “prudente en el esclarecimiento de estos hechos” para proteger su vida y la de su familia. Y entonces puso su carta principal sobre la mesa: “Yo estoy dispuesto a seguir colaborando, pero quiero algunos beneficios”. Los investigadores le preguntaron por qué mató a los cinco hombres, cuyas edades iban de los 13 a 16 años. Bejarano: “Ellos eran de los jóvenes que acostumbraban a hacer ilícitos por allí”, contestó él. La Fiscalía indagó por el rol de Loaiza y Marcial en el crimen, a lo que Bejarano solo dijo: “Yo quiero seguir colaborando, pero en el momento me reservo el derecho que tengo de guardar silencio”. (Lea también: ¿Mienten los detenidos por la masacre de Llano Verde en Cali?)
Alegando que la vida de su hija, la madre de su hija y la suya corrían peligro, y que no quería “ser víctima de un envenenamiento o de otros modos que acaben con la existencia de este suscrito”, Bejarano cerró la diligencia y solo un mes después, el 18 de febrero, accedió a volver a hablar en interrogatorio. De entrada, le pidió al fiscal del caso que por favor lo sacara del Valle del Cauca y que no lo trasladara a Popayán tampoco, “en otros departamentos la estadía será más normal”. Según él, “algunas personas familiares de esas víctimas tienen manejos en el interior de los establecimientos”, aunque no especificó de quiénes se trataba. Luego soltó otro dato clave: que el día de la masacre estuvieron presentes dos personas más. Ambas encapuchadas.
“No se puede manifestar quiénes eran porque es una zona que está de alto riesgo”, indicó Bejarano, aunque casi enseguida aseveró también que no los reconoció porque estaban encapuchados. Agregó que en el sector que él cuidaba “algunas personas de ahí mismo que trabajan y ajenos se metían, también encapuchados, buscando como tal personas que tenían en ese momento el sector monopolizado”. La Fiscalía trató de obtener más detalles sobre el crimen que, según alias el Mono, se cometió entre las 12:30 y la 1 p.m. del 11 de agosto de 2020, pero este les contestó que quería guardar silencio. “Quizá me puedo autoincriminar”, dijo, a pesar de que había admitido su participación en la masacre desde su captura.
Bejarano aseguró que, a raíz de sus negociaciones con la Fiscalía, Loaiza y Marcial “están diciendo cosas más allá de las que no se hicieron” y manifestó que él quería conseguir un preacuerdo. “¿Quiere continuar con el interrogatorio?”, le preguntaron. “Continuemos”, expresó alias el Mono. Reiteró que él no sabe quiénes eran los encapuchados, pero sí dijo: “Los venían siguiendo”, en referencia a las víctimas. De acuerdo con su versión, Loaiza y Marcial retuvieron a los adolescentes “y les dije ‘váyanse’”, afirmando que esos dos “no vieron quiénes quedaron”. “Quedé con las dos personas que quedaron”, dijo Bejarano apuntando a los encapuchados que había mencionado antes.
“Esto era una crónica de muerte anunciada”, pronunció alias el Mono, porque, según él, en ese sector de Cali, donde la pobreza y la falta de oportunidades abundan, “varias personas se meten a diario (al sector) a hacer limpieza social”. Ahondó en el tema y dijo que “cuando los otros dos señores (confirmación de que ambos encapuchados eran hombres) llegaron se procedió a hacer lo que se hizo, una 901 de cinco menores de edad”. Le preguntaron si él fue quien disparó a los adolescentes, como dijeron los otros capturados, y él contestó: “Deben comprobarme, porque si no toman lo que estoy diciendo, ¿qué sentido tiene?”. Luego aseguró que, aunque tenía consigo un arma de fuego ese día, no la disparó. (Noticia relacionada: Los dos hombres capturados por la masacre en Cali no aceptaron cargos)
“Limpieza social”: con esa versión resumió Bejarano la masacre de Llano Verde, uno de los crímenes que en los últimos años más ha sacudido a Cali, una ciudad que parecía aletargada ante la violencia que se volvió su pan de cada día. Las familias de Álvaro José Caicedo, Jair Cortés, Josmar Jean Paul Cruz, Luis Fernando Montaño y Léider Cárdenas, los jóvenes que perdieron la vida ese 11 de agosto de la peor manera -uno incluso fue degollado-, sin embargo, han asegurado desde el día cero que ellos salieron ese día a volar cometas al cañaduzal y nada más. Es por eso que la versión de Bejarano resulta una caja de Pandora en la que la Fiscalía debe indagar mucho más.