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Depredador que se convierte en presa: educación para salvar animales de la caza indiscriminada

Una de las mayores amenazas para los grandes felinos es la cacería indiscriminada causada por habitantes de las regiones del país. Pero, detrás de este fenómeno se esconde un problema que puede afectar a los ecosistemas y su equilibrio. ¿Cómo se puede prevenir este conflicto?

Sebastián Muñoz López

12 de diciembre de 2023 - 01:00 p. m.
Los espacios que cuentan con grandes depredadores suelen tener una variedad de fauna positiva, porque existen presas y un ecosistema sano, con presencia de biodiversidad.
Foto: Unsplash
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Cazar para sobrevivir se ha convertido en una tarea casi imposible para varios de los grandes felinos en Colombia, como jaguares y pumas. El estigma asociado a los depredadores, catalogados como animales “peligrosos”, ha generado una percepción que justifica su eliminación. Esto ha llevado a que su caza sea considerada como un acto meritorio, llegando incluso al punto en el que matarlos se percibe como un “logro” que obtiene reconocimiento dentro de la comunidad. Pero, la desaparición de estos animales pueden crear desbalances en los ecosistemas y daños irreversibles en el equilibrio de la fauna y flora colombiana.

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Recientemente, se popularizó en redes sociales un video en donde se muestra la muerte de un puma en la Vereda José Manuel de Altamira, municipio de San Bernardo, en Córdoba. En el material audiovisual puede presenciarse que el cuerpo del animal contaba con varios machetazos. En septiembre de 2023, se capturaron a dos personas que fueron señaladas de matar a otro puma en la zona rural del municipio El Águila, departamento del Valle del Cauca. Estos y muchos otros casos demuestran la persecución que sufren varios depredadores en zonas remotas del país.

Andrés Felipe García Londoño es biólogo, con una maestría en etología, es decir, la disciplina enfocada en estudiar el comportamiento de los animales. Trabajó como coordinador del área de educación ambiental en la Secretaría de Ambiente de Bogotá y ha dedicado los últimos 20 años de su vida a desarrollar estrategias para evitar los conflictos entre animales y comunidades. Él hace parte del colectivo Biodiversos, en donde se reúnen veterinarios, biólogos, abogados e ingienieros ambientales, que buscan incidir en las decisiones políticas que se desarrollan en Colombia, para crear políticas públicas basadas en ciencia.

Según comenta el experto, las personas que son cazadoras, especialmente en zonas rurales, tienen un estatus social superior al de otros individuos, pues quienes logran matar animales como jaguares o pumas suelen ser elevados por la comunidad. “Muchas personas están comenzando a subir sus cacerías en redes sociales, y reciben likes y comentarios de admiración. Esto genera visitas y movimiento. Además, suelen postear de manera anónima, por lo que no hay una forma de generar control social con esto”, señala García.

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¿Por qué se cazan animales depredadores en Colombia?

Actualmente, García trabaja con turismo de grandes felinos para lograr su supervivencia. En las estrategias de conservación que ha llevado a cabo, se deben analizar las situaciones desde varias perspectivas: la educación ambiental es solo una de ellas. Por ejemplo, los escenarios problemáticos también deben ser observados desde el punto de vista económico o social, basándose en la visión de vida que tienen pescadores, ganadores o agricultores. “Los ganaderos en Colombia no cuentan con un sistema de pagos por los animales que pierden. Los terratenientes, a lo mejor, no suelen preocuparse solo por una vaca que puede morir a manos de un puma. Pero para familias más humildes, las vacas pueden significar su sustento de vida”, menciona el experto.

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Según explica Gustavo Alberto Trujillo, biólogo de la Dirección de Gestión Ambiental de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, animales como el oso andino, el jaguar y el águila crestada representan varias de las especies más amenazadas en la región y el país. En el caso específico de animales como pumas, jaguares o serpientes, los pobladores y ganaderos pueden verlos como una amenaza para su economía, pues pueden comerse a otros animales, como vacas y cabras, las cuales significan un activo para su día a día, porque traen leche, queso o carne.

No obstante, Andrés García asegura que no se suele tener en cuenta lo que ocurre detrás de las muertes de especies de fauna silvestre, especialmente la forma en que afectan al ecosistema y a la vida misma del sector en el que las personas habitan.

La pérdida de estos depredadores puede perjudicar el balance y equilibrio del ecosistema. Si no hay grandes felinos que controlen una población de venados, habrá una sobrepoblación de venados que podría comenzar a erosionar los suelos y no permitir la agricultura, o el paso de frailejones u otras plantas esenciales para el agua.

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Educación para el cambio

Andrés García considera que se debe tener cuidado con otras estrategias que se llevan en el país, pues pueden palidecer ante sus objetivos originales. “Normalmente, se hacen charlas de dos horas y luego las personas se van, pero esto no sirve. Deben ser procesos de formación con un equipo capacitado, procesos que realmente requieran tiempo y un esfuerzo por parte de las corporaciones autónomas, las secretarías de ambiente, entre otras entidades, para lograr verdadera educación ambiental”, señala.

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El investigador recuerda que, en uno de los talleres que desarrollaron desde Bioethos, un colectivo del que hizo parte en 2012, comenzaron a imprimir fotos de animales que estaban en el área de la zona rural de Santa Rosalia, en Vichada. Posteriormente, les pidieron a las personas que le pusieran nombre a estas especies: en el caso de los jaguares, los nombres fueron Juan y Tiburcio. Posteriormente, imprimieron las fotos y las dejaron en las casas de campo, junto a cuadros religiosos, como La Última Cena. Andrés García asegura que es mucho más difícil matar a un animal al que las personas conocen y que tiene un nombre.

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“La gente nos llamaba diciéndonos que Juan se les había comido una vaca, pero ya lo conocían, entonces no lo iban a matar. Ellos nos decían que ‘Juan era el colmo’. Es como si fuera el primo que se emborracha en una fiesta, Juan es así. Entonces, se cambió la mentalidad, porque ya comienzan a conocer a Juan como mucho más que solo una amenaza”, explica el investigador, quien asegura que gracias a este tipo de estrategias, se puede tocar el corazón, y no la mente de las personas.

En este mismo ejercicio, utilizaron fotografías de madres de animales junto a sus crías. Varias de las mujeres de la comunidad se identificaron con las fotografías. “Cuando la hembra caza, no solo caza para ello, sino también para sus hijos. Varias madres relacionaron esto con el sacrificio que hacían ellas por sus hijos. Esto hacía que las personas se identificaran, pues piensan que harían lo mismo, pues ellas también buscarían comida para sus hijos”.

Por ello, las personas pueden encontrar un nuevo sentido de vida, pues desde la protección de la naturaleza, se puede generar un nuevo tipo de estatus. “Se les puede tratar como salvadores, protectores o quienes conservan al ecosistema. Esto puede pasar en varias zonas de Latinoamérica, en donde hay procesos de reconversión de los cazadores”, menciona.

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Otras estrategias para evitar la caza de depredadores

Ante el panorama de caza indiscriminada y persecución de depredadores en el Valle del Cauca, la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca, CVC, ha creado estrategias para solucionar la problemática que tienen las comunidades con algunas especies de la fauna silvestre. ”Para frenar la disminución de las poblaciones de felinos, oso de anteojos y serpientes, esta estrategia educativa ha buscado dar a conocer a la comunidad, por medio de talleres y recorridos, sus aspectos biológicos y ecológicos y la implementación de medidas prácticas para disminuir la probabilidad de interacciones inadecuadas con ellos”, comentó Dayra Perea Castro, Coordinadora del Grupo de Educación Ambiental y Participación del CVC.

Otra estrategia es el turismo, el cual suele ser un mecanismo bastante popular en varias regiones del país para lograr conservación. Los espacios que cuentan con grandes depredadores suelen tener una variedad de fauna positiva, porque existen presas y un ecosistema sano, con presencia de biodiversidad. Este tipo de lugares suelen ser atractivos para los turistas, que quieren conocer espacios con riqueza ambiental. Entonces, el turismo representa una vía rápida, que debe complementarse a otras actividades, como la ganadería y agricultura, para solventar las pérdidas que se generan los animales a través de la depredación.

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Otro mecanismo común es el usar luces, en patrones aleatorios o no predecibles, que dan la sensación de que hay una persona rondando por el corral, lo que hace que varios felinos se retraigan y no cacen. Una estrategia similar es usar radios prendidos cerca a los corrales, para dar la sensación de que hay personas hablando cerca del lugar, por lo que se logra que grandes felinos se alejen del sector. Los perros en los sectores también pueden espantar a otros animales. Incluso, las gallinas pueden servir como alarma para avisar sobre la aparición de este tipo de animales.

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Estas estrategias representan un enfoque integral para la coexistencia armoniosa entre las comunidades y la fauna silvestre, combinando educación, turismo responsable y medidas prácticas para mitigar los conflictos. Por ello, las estrategias de cambio de mentalidad deben lograrse a partir de la comprensión de las comunidades campesinas y rurales, quienes pueden encontrar en un puma una amenaza a su economía y sustento de vida. No obstante, se debe lograr un balance con la protección animal, debido a que el desequilibrio del ecosistema, en últimas, también perjudica a las personas que cazan grandes depredadores de la naturaleza colombiana.

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Por Sebastián Muñoz López

Periodista con profundización en relaciones internacionales y seguridad, paz y conflicto.@Sebasmunozlpsmunoz@elespectador.com

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