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El último adiós: pacientes terminales en Bogotá pueden despedirse de sus mascotas

“Huellitas al final de la vida” es una iniciativa que humaniza la despedida permitiendo que pacientes terminales tengan un último encuentro con sus animales de compañía.

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Laura Tatiana Vargas Lizarazo
02 de agosto de 2025 - 05:00 p. m.
“Huellitas al final de la vida” nació a raíz de un pedido que conmovió al equipo médico: una paciente en etapa terminal, que vivía sola, pidió ver a su mascota por última vez.
“Huellitas al final de la vida” nació a raíz de un pedido que conmovió al equipo médico: una paciente en etapa terminal, que vivía sola, pidió ver a su mascota por última vez.
Foto: Secretaría Distrital de Salud
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En una habitación del Hospital de Engativá, en Bogotá, un perro pitbull llamado Smith lamió suavemente la mano de su cuidador, Michael. Aunque él ya no respondía verbalmente, su cuerpo reaccionó: un leve movimiento de las manos pareció confirmar lo que su madre y el equipo médico intuyeron como un último gesto de reconocimiento. Minutos después, la mascota retrocedió, lo miró fijamente y pareció comprender que era una despedida.

Para Sandra, la mamá del paciente, ese reencuentro alivió, aunque fuera un poco, el dolor de lo inevitable. “Tuve un peso menos encima. Uno busca la manera de curar cuando ve todo perdido y se me quitó un peso de encima cuando mi hijo tuvo ese reencuentro con su mascota”, contó.

Michael fue víctima de un acto violento que lo dejó en estado crítico. Cuando el diagnóstico médico confirmó que no había posibilidad de recuperación, su madre solicitó que Smith, su inseparable compañero de cuatro patas, pudiera entrar a despedirse. Intuía que ese último encuentro traería algo de paz, no solo para su hijo, sino también para el perro que lo había acompañado fielmente durante años y que, como parte de la familia, también merecía ese momento.

“Tenían una relación demasiado fuerte. Lo que le pasaba a Michael, Smith lo sentía. Eran muy unidos”, expresó Sandra. Minutos después de esa despedida con su mascota, Michael falleció. Pero no sin antes ver y ser visto por quien lo acompañó en tantos momentos de su vida.

Este encuentro fue posible gracias a “Huellitas al final de la vida”, un programa de humanización liderado por la Subred Norte de Bogotá e impulsado por el Modelo MAS Bienestar de la Secretaría Distrital de Salud. La iniciativa permite que pacientes en etapa terminal se despidan de sus animales de compañía, reconociendo la importancia del vínculo humano-animal en el bienestar emocional, incluso en el umbral de la muerte.

El protocolo del adiós

Según Jenny Bello, referente del programa de humanización en la Subred Norte, la idea de “Huellitas al final de la vida” surgió hace 10 meses de manera espontánea. “Una paciente en etapa terminal pidió ver a su mascota, con quien vivía sola. No teníamos aún un protocolo, pero coordinamos todo rápidamente para hacer posible ese encuentro. Fue tan significativo que decidimos estructurar el programa”, cuenta.

Desde entonces, cinco visitas han sido autorizadas en hospitales de la red pública en Bogotá. Cuatro perros y un gato han ingresado para reencontrarse con sus cuidadores humanos en sus últimos días o momentos de vida.

“Evidenciamos que las mascotas son parte de la familia y también hacen su propio duelo. Esto no solo ayuda al paciente, también a los familiares y al animal. Es un cierre para todos”, afirma Bello.

El procedimiento comienza con la activación del Código Lila, un protocolo que se aplica cuando un paciente entra en fase de final de vida. El equipo médico notifica al Centro de Acompañamiento en Fin de Vida, desde donde se articula toda la logística para que el encuentro con la mascota pueda darse.

“Nos informan si el paciente desea ver a su mascota y si existe un vínculo emocional fuerte. En esos casos, se evalúa la posibilidad de permitir el ingreso. El médico debe autorizarlo, asegurando que el animal no represente ningún riesgo de contagio. A partir de ahí, nosotros gestionamos toda la documentación necesaria”, explica Bello.

Para garantizar la seguridad clínica y emocional de todos los involucrados, se exigen varios requisitos: certificado de vacunación actualizado, baño reciente de la mascota (máximo ocho días antes), certificado veterinario, comportamiento tranquilo, ingreso con correa o guacal y acompañamiento constante por parte de un adulto responsable. Además, el animal solo puede interactuar con el paciente, no con otros familiares ni personal médico.

“Después del primer caso, todo ha fluido mejor. Las familias colaboran con los requisitos porque entienden el valor de ese momento. Para ellos, no es solo una visita, es una despedida”, concluye Bello.

Otras vidas tocadas por “Huellitas al final de la vida”

Además de la historia de Michael y Smith, Bello recuerda otros encuentros igual de conmovedores. Uno de ellos fue el de Luz, una mujer de la tercera edad hospitalizada en delicado estado. Su perrita Princesa fue vestida con un gorro quirúrgico y, tras cumplir con todos los protocolos, ingresó a la habitación. “Luz la acarició con ternura. No hablaba mucho, pero su rostro lo dijo todo. Fue un momento que le dio tranquilidad a toda la familia”, cuenta Bello.

En otro caso, una paciente que aún vivió varios días tras su reencuentro con su mascota mostró una leve mejoría emocional. “No podemos decir que fue una recuperación médica, pero sí se notó un cambio en su estado anímico. Ese impacto emocional no es menor”, resalta la funcionaria.

El equipo detrás de “Huellitas al final de la vida” está evaluando ampliar su alcance. Uno de los próximos pasos sería permitir el ingreso de mascotas a pacientes hospitalizados con pronósticos difíciles, pero que aún no se encuentran en fase terminal. “Creemos que este vínculo también puede tener beneficios en la recuperación emocional e incluso física de algunos pacientes”.

En Colombia, otras instituciones privadas han comenzado a reconocer el valor terapéutico del vínculo humano-animal. El Hospital Universitario Nacional de Colombia (HUN), por ejemplo, tiene el programa “Huellas que sanan”, que facilita visitas de mascotas a pacientes con estancias superiores a 15 días, con el objetivo de mejorar su bienestar físico, psicológico y social.

El Hospital Militar Central también cuenta con su propio proyecto, llamado “Issy”, que promueve el acompañamiento de mascotas a pacientes hospitalizados durante largos periodos.

A nivel internacional, este tipo de programas ya cuentan con una trayectoria más amplia. De hecho, una investigación de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) ha demostrado que permitir el ingreso de mascotas a los hospitales puede generar importantes beneficios para los pacientes: apoyo emocional, mejora del estado de ánimo y una disminución significativa en la sensación de soledad y aislamiento.

Inspirada en estos antecedentes y en la realidad emocional de muchos pacientes, la red pública de salud también ha decidido apostarle a esta idea. Como explica Bello, la iniciativa responde a una necesidad que ya no puede ser ignorada: los animales de compañía son parte integral de las familias modernas.

El concepto de familias multiespecie, avalado por la Corte Constitucional, plantea nuevas formas de comprender los vínculos afectivos, los derechos y la salud emocional. Programas como “Huellitas al final de la vida” son una manifestación concreta de esa transformación.

“Debemos permitir que las mascotas, que hoy ocupan un lugar emocional equivalente al de un familiar, también estén presentes en procesos de salud y bienestar”, concluye Bello. “El mundo está cambiando, y nosotros como instituciones debemos evolucionar con él”.

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Laura Tatiana Vargas Lizarazo

Por Laura Tatiana Vargas Lizarazo

Comunicadora social y periodista con interés en temas sociales, culturales, de conflicto y construcción de paz. Ganadora del Premio Nacional de Periodismo, Mujeres, Paz y Seguridad 2021.@Tatiana71765621lvargas@elespectador.com

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clemencia torres bustamante(44205)03 de agosto de 2025 - 03:19 p. m.
Excelente gesto. Muchos los beneficiados.
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