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“Tengo una pequeña sorpresa para ustedes”. En febrero de 2016, Donald Trump llegó al estadio de los Madison City Schools, en Alabama, para hacer uno de los anuncios más importantes en su incipiente campaña presidencial.
Ante un público de cerca de 32.000 personas y en un estado en el que, a la fecha, ningún candidato demócrata ha triunfado en las urnas desde 1992, Trump empezó a jugar con su audiencia: “Tengo a un hombre que por aquí es muy respetado por todo el mundo. (…) Cuando hablo de inmigración ilegal y sobre cualquier otra cosa, pienso en un gran hombre. ¿De quién estoy hablando?”. La respuesta a la adivinanza subió al escenario en la forma de un hombre afable, con un poco menos de 70 años y 1,63 metros de estatura.
También traía a cuestas una sólida reputación en los círculos de las élites conservadoras de Estados Unidos. El senador Jeff Sessions se convirtió en una de las primeras figuras de peso en el Partido Republicano en darle la bendición a Trump y su campaña; su premio fue ser nombrado fiscal general, y la consecuencia directa de tanta lealtad: una vacante en el Senado (hoy clave para tener las mayorías) para la que se celebran elecciones extraordinarias el 12 de diciembre de 2017.
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Durante meses estuvo claro que Trump ya había escogido al reemplazo de Sessions en el Senado: “Roy Moore es el hombre que necesitamos para que Estados Unidos vuelva a ser grande”, dijo De 70 años, Moore llegó a la presidencia de la Corte Suprema de Alabama en dos ocasiones. Los motivos por los que fue depuesto de su cargo, también en dos ocasiones, explican en parte el entusiasmo que su candidatura inspira en el mandatario estadounidense: en 2003, Moore tuvo que salir de su puesto después de negarse a retirar una estatua de dos toneladas en honor a los diez mandamientos que había sido instalada en un edificio público.
En 2016 se repitió la historia cuando se negó a aplicar en Alabama el fallo con el que la Corte Suprema de Estados Unidos legalizaba el matrimonio de parejas del mismo sexo.
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El apoyo que Moore ha recibido desde la Casa Blanca se ha mantenido hasta hoy, día de la elección, a pesar de que ocho mujeres lo denunciaron por acoso sexual. Moore sigue siendo el candidato de Trump, aun con el detalle, difícil de ignorar, de que cada uno de los casos habría ocurrido cuando las víctimas tenían menos de 18 años.
La urgencia de Trump porque Moore llegue al Senado tiene que ver más con la necesidad de tener un Congreso leal que con la presunción de inocencia del antiguo juez. Sin embargo, varios miembros del Partido Republicano, entre ellos pesos pesados como el representante Mitch McConnell o el antiguo candidato en las elecciones presidenciales de 2012, Mitt Romney, no ven con buenos ojos la candidatura de Moore.
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“El país está por encima del partido”, escribió el senador republicano de Arizona Jeff Flake, en el cheque con el que donó US$100 a la campaña de Doug Jones, el oponente demócrata de Moore. La misma opinión parecen tener las voces republicanas que desde Washington insisten en que la asociación con el antiguo juez puede perjudicar la imagen del partido de cara a las elecciones legislativas del próximo año.
El otro gran problema que entraña la candidatura de Moore es, paradójicamente, la posibilidad de que gane. Si eso sucede, tan pronto sea investido se enfrentará a una investigación del Comité Ético del Senado, que, de llegar a la conclusión de que Moore debe ser destituido, terminaría dándole un golpe difícil de encajar a la frágil mayoría republicana en el Senado, compuesta por apenas 52 de los 100 escaños de ese organismo.
Mientras Trump se encarga de utilizar su conocido arsenal de ataques contra los medios de comunicación, principalmente en contra del Washington Post, que fue el que en el principio divulgó las denuncias contra Moore, del otro lado, Doug Jones aprovecha para intentar arrebatarles el poder a los republicanos después de 25 años de hegemonía en Alabama. El argumento es claro: elegir a Moore no sólo sería una vergüenza, sino que también podría espantar a las empresas que quieran invertir en el estado. “Creo que Alabama se merece algo mejor”, dijo el senador republicano Richard Shelby al explicar por qué no apoyó la campaña de su copartidario. Sus declaraciones ahora son el colofón de la propaganda en televisión con la que Jones pide lo que hasta hace poco habría sido impensable en Alabama: que los votantes republicanos pongan en el Senado a un candidato demócrata.