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Situado por su tamaño entre el Coloso de Rodas y el David de Miguel Ángel, el robot Gundam mide 18 metros y atrae al puerto de Yokohama multitudes devotas de la serie de animación nipona que capitaliza la fiebre mundial por las batallas siderales iniciada en el siglo pasado por George Lucas y su Guerra de las Galaxias. (Recomendamos más columnas de Gonzalo Robledo sobre Japón).
Su nombre original es Mobile Suit Gundam y, al igual que Lucas, su creador, Yoshiyuki Tomino, se nutrió de los arquetipos de la mitología occidental, los ambientó con trajes espaciales, naves intergalácticas y armas con rayos en vez de proyectiles.
Calificada como ciencia ficción militar, su trama bélica parecía obligatoria en medio de la Guerra Fría, cuando la Unión Soviética y Estados Unidos competían por tener las bombas nucleares más mortíferas.
Japón, como único país usado por Estados Unidos para medir las consecuencias físicas, sociales, ecológicas y éticas de una bomba atómica sobre población civil, quedó traumatizado. Por eso, los combates apocalípticos con final de tierra calcinada se volvieron el sello de fábrica de sus mejores historietas de manga y anime.
Pero, para ganar adeptos infantiles, Gundam fue concebido como una descomunal “armadura móvil” que volaba, disparaba y propinaba golpes a sus colosales rivales, gracias a la pericia de pilotos menores de edad.
La premisa de tripular potentes naves de guerra con niños soldados, algunos de sólo trece años, nunca fue considerada problemática, ni por los creadores ni por sus seguidores.
Recientemente, sin embargo, el escritor Touma Aisaka, ganador del premio Agatha Christie 2021 por una novela sobre una francotiradora en la guerra ruso alemana, afirmó que pese a mostrar los horrores de la guerra, los creadores de Gundam abrieron “una puerta prohibida” al representar la guerra como algo atractivo.
En los pasados 44 años, la franquicia Gundam no ha parado de generar beneficios, pues los incondicionales de la historia original la siguen consumiendo y traspasan su devoción a sus hijos y a sus nietos. Uno de los más locuaces artistas en el equipo original de Gundam, Yoshikazu Yasuhiko, opina que la guerra es “parte de la naturaleza humana” y reprocha a los jóvenes que protegen la Constitución pacifista de Japón por obsesionarse con la idea de la paz.
Esta actitud hace pensar que Gundam está dispuesto a ser propaganda de reclutamiento ahora que Japón quiere fortalecer su ejército para hacer frente a la amenaza china.
Pero los visitantes de Yokohama están siendo recibidos con una larga explicación sobre el peso de la estructura y la frase “Lo sentimos. Este robot no puede andar”.
Una buena metáfora para un país que importa de EE.UU. lo mejor de su tecnología bélica mientras su población envejece sin pausa.
* Periodista y documentalista colombiano radicado en Japón.